
Es ingenuo pensar que detrás de la exhibición de Sealtiel Alatriste como plagiario y la campaña para que revoquen el Premio Villaurrutia no hay grupos literarios interesados en “hacerse” de ese coto de poder, de la oportunidad de entregar un premio de escritores para escritores y usarlo a su favor. Es ingenuo también creer que detrás de las acusaciones no hay una intención malévola de dañar a una institución como la Universidad Nacional Autónoma de México, también de apropiarse de una franja de autoridad desde donde se puede ejercer cierta influencia. Bueno, pues me declaro ingenuo.
El activismo a través de las redes sociales todavía no alcanza su desarrollo total. Si bien es cierto que algunas iniciativas han sido muy afortunadas y logran modificar la realidad, en muchos casos la falta de conexión entre el mundo de afuera y el mundo detrás de la pantalla no siempre se establece con total plenitud.
La virtud mayor de una campaña a favor o en contra de algo a través de las redes sociales reside en la mezcla de su rapidez y visibilidad, que aunado a la facilidad de compartir contenidos puede funcionar para alcanzar un propósito.
Se te olvida que me quieres a pesar de lo que dices, pues llevamos en el alma cicatrices, imposibles de borrar…
Como cada vez resulta más difícil creer en la palabra de alguien -sobre todo si ese alguien pertenece a algún partido político-, ahí está la fotografía, difundida en todos los periódicos, en todos los sitios, por muchas agencias. La imagen es de noviembre del año pasado: al fondo están los logotipos de Nueva Alianza, del Revolucionario Institucional y del Verde Ecologista; en primer plano sus dirigentes: Luis Castro, Humberto Moreira, Jorge Emilio González y Jorge Kahwagi, cada uno más contento que el otro, los cuatro levantando el puño tras la firma del acuerdo de coalición al que llamaron “Compromiso por México”.
Se te olvida que hasta puedo hacerte mal si me decido, pues tu amor lo tengo muy comprometido, pero a fuerza no será…
Una confesión innecesaria para el lector de esta columna, quien esto escribe no tiene el menor sentido de la elegancia. No me refiero a la capacidad de combinar algunas piezas de ropa para obtener un resultado con el que se deleite la vista o portar con distinción un accesorio, sino a que en estos textos es difícil encontrar la gracia de la sutileza, el buen gusto de la crítica grácil que no requiere de levantar la voz.
Un ejemplo, el texto publicado por Otto Granados Roldán en la revista Líder Empresarial, “Cómo llegó Nissan a Aguascalientes” (http://tiny.cc/uhqn1), mientras el actual gobernador de Aguascalientes y sus corifeos vociferaban ante quien se dejara que una de sus virtudes eran atraer ese tipo de inversiones a la entidad, cuando una y otra vez trataban de vender esa imagen de imanes del desarrollo, en unas cuantas cuartillas Granados recordaba las fases y personajes que dieron lugar al asentamiento de la empresa nipona en la entidad, con un solo párrafo descobijaba a Carlos Lozano del mérito mayor que presume, cito:
Dos textos recientemente publicados en La Jornada Aguascalientes dan cuenta de actos vergonzosos, uno por el reportero Carlos A. López (Por alusiones personales, 14/01/2012) y otro por Jorge Terrones (Correo ilustrado, 13/01/2012). El primero describe la hostilidad de la ignorancia ejercida por un personaje común en el periodismo de Aguascalientes: un reportero que no es tal y vive de la pregunta servil; el segundo la exhibición de un plagio, burdo, sin sentido, cometido por alguien que no tiene nada qué decir.