Porqué es bueno tener una brújula a la mano - LJA Aguascalientes
22/05/2024

Hace unos días recibí un mensaje en mi correo electrónico por el cual me solicitaron información adicional respecto al “Bioderecho”, tema que abordé en mi anterior colaboración.  En dicha misiva, también me cuestionaron respecto a los motivos que me llevaron a nominar esta columna “BRÚJULA”, situación que agradezco por la alegría y el gusto que me dio saber  que alguien tiene interés o curiosidad por lo que significan las palabras y los nombres, además de que me da oportunidad para reflexionar con ustedes esta cuestión que pareciera obvia; sin embargo contiene elementos de fondo dignos de ser expresados.

Científicamente  la brújula  es un instrumento que sirve de orientación, que tiene su fundamento en la propiedad de las agujas magnéticas. Pero desde el punto de vista filosófico, desde hace dos siglos, Kant expresó la necesidad de tener una brújula orientadora que nos ayude a entender los hechos, las ideas y los diversos fenómenos que ocurren en nuestras vidas.

A diferencia de los mapas que nos señalan dónde están las carreteras, ríos, puertos, ciudades, calles y la dirección correcta a la que nos dirigimos, la brújula tan sólo indica dónde se encuentra el norte, es decir, “nortea”  a quien la utiliza.

Retomando metafóricamente  la utilidad de la brújula,  la idea es dar elementos a nuestro lector que le ayuden a ubicar los hechos en el momento que se viven para saber hacia dónde  encaminar  sus pasos dentro de un horizonte racional y crítico, o al menos que tenga un punto de vista diferente, en la pluralidad y diversidad que caracterizan la vida en la actualidad.

Sobre todo en estos tiempos de confusión y turbulencia, no nada más económica, social y política, sino también, en el ejercicio de los valores, la cultura y la religión. Por ello, pretendo reflexionar con ustedes, el cómo se deben hacer las cosas, claro, desde nuestro modesto punto de vista, para actuar lo más racional y moralmente posible.

Como en todo, esto implica poner las cosas en su justa dimensión para realizar un análisis serio en que se conozcan los hechos y  las interpretaciones que nos ayuden a dar explicaciones,  y en su caso una propuesta.

Es preciso aclarar que lo que se diga en esta columna, no es un acto de fe, es una necesidad intelectual de expresar lo que pienso y siento bajo la  ética de la responsabilidad.

Creo que todo ciudadano que se precie de serlo, debe de manifestar  sus ideas, debe manifestarse libre y respetuosamente, porque como bien dice mi estimada Adela Cortina, tenemos que forjar ciudadanos que piensen, reflexionen, critiquen, argumenten y puedan  sentirse libres e iguales en sociedad.

Si producimos a ciudadanos con esas características, elevaremos la calidad de las relaciones que deben existir entre los ciudadanos,  en un plano de igualdad,  y entre los ciudadanos y la autoridad,  de tal manera que hagamos sentir a quienes dirigen el Gobierno del Estado que el pueblo está formado por personas, ciudadanos con derechos, obligaciones y capacidades de transformar una realidad determinada en forma pacífica y ordenada.


Logrando lo anterior,  podremos hablar de que vale la pena hacer el gran  esfuerzo que se requiere,  sin necesidad de recurrir a Santos ni a Demonios, tan sólo una búsqueda de la racionalidad práctica, que ayude a formar criterio, y porque no, toma de decisiones correctas. n

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