Opinión

Yes, we can

El primero de diciembre de 1955, Rosa Louis Parks, costurera de ocupación en Montgomery, Alabama, aceleró el activismo del Movimiento por los derechos civiles de Estados Unidos toda vez que, siendo una mujer negra, ocupó un asiento en el sector reservado para blancos. Había estado de pie durante varias horas en su trabajo. El chofer le ordenó levantarse para ceder su lugar a otro pasajero blanco, pero el resto del autobús estaba totalmente ocupado. Rosa L. Parks decidió negarse. El resultado fue su detención. Activista ella, militante de la Asociación Nacional Para el Progreso de la gente de color (NAACP), declaró no haber obedecido a consigna alguna de la asociación, sino al agotamiento de su capacidad de aguante. Lo que la impulsó a permanecer sentada, desafiando pacíficamente al conductor, fue su sentido personal de dignidad. Eran demasiadas injusticias acumuladas durante días y aspiraciones de generaciones aun no nacidas. Esto es parte de un relato del propio Martin Luther King Jr, quien en estas fechas empezaba a cobrar notoriedad al apoyar a Rosa Park, organizando un boicot contra el servicio de transporte publico por parte de la comunidad negra. La consigna fue: “No podemos prestar por mas tiempo nuestra cooperación a un sistema injusto”. Inspirado en Henry David Thoreau y su ensayo sobre la desobediencia civil, postula Luther King: “Quien acepta el mal pasivamente es tan culpable como el que ayuda a perpetrarlo. Quien acepta el mal sin protestar, realmente esta cooperando con él” y añade: “Cuando las gentes oprimidas aceptan con gusto su opresión, solo sirven para dar al opresor la conveniente justificación de sus actos”. Muy distantes eran los discursos y las acciones de otros contemporáneos como Malcom X, quien expresó: “tenemos un enemigo común. Tenemos esto en común: tenemos a un opresor común, a un explotador común y a un discriminador común. Y una vez que nos damos cuenta de que tenemos un enemigo común, nos unimos sobre la base de lo que tenemos en común. Y lo que ante todo tenemos en común es ese enemigo: el blanco”. Malcom X, al igual que Luther King, murieron asesinados pero dejaron herederos. Por el lado radical surge Stokely Carmichael, seguidor del primero. Él nace en el seno de la clase trabajadora y revolucionaria, los Black Panters, que se proponían acabar con la hegemonía de la violencia de los blancos. Se impone, finalmente la lucha pacifista. Rosa Louis Parks muere el 24 de octubre de 2005 a la edad de 92 años. Recibió múltiples reconocimientos y honores en todas las esferas políticas y sociales. Murió a tan sólo tres años y once días de lo que habría significado su mayor reconocimiento. Cincuenta y tres años después de su actitud, plena de dignidad, es elegido por el pueblo norteamericano un hombre de raza negra como su presidente. Solo algún novelista de ficción lo imaginó. Otro, cineasta, lleva a la pantalla esa posibilidad. Pero todo era pura imaginación. La realidad está frente a nosotros. Joven brillante, magnifico orador y de un seductor discurso, tomará mañana posesión como Presidente, el número 44, de la nación más poderosa del mundo. Personifica “el cambio que ha llegado a Estados Unidos”. Muchas y variadas son las expectativas que sobre su inminente gestión se han construido, no sólo en el país vecino, sino en el mundo entero, pero en particular en México, casi al grado de redención. En efecto, nos hemos percatado que, ante la ausencia de liderazgos, ineptitudes de autoridades y representantes, desconfianza en los políticos y partidos, descrédito de las instituciones, las esperanzas se han fincado en…….¡¡Barak Obama!! Su plan anticrisis, ha opacado totalmente al propuesto en veinticinco líneas de acción. No tendría nada de malo el esperanzarse en alguien, aunque no fuera propio de nuestro país. Pero recordemos que primeramente tendrá que resolver sus problemas domésticos, como el desempleo, las finanzas y la economía de su país. Aparte tendrá que “desfacer los entuertos” que le hereda su dipsómano predecesor. Después ya podrá voltear la mirada hacia el sur. En el discurso de aceptación de su triunfo electoral se desprende un sentimiento de confianza en las capacidades de la población, de participación conjunta con las autoridades, de deseos de recuperación de nación protagónica, de liderazgo mundial, de nacionalismo, pero sobre todo, de humildad. Homenaje sentido le hace a otra luchadora social como Ann Nixon Cooper, ahora de 106 años de edad. A cada uno de los problemas y aspiraciones que planteó en su intervención, la rubricó con una consigna muy conocida de nosotros los mexicanos. Quizá el estímulo en uno y otro lado signifique la diferencia en su real interpretación: Yes we can Al margen: ¡¡¡Alto al genocidio en Palestina!!! f_ibarra39@hotmail.com

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Fernando Rivera Ibarra

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