Correo Ilustrado

El Corre Ilustrado

Estimado Señor Director: 

 

El día primero de diciembre del año 2008 es una fecha histórica para Aguascalientes, pues el “Porque alguien tiene que decirlo” era de imperiosa necesidad en nuestro estado. Desde entonces estamos viviendo el ejemplo cotidiano del periodismo comprometido con las causas del pueblo y no sólo la nota roja, la color rosa de “sociales”, o los pleitos y chismes palaciegos.

Una de esas grandes lecciones de periodismo de altura es la relacionada con los acontecimientos recientes en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, en donde vemos la pugna entre los detentadores del poder real en la institución -en la que la comunidad universitaria carece de voz- y un rector con flancos débiles -como el humano que es- pero interesado en remover el fango histórico para reconquistar el decoro que alguna vez tuvo el Instituto de Ciencias.

  Mi punto de vista, que espero sea de utilidad, es el siguiente:

El director del diario, con juicioso tino, publica completo el texto de un anónimo que denuncia plagios en discursos pronunciados por el rector, verificando previamente la veracidad de la acusación y restregándole su falta de coraje al cobarde autor del anónimo; también publica la réplica a que el rector tiene derecho, en la que éste le da un rodeo al tema del plagio y se centra en combatir las expresiones que considera insultos y diatribas, dejando percibir su incomodidad porque el director no censuró las acusaciones infundadas.

Conocemos bien al tipo de moluscos que excretan anónimos, pusilánimes que no se atreven a dar la cara ni siquiera cuando les asiste la razón. No vale la pena ocuparse de ellos.

Lo que sí me parece importante es destacar, como dice usted, el ejemplo de entereza que dio la diputada Nora Ruvalcaba al reconocer el error cometido en un hecho similar, que el rector debería seguir para evitar que le aten las manos haciendo arreglos bajo la mesa, como lo expresa Gustavo Arturo de Alba.

Que, por el contrario, no imite a los lamentables funcionarios públicos que en su gran mayoría sufrimos y que tienen que pagar -no con su dinero, obviamente- a quienes piensen por ellos, lo que muchas veces tampoco logran. Más vale improvisar discursos sinceros aunque sean sencillos -lo que muchos maestros de la oratoria más bien recomiendan-, a aparentar saber lo que no se sabe.

Y mucho menos perpetuar el lenguaje versallesco de los fundadores de la UAA, que cuando su escasa materia gris les impedía rebatir los argumentos de sus opositores, se escudaban pretendiendo erigirse en la institución misma, lo cual, por lo menos entonces, les daba resultado porque el nivel crítico y cívico de estudiantes y profesores -salvo dignas y memorables excepciones- estaba por los suelos.

Finalmente, creo que no se debe temer a los insultos anónimos que son más bien medallas en el pecho, pues como decía mi querido maestro Rubén Salazar Mallén, en su imperecedero artículo “La función de la crítica”:

“Alguien puede pensar que la crítica ‘negativa’ hecha a quien se esfuerza sinceramente y acierta, es un modo de provocar desaliento. Pero el que se desalienta al impacto de la crítica ‘negativa’, da indicio de inseguridad o de no tener noción muy clara y muy firme de lo que hace”.

Considero que el rector Urzúa, al estar realizando un meritorio esfuerzo que ninguno de sus antecesores había hecho, tiene la fuerza de carácter necesaria para no dejarse amilanar por las cabezas de alcancía -huecas pero con dinero- incapaces de actuar en función de los intereses académicos de la comunidad universitaria.

Atentamente

Netzahualcóyotl Aguilera

 

Estimado señor director:  

   

Si anteayer señalé a mis contactos, vía correo electrónico, la falta en la que había incurrido la diputada Nora Ruvalcaba, al hacer pasar un texto ajeno como propio (“Chávez no se va”, publicado el 17 de febrero de 2008 en este diario), hoy quisiera reconocerla porque hizo lo que pocos: aceptó públicamente que había cometido un error y pidió una disculpa a La Jornada Aguascalientes y a sus lectores; disculpa que fue publicada en la sección de correo ilustrado, en la edición de ayer de este periódico.  

Si confesar a alguien los yerros propios, o pedirle perdón a una o dos personas, cuesta mucho trabajo; reconocer ante miles una falta y comprometerse a la enmienda, debe representar un esfuerzo superlativo. Repito, muy pocos son capaces de esto. El reconocimiento público de la falta, por parte de Nora, si bien no la exime del acto realizado, sí la enmienda y refleja en ella el sentido de humildad y honestidad que debiera marcar a todo político.  

Espero de corazón que la diputada se conduzca, en lo sucesivo, regida por ese sentido de reconocimiento, humildad y compromiso hacia la ciudadanía que la ha puesto en un lugar privilegiado, si de servir se trata.  

En lo personal, como lector, no sólo tomo la disculpa de Nora, sino que le aplaudo el haber enmendado el error públicamente y el comprometerse para con sus lectores. Creo que si todos los políticos o los que ostentan un cargo público aceptaran sus yerros, la relación de confianza entre estos y la ciudadanía mejoraría en gran medida; y creo también que ese sería el principio de un cambio verdadero.  

Creo también que la denuncia, el señalamiento de actos inaceptables de nuestras figuras públicas, por parte de ciudadanos comunes y corrientes como un servidor, representa un acto de compromiso por parte de los ciudadanos, en aras de que, poco a poco, se elimine la corrupción en nuestro país, y podamos unir todos nuestros esfuerzos para levantar al castigado pueblo que compone el mayor porcentaje de nuestra República. Los invito, entonces, a que nos involucremos más con nuestro país y la gente que lo dirige; todos necesitamos guías, rectores, consejeros, vigilantes, correctores; seamos nosotros ese soporte para nuestros políticos y dirigentes.  

Atte. 

Adán Josué Brand Galindo  

The Author

Staff

Staff

No Comment

¡Participa!