Opinión

80 años del PRI -pioneros y precursores

Con la creación del Partido Nacional Revolucionario (PNR) se logra la cohesión de la clase política y por ende se sientan las bases del nuevo Estado Mexicano. El partido, así, se constituye en el brazo político del gobierno y, a partir de ese momento, los presidentes de la República, dirigentes reales del partido, buscaron reafirmar la unidad monolítica del sistema.

De 1929 a 1938, en sólo nueve años, el PNR tuvo nueve presidentes, incluyendo a Calles. Los siete primeros se desempeñaron hasta 1934, año en que asume la Presidencia de la República el general Lázaro Cárdenas; de los otros dos –Matías Ramos Santos y Silvano Barba González- se desenvuelven en los primeros cuatro años del gobierno cardenista.

El general Manuel Pérez Treviño dirige al partido bajo la sombra de las fuerzas obregonistas y callistas, fundamentalmente; se pronuncia por el respeto a las organizaciones estatales y habla de un pacto de solidaridad, consciente de que la convocatoria para la asamblea del 3, 4 y 5 de marzo encerraría dos propósitos: la integración del PNR y la nominación presidencial.

El general Cárdenas trató de conducir a la nación en el camino trazado por el PNR. A mediados de su gobierno impulsó el despliegue de los intereses asociados, de los campesinos primero y de los obreros después. La Confederación Nacional Campesina y la Confederación de Trabajadores de México fueron producto de una profunda vocación democrática, pero también corporativa, de este presidente. Junto con el surgimiento de organizaciones populares, el PNR cede su espacio de partido en el gobierno al nuevo Partido de la Revolución Mexicana.

El sector obrero, en su proceso de organización política –y desde sus inicios revolucionarios-. En 1915, a través de la Casa del Obrero Mundial, acepta ser uncido al carro de la Revolución. Luis Napoleón Morones, primero, Vicente Lombardo Toledano después y, posteriormente, Fidel Velázquez, lograron mantenerse, sostenerse y desarrollarse, por medio de alianzas con el partido oficial, en el aparato directo de los gobernantes en turno.

El cardenismo terminó con los escollos de un partido político hecho a la medida de los intereses de ciertos grupos revolucionarios, que con la llegada de las organizaciones sectoriales cederían el paso a la democracia corporativa.

De 1924 a 1928, la Confederación Regional Obrera Mexicana fue uno de los pivotes para el inicio de la corporativizaciòn de las clases sociales, ceñida por entero a la política gubernamental de Plutarco Elías Calles. Esta organización sirvió de contrapeso a las demás agrupaciones que estuvieron fuera del control político del gobierno, mediatizando la negociación formal y efectiva entre las bases trabajadoras y el Estado.

Se puede afirmar que Cárdenas diseñó la transformación del PNR, pues, con poco más de dos meses de anticipo, promueve la derogación del acuerdo que establece el descuento de siete días al año entre el personal civil de la administración federal. En este mismo mensaje habla de la necesaria renovación del partido e invita a las cámaras de diputados y senadores a que participen en la reorganización del PNR, después Partido de la Revolución Mexicana. Otro hecho novedoso, para el momento, fue la incorporación de la CTM, el sector militar y la Central Campesina Mexicana. Al lado de estas organizaciones participaron con sus puntos de vista el sindicato de mineros y el de electricistas; igualmente, la CROM –a través del Partido Laborista- y Partido Comunista Mexicano, dirigido por Hernán Laborde.

Más de un sector se opuso a la inclusión del sector militar, argumentado que el ejército perdería su unidad participando en la lid electoral. Más adelante, el senador Ezequiel Padilla sostendría esta tesis; por su parte, el senador Antonio Romero expone por primera vez que el presidente del partido no podrá ser candidato a la Presidencia de la República. De igual manera, Lombardo Toledano aprovecha la apertura para criticar a Calles y manifestar que la “muerte del PNR estaba decidida por ser un organismo burocrático nacido con propósitos no democráticos… (Continuará)

Tomado del libro Amarres del Presidencialismo, Isidoro Armendáriz, CEDEN 2001.

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Isidoro Arméndariz

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