Opinión

Conmigo o contra mí… ¡¡that’s the question!!

Falsa disyuntiva que se lanzó a bocajarro ante unos circunspectos sinodales. Y no fue precisamente el príncipe de Dinamarca en su muy famoso soliloquio: ser o no ser, “To be or not to be”. No, fue solo una parte del discurso del camorrero mayor del PAN, German (Herr man?) Martínez, quien le vomitó la cuestión a su contraparte del PRI, Beatriz Paredes que no salió de su asombro. Fue una más de sus acostumbradas, irreflexivas y estúpidas balandronadas, creyendo que se significaba como una ablución política ante los todo poderosos de México, los banqueros.

Exigió, babeante, que el PRI definiera de qué lado estaba. Del lado del gobierno o del lado del narco. Melón o sandía. Al mismo tiempo, eludía las preguntas que debió responder a los magnates acerca de la crisis y sus propuestas, como líder de partido, para hacer frente a ella. Maniqueísta trasnochado. Blanco o negro, todo o nada, razón o revelación, bueno o malo, conmigo o contra mí. Esa fue su postura. Para éste no hay ni mediación, ni argumentación ni razón suficiente. Sí o no. Punto.

Mientras éste sujeto escupía diatribas en Acapulco, su patrón, el ocupante de los pinos, se dejaba ver por todo el territorio en medio de dos prominentes y decentísimos priístas, Mario Marín, cacique poblano mejor conocido en los bajos fondos como el gober precioso y Carlos Romero Deschamps, cacique de los trabajadores petroleros, en ceremonia conmemorativa de la expropiación petrolera.



Al mismo tiempo, como respuesta a semejante planteamiento, el honorabilísimo y decorado líder de los senadores priistas, le espeta al patrón de Herr Man, que se faje los pantalones. Y pensar que a AMLO por menos de eso, le costó que los mismos que estaban escuchando al émulo Hitleriano, lanzaran una feroz campaña de desprestigio para evitar que llegara a la presidencia.

Esta escaramuza mediática tuvo su réplica aquí en Aguascalientes. Diputados del PRI y del PAN se enfrascaron en una guerra de declaraciones debido a que se presentó una iniciativa, por parte de los segundos, que propone la cadena perpetua para aquellos delincuentes que cometan un secuestro. Medianía eufemística de la pena de muerte. Timoratez legislativa.

Lo más evidente de todo este circo es el tratar de posicionarse en el ánimo del electorado. Vericuetos de la política de partidos, sobre todo cuando han estado hermanados durante 60 años. Es claro el fin que se persigue con la estridencia de los comentarios. Unos, consolidarse en la titularidad del poder y otros, con el deseo de regresar por sus fueros. Todo ello, sacándole la vuelta a las restricciones que impone la ley electoral.

Los dos hechos, el de repercusión nacional y el local tienen un telón de fondo: la inseguridad y la incapacidad para abordar el problema de forma directa; sin ambigüedades, sin eufemismos, sin pruritos. Buena parte de la clase política, funcionarios, representantes, líderes de partidos, de trabajadores y de empresarios claman y se desgañitan: ¡que no se politice la inseguridad! , menos ahora que hay un marco electoral. Menudos reclamos.

¿No es a través de las artes de la política que se pueden y deben resolver problemas graves como la inseguridad?  Ahora resulta que, como ciudadanos ¿no podemos exigirle a los partidos y candidatos próximos a diputados que, mediante acuerdos políticos, se legisle para tener un marco jurídico que nos proporcione seguridad? Vaya pues. ¡Los políticos profesionales pidiendo que no se politicen temas sustantivos! ¿Entonces para qué los queremos en San Lázaro?

Ojalá que los próximos candidatos tomen conciencia, aunque tengo mis serias dudas, aborden con seriedad el tema, entre otros de urgente resolución. Que estas escaramuzas de las que hemos sido testigos solo quede en un problema de violencia intrafamiliar.

Mientras tanto, sepan que, como ciudadanos, no compraremos el boleto de ida o de vuelta. Políticamente, es viaje redondo. Esperemos que tengan la capacidad suficiente para saber politizar los problemas que aquejan éste país.


f_ibarra39@hotmail.com

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Fernando Rivera Ibarra

Fernando Rivera Ibarra

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