¡Porque puedo…! ¿y qué? - LJA Aguascalientes
15/04/2024

Dice Leonardo Boff: “La cuestión no es económica. Es moral y espiritual. Solo saldremos del hoyo a partir de otra relación con la naturaleza, sintiéndonos parte de ella y viviendo la inteligencia del corazón que nos hace amar y respetar la vida y cada ser. De lo contrario, continuaremos en el hoyo en el que el capitalismo nos ha metido.” (El Hoyo Perfecto, 06 de FEBRERO, 2008, www.leonardoboff.com/site-esp/lboff.htm).

Muy comúnmente aceptamos imposiciones, desigualdades, carencias, abusos en todos los ámbitos de nuestra vida social, porque nos hemos acostumbrado a vivirlos, como parte del deber ser, en la economía capitalista. El comportamiento de nuestra sociedad está sintonizado en la lógica misma del capitalismo. Dice Boff que así como el lobo es feroz por naturaleza, “el capitalismo es por naturaleza voraz, acumulador, depredador de la naturaleza, creador de desigualdades y sin sentido de solidaridad hacia las generaciones actuales y mucho menos hacia las futuras”.

Hace tiempo, acompañando al Ing. Alfonso Bernal en quijotesca lucha a través del Movimiento Ciudadano por el Agua, un importante agricultor se resistió violentamente a cambiar ciertos equipos y sistemas para eliminar un gran desperdicio de agua que se daba en su propiedad. “¡Yo pago el agua y hago con ella lo que me venga en gana!” fue su postura inamovible y bien fundamentada en la lógica de que, quien tiene dinero, puede hacer lo que le venga en gana. Con la compra se hace lícito cualquier uso y abuso. El dinero justifica. Puede construirse un centro comercial o una pista de carreras de automóviles afectando el equilibrio biológico micreorregional porque es negocio, hay derrama económica. Se deja a la banca cobrar las comisiones que quiera, zarandear a los diputados y senadores cuando pretenden hacer que ésta cobre intereses justos en México y no excesivos. La banca puede agredir emocionalmente, intimidar, acosar a sus acreedores porque tiene el derecho de cobrar.

Se puede usar un micrófono como arma. Puede editarse, programarse o emitirse basura mental –estupefaciente y manipuladora- por los medios públicos porque, antes que servicios públicos, son negocio para alguien. La lógica ha sido también tergiversada en el hecho de que si es negocio, es bueno para la sociedad. No se cuestiona el hecho de que muy a menudo se privatiza entre pocos esa ganancia, mientras que la gran mayoría, no sólo no recibe parte de la misma, sino que mansa e inconscientemente asume las pérdidas sociales. Y esos pocos mandan e imponen, porque tienen con qué pagar, tienen quien les pague por ello… porque pueden.

La lógica que impone el dinero, infunde a otros ámbitos de nuestra vida en sociedad. Quien tiene el poder de cualquier otra forma, aplica el mismo principio: “lo hago, lo impongo, ¡porque puedo!”.

Banamex puede negarse a recibir el pago de contribuciones fiscales de un contribuyente que presenta un formato autoimpreso que el SAT envía por correo electrónico, habiendo un mandato de la autoridad para que lo reciba. Telmex en llamadas desde teléfonos públicos, donde una llamada promedio dura un minuto, puede subir el precio un 200%, de 1 a 3 pesos; puede vender tarjetas de telefonía pública por $50 y dar servicios por $48. ¡Porque puede! La lógica del poder, rebasa a la misma autoridad.

¿En qué se fundamenta la autoridad? ¿En la justicia, en la fuerza, en la razón, en el pacto social? El secretario de seguridad pública, general de innegable experiencia militar, puede descalificar e ignorar el propósito por el cual lo cita el H. Congreso del Estado – representante de la Soberanía Popular. Retar a quien se atreva a pedir su renuncia, que tenga las agallas para cubrir su puesto. Y abandonar abruptamente el recinto parlamentario, porque puede. Contradice con estos hechos ante el Congreso sus propias palabras. Fiel defensor de un pueblo al que agrede, en principio, a través de sus representantes. Y no pasa nada. El sector productivo, el más agredido, el más asustado por la violencia y la inseguridad, el que produce riqueza económica, lo defiende. ¡Por eso precisamente expone su caso primero ante los empresarios! Por la lógica del poder del dinero en el inconsciente colectivo: si éstos lo avalan, nadie más tiene por qué quejarse.

Comprado, el poder está en constante conflicto con la autoridad. Al asignarse “megasalarios”, los funcionarios públicos, no sólo los consejeros del IFE, merman su autoridad. Quien tiene la facultad de ordenar el aumento de sus propias retribuciones, porque puede, denota que sus servicios están regidos por el mercado y no basados en el respeto mutuo con los gobernados.

Nuestra sociedad acepta calladamente la imposición de la ley del más poderoso –a veces incluso incorporada en la ley escrita, desligada de la justicia – porque se ha imbuido en la cultura preponderante que así deben ser las cosas. Se acepta la imposición militar a cambio de una supuesta seguridad. Se justifica el uso de la fuerza pública para combatir la delincuencia, pero nadie, como parte de una estrategia fina para combatirla, toca sus intereses económicos. Se llega al servicio público, para servirse. Evidentemente, todo está en el mercado, lo que es negocio es bueno y de todo se puede hacer negocio. Los seres humanos hemos construido esta cárcel, esta jaula de barrotes de oro pulidos con el temor de muchos y la avaricia de unos cuantos. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que somos muchos más los que podemos exigir y hacer que las cosas cambien?


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