Opinión

Social-Democracia

Mucho se ha hablado en los últimos tiempos, del perfeccionamiento de nuestro Sistema Democrático Electoral.

En este espacio, hemos analizado los avances en la regulación de la propaganda en medios masivos y la fiscalización de los partidos políticos.

Hemos hablado de los beneficios de competir en equidad; en un régimen que garantice condiciones iguales para todos los partidos; que sujete la elección de Estado y el voto obtenido a través de la manipulación, la presión y el chantaje.

Hoy le invito a preguntarnos: ¿Para consolidar nuestra democracia, basta con afinar nuestro sistema electoral? Yo creo que no.

Cuando en el ejercicio de la política se está únicamente a la atención y desarrollo de los aspectos puramente electorales, se corre el riesgo de constreñir la democracia al electoralismo.

Desde mi punto de vista, que comparto con usted, amable lector, la Democracia que debemos ofrecer a electorado va mucho más allá. Es una Democracia por la que no se debe pagar, y menos aún con los 342 mil pesos mensuales que pretendían asignarse los consejeros electorales del IFE.

La Democracia en la que creo debe proveer los medios necesarios para alcanzar mayores cuotas de libertad, igualdad y bienestar entre los miembros de nuestra sociedad.

Creo en una Democracia fundada en valores, tales como la justicia social, la responsabilidad, el humanismo y el progresismo.

Tal y como lo planteó Eduard Bernstein, se trata de impulsar el mayor número de reformas sociales posibles a favor de los más débiles dentro del mismo Estado. Ello con miras a construir un Estado social y democrático, que garantice los derechos y el bienestar de la mayoría.

Mi amiga Beatriz Paredes Rangel dice que “a veces formular las preguntas correctas es la premisa para hallar soluciones: ¿Cómo reivindicamos que el bienestar del hombre y la mujer, de la colectividad, las condiciones para su desarrollo pleno, constituyan el eje, lo que signifique la razón de ser del quehacer político, de la vocación por lo público, del ejercicio del poder?”

Los partidos con auténtica vocación democrática debemos dar una respuesta al clamor nacional para cambiar el rumbo de la nación y configurar gradualmente una nueva vía mexicana para el desarrollo, a fin de consolidar una sociedad en la cual impere la libertad para el hombre, la justicia para el pueblo y la soberanía para la nación.

Debemos ir mucho más allá de la Democracia jurídico-electoral para lograr un cambio de raíz de nuestro actual modelo económico, porque ante la crisis social que atravesamos, deben ponerse en práctica medidas extraordinarias.

No bastan las reformas electoral y política, sino que es necesaria una reforma económica, porque se requieren transformaciones profundas en la estructura, modos y reglas de operación para alcanzar el desarrollo con equidad, con la participación y el compromiso de todas las instituciones públicas, privadas y sociales que deben estar al servicio del desarrollo de la sociedad.

Un partido político responsable debe plantear una estrategia de largo plazo y otra de corto plazo para revertir la crisis económica y combatir sus efectos sociales.

A largo plazo, el propósito es construir una nueva vía mexicana para el desarrollo, reivindicando la rectoría del Estado, la renovación del sistema político en el ámbito de la representación social y el Estado de derecho.

Un partido político con vocación democrática debe asumir un compromiso de lucha, de combate, frente a los desafíos de toda problemática nacional.

La elección federal de 2009 es una oportunidad para que el pueblo de México evalúe objetiva y serenamente la realidad nacional y elija entre continuar con la secuela de deterioro del PAN-Gobierno, o la nueva alternancia para impulsar las transformaciones, a fin de adecuar el modelo económico y el cambio de políticas para el desarrollo con equidad.

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Isidoro Arméndariz

Isidoro Arméndariz

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