Benedetti y Aguascalientes - LJA Aguascalientes
03/08/2020


En Aguascalientes es fácil recordar con agrado a Mario Benedetti. Al menos de mi parte tengo tres anclajes que son imposibles de olvidar. Los digo con el orden que mi cansada memoria lo permite. El primero es un concierto de Nacha Guevara en el Teatro Morelos, acompañada al piano por Alberto Favero, en una noche en que la voz aguda de la argentina cantaba ‘Te quiero’ y donde se volvió estelar un coro espontáneo que interpretado parecía decir:

Te quiero en mi pa ra íso, es decir, que en mi país la gente viva feliz, aunque no tenga permiso. Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos. Y en la calle codo a coodooo. Somos muuuuuucho más  queee  dooooooos.

Definir el significado de ese momento es complicado. Era un instante en que se combinaban emociones que unían vidas interiores por una letra y una música que se volvían himno, batalla y gloria. No sé cómo y por qué se lograba esta química, pero así lo sentía yo, y así lo veía en la mirada y en los gestos de quienes participaban en el coro. Me imaginaba la figura y el ánimo de una represión liberada, una marea colectiva, un imán de voces y deseos.              

El segundo punto de contacto fue en los años setenta, cuando se reunieron la juventud y una sociedad ansiosa de utopías. Eran los años universitarios que en cada bohemia entonábamos ‘Te quiero’ con los amigos de entonces, sabiendo que Benedetti era el autor de esa letra. Lo hacíamos una y otra vez porque era placentero y porque ese gusto venía de una comunidad vinculada con el amor romántico, el compromiso político y el amor a la patria sin guerra. A la patria justa. Benedetti era el símbolo literario del amor romántico que guardaba un lugar especial para el exilio y una puerta clara y precisa del mundo político que debería existir, un mundo de pasiones libertarias que, si bien no se encontraban en el marco de una sociedad militarizada, sí revelaban la búsqueda de sueños en voz alta.     



Finalmente el tercer lazo de contacto fueron los libros de poesía, cuento y novela. Aquí desfilaron ‘La tregua’, ‘Gracias por el fuego’, ‘Primavera con una esquina rota’ y cuentos cortos como ‘Con y sin nostalgia’ sin olvidar, claro está, libros de poesía como el de ‘Inventario’. Toda esta producción era una oportunidad para encontrar las palabras imposibles, las frases inalcanzables que un mortal quiere decir al ser amado de una forma directa, metafórica y encantadora. Era un arte popular que se integraba al recuerdo fácil de personajes como Laura Avellaneda y Martín Santomé. Por todo ello y porque Benedetti se ha ido, quién sabe adónde me agrego al recuerdo de muchos mexicanos y aguascalentenses que lamentamos su muerte. Saludo al Benedetti de ‘Táctica y estrategia’, al de ‘Asunción de ti’; al poeta de entre siempre y jamás y ‘Hagamos un trato’. A este tratadista de suspiros lo veo, con sus propias palabras, como se adentra en la niebla y empiezo a recordarlo.

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