Opinión

Carta de un migrante

e la epidemia tendrá que hablarse y escribirse mucho todavía para escribir lo que cada quien sufre, sea lo que digan los de aquí, o como en éste caso, un migrante, que llevado por sus ideales, cambió su residencia a los Estados Unidos, desde donde nos ve, y me lo platica, con un sentido crítico y no sin un dejo de angustia que le produce sentir que poco puede aportar a su patria, como no sea su solidaridad.

Los lectores de La Jornada Aguascalientes recordarán al migrante; Matías Lozano Díaz de León, y su columna “Cortando por Lozano”. Abusando de nuestra amistad publico la misiva que me envió, de interés periodístico. Dice así:

Mayo 08 2009.



Estimado amigo:

Gracias a los medios de que ahora se dispone, me mantengo enterado del acontecer de Aguascalientes.

Pero, con todo, no es igual leer, que escribir. Echo de menos esa facultad de “hablar” y escribir de lo que sucede en nuestro entorno, y de cuestionar sobre temas que a la comunidad le interesan.

Hubiera querido, por ejemplo, preguntar si los estudiantes que “tenemos” en China, se solidarizaron con los paisanos que sufrieron discriminación, y si se regresaron con ellos en el vuelo especial, o si se hicieron “patos”. Ya vi que optaron por lo último. Había que aguantar callados, no en balde recibimos los “tapabocas” que aquel gobierno le donó a México.

También veo que lo hizo para que no fuésemos a contaminarlos, no tanto por nuestra salud. Aunque, a lo mejor sí le preocupamos, pues somos un excelente mercado para sus chucherías.

Siento pena al ver imágenes de ciudadanos de Aguascalientes; funcionarios y diputados con el rostro semicubierto por un tapabocas, en tanto que por acá la situación pasa prácticamente desapercibida.

El día que salimos de México mi esposa y yo para viajar a EU, lo hicimos del aeropuerto del Bajío; algunos viajeros usaban tapabocas, incluso mis nietas, que viven en León y acudieron a despedirnos, pero era evidente que lo hacían por moda. En las salas de espera vi por lo menos dos fotógrafos de prensa a la caza de personas con tapabocas. En el avión, un jet pequeño en el que cubrimos la etapa León-Houston, nadie, que yo recuerde, usaba el dispositivo de seguridad. Tampoco vi nada en Houston y lo mismo ocurrió a la llegada a Chicago.

La casa de mi hijo, Matías Enrique, está en Antioch, Ill, 60 millas al norte de Chicago, cerca de la línea divisoria con Wisconsin; con frecuencia vamos a eventos diversos en las escuelas de los nietos y no observamos nada raro, ni en la forma en que nos ven padres de familia, maestros o condiscípulos. Ciertamente, en Antioch la población latina no es significativa, pero nada tenemos que decir tampoco, de Chicago, una de las ciudades con mayor densidad de población latina, a donde vamos con regularidad.

Lo que desde acá observamos, nos hace escépticos ante lo que se dice de México y particularmente de Aguascalientes respecto de la influenza. En lo personal, me es difícil creer que ocurra lo que oigo y leo, y no puedo siquiera, imaginar cómo es la vida allí actualmente, sin duda un pueblo fantasma, sin actividad económica. Los burócratas no tienen problema, no dejan de cobrar su quincena pero; ¿Y los demás?, ¿Qué pasa con quienes viven de la economía informal? ¿Qué pasa con los taxistas, con los comerciantes, con los fotógrafos y camarógrafos que se ganan la vida cubriendo los eventos sociales?.

Creo que un aspecto que la influenza nos muestra, en mil formas es, precisamente, la iniquidad. En el caso particular de Aguascalientes, todos están en el mismo riesgo de contraer la enfermedad, pero veo que no hay ninguna acción médica preventiva, que nada se hace, pues, sino hasta que en las personas se manifiestan los síntomas; ¿Así de atrasados estamos?.

Recuerdo que el gobierno del estado dijo al principio de esta crisis, que las vacunas disponibles, por ser pocas, se destinarían al personal del sector salud, es decir, a quienes habrían de enfrentar directamente la epidemia; sin embargo, leo que médicos y enfermeras del Hospital Hidalgo se infectaron. ¿Algún funcionario habrá recibido el reactivo del que se despojó a esos admirables trabajadores de la salud?

Por cierto, espero que no se olvide, porque es muy común que ocurra, reconocer digna y justamente a doctores, enfermeras y a todo el ejército de asistentes que han estado al pie de la cama del enfermo, en los laboratorios, en las lavanderías, en las cocinas, etc., trabajando por los enfermos, realmente exponiendo su propia salud, y no como algunos dirigentes sindicales del magisterio, que de pronto descubren que su labor es peligrosa.

No obstante las vicisitudes de nuestra tierra, me levanta el ánimo encontrar que el sentido del humor, ese mexicano estilo de reírse de la vida, sigue ahí, vigente, latente, haciendo sonar ese “¡Viva México, cabrones!” ante quienes ahora en algunos lugares del planeta nos ven con asco, y nos señalan como apestados, porque no tienen memoria, ni mucho que festejar éste 10 de mayo pues, conviene recordar que como nación, México sí tiene raíces, y no muchas naciones pueden presumir lo mismo.

Te mando un abrazo, y deseo que tengas una feliz convivencia familiar este domingo, en torno a la reina de tu casa, y que evoques en un momento solemne a aquella quien, así sea en espíritu, está contigo.

Atentamente.

Matías.

notaria39@yahoo.com.mx

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gustavoagranados

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