El Necaxa, el fútbol, la afición - LJA Aguascalientes
27/01/2023

¿Alguien ha oído hablar del equipo inglés de fútbol: West Bromwich Albion? ¿No? Yo tampoco sabía absolutamente nada de él, quizá porque no soy muy aficionado, aunque últimamente me ha dado por ver en la televisión los juegos de la liga Premier inglesa, que me parecen muy entretenidos, pero nunca me tocó que transmitieran un juego de este equipo, ni escuchar que se refirieran a él en los comentarios.

No sabía nada, hasta que cayó en mis manos un libro que compré en el mercado de los libros usados, escrito por uno de sus aficionados con el siguiente título, que me pareció irresistiblemente atractivo: No sabemos lo que hacemos. Aventuras con los extraordinarios fanáticos de un equipo ordinario. Como me imaginaba, el texto me permitió atisbar el -para mí- incomprensible mundo de los fanáticos del fútbol.

Pero, ¿qué tiene que ver el West Brom con el Necaxa? Pues que para mi sorpresa, ambos clubes tienen historias muy parecidas. Empezando por lo más reciente, ambos ocuparon los últimos lugares de sus respectivas ligas y descendieron a la segunda división, llamada en México Primera A. También son historias parecidas si empezamos por el principio: ambos fueron equipos fundadores de sus respectivas ligas profesionales de fútbol; el West Brom se fundó en 1888 y el Necaxa en 1923. Ambos estuvieron ligados en sus inicios con entornos laborales, el WB con la fundición de metales, lo que los llevó a ser conocidos como los Baggies (pantalones amplios), por la indumentaria que empleaban los trabajadores de las fundidoras para protegerse, y el Necaxa con la generación de energía eléctrica, por lo que fueron conocidos como los Electricistas. Durante algunos años el equipo fue propiedad del sindicato del ramo.

Esto último nos conecta con el tema de la afición. Alguna vez leí una historia del fútbol que se remontaba a los tiempos en los que no se jugaba profesionalmente y los equipos se ligaban con las localidades en las que estaban asentados y de donde provenían sus jugadores. Los aficionados se identificaban con su localidad a través de los equipos. Después éstos se relacionaron con los ambientes laborales, como es el caso del WB y el Necaxa, por lo que los aficionados se identificaban con los equipos y con un medio social. Posteriormente el fútbol se convirtió en negocio, y la pasión de los aficionados se volvió, para mí, más incomprensible de lo que ya era.

Dice Adrian Chiles, el autor del libro que comento:

“Amo al West Bromwich Albion. Si el equipo va bien, soy buena compañía. Soy un buen compañero de trabajo, un buen amigo, un padre afectuoso, un marido cariñoso. Pero si, como es muy frecuentemente el caso, vamos mal, no soy nada de lo anterior.

Mi actitud ante la vida está configurada por el Albion. Para empezar, soy pesimista. Soy lo suficientemente afortunado porque tengo un fantástico trabajo en la televisión, pero nunca me sorprenderán diciendo algo positivo acerca de mi carrera, porque hacerlo sería como tentar al destino. Vivo mi vida entera con la misma sensación que siento en la boca del estómago  cuando el Albion va ganando 2 – 0 cuando todavía falta media hora para que termine el partido. En otras palabras, todo marcha fantásticamente bien, pero muy posiblemente todo terminará miserablemente”.

En México, Juan Villoro, en el libro Dios es redondo, declara su afición por el Necaxa:

“Una vez elegido el  club que determina el pulso de la sangre, no hay camino de regreso. Aunque se mencionan ejemplos en los que el raciocinio ha intervenido para mudar de entusiasmos, el fanático de raza no recusa a los suyos, así reciban golizas de escándalo.


Vivía en una calle de una cuadra, un mundo pequeño donde todos le iban al Necaxa, el equipo de los electricistas. Se trataba de una elección caprichosa porque no era un equipo fuerte, que garantizara títulos y prometiera domingos fáciles (…). Durante 57 años, el Necaxa no fue campeón de liga, ha desaparecido dos veces del primer circuito (tres si contamos la actual). Ahora el más gitano de los clubes juega en Aguascalientes, que para los aficionados del Distrito Federal es una especie de Patagonia”.

Es quizá esa falta de raciocinio lo que hace a los aficionados de raza incomprensibles. Adrian Chiles menciona casos como el del aficionado que solamente ha faltado a cinco juegos del West Brom, desde la Segunda Guerra Mundial; el de la aficionada que nunca ha visto que le metan un gol a su equipo porque siempre cierra los ojos; el de quien hizo que lo llevaran en ambulancia y camilla, recién operado, para no perderse un juego que ni siquiera era crucial para el equipo.

Una ex alumna escribió una tesina acerca de una hidrocálida aficionada a los Pumas que, cuando juegan en Aguascalientes, se hospeda en el mismo hotel que los jugadores con el fin de saludarlos, obtener sus autógrafos y darle a cada uno un bordado que ella misma hace entre visita y visita del equipo. No he leído la tesis de doctorado de otro ex alumno acerca de las porras del fútbol, porque la hizo en la UAM. Tal vez cuando la lea entenderé un poco más.

Pero, ¿la pasión por el fútbol es comprensible para quien no es aficionado? Adrian Chiles dice que los partidarios de los Baggies, como quizá todos los fans, “no saben lo que hacen”. Y si ellos no lo saben, ¿cómo pretendo yo entender lo inentendible?


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