Opinión

La epidemia y el trabajo

El trabajo y la existencia de empleo son una señal inequívoca de que las cosas andan bien por la vida. Levantarse temprano para conducir un auto de alquiler, impartir clases, levantar muros, limpiar la casa, vender libros o cortar el pasto por unos pesos, son una muestra de que el mundo de hoy vive con relativa normalidad. El argumento también incluye a los que les pagan por jugar algún deporte, tomar decisiones políticas, observar las estrellas y cultivar la tierra. Tener trabajo es tener suerte y contar con la oportunidad de vencer retos grandes y pequeños, pero sobre todo, tener trabajo es realmente grandioso cuando te pagan bien.           

Los hombres y las mujeres han trabajado desde su origen. Esto quiere decir simplemente que el trabajo va de la mano con la naturaleza de nuestra especie. Por ello resulta lógico que en la más breve de las remembranzas ubiquemos al hombre, y a la mujer, asociados con actitudes laborales que pasaron del recolector y cazador a la preparación del alimento y de ahí a la agricultura, y más adelante al comercio terrestre y marítimo y, claro está, al trabajo de la transformación y también al de la creatividad artística.

El trabajo no sólo se realiza sin más. También se ha convertido en tema de estudio y de múltiples tratados. Lo podemos encontrar en el centro de varias teorías económicas modernas, forma parte del núcleo del liberalismo y también de la teoría marxista. Ahora las ideas sobre el tema ya no se preocupan por el papel que tiene en la generación de riqueza, ahora el tema es la forma en que se organiza el trabajo a través de diversos matices que nacen de lo que algunos llaman el fordismo y el toyotismo, y otros conceptos por el estilo. Para rematar, ahora el trabajo forma parte de uno de los derechos fundamentales de la humanidad, una tesis que coincide con la idea materna que la asocia con una bendición.



Como sea. La actividad laboral es sin duda importante y precisamente la influenza nos ha ayudado a revalorar el punto. Así las cosas, y dadas las circunstancias actúales, no queda más remedio que confesar algunas conclusiones que, de no ser por esta tribuna, se quedarían en la intimidad de mis elementales pensamientos, a saber: Yo prefiero ver las caras de cansancio y  fatiga, que las de incertidumbre. Prefiero las caras que andan de prisa y con rictus de pendiente, que los rostros de miedo o hastío. Elijo por mucho ver el sudor del esfuerzo, que el aroma del encierro y de la nada.

El trabajo es toda actividad humana que transforma la naturaleza y no deja de ser interesante la dualidad que despierta, porque cansa pero realiza; agota pero le da dinamismo al cuerpo; gasta energía, pero genera placer o al menos nos da recursos para obtenerlo de otros lugares. Regresemos a nuestras actividades, cuidemos nuestra salud y valoremos con toda proporción el lugar que ocupa en nuestras vidas esta necesidad de ir y venir de la casa al trabajo, y viceversa.

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andresreyes

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