Cultura

Obligar a los niños a leer, pésimo para inculcarles el hábito de lectura

Imagen de muestraInstruir a los niños en  el hábito de la lectura es parte del rol de los padres; al hacerlo, deben tener muy claro que los libros y la televisión no se enfrentan pues, indiscutiblemente, saldrá perdiendo el texto y entonces los pequeños lo verán como una obligación y no como un placer.

Además, los padres  deben ser honestos, reconocer que tienen límites, que hay libros que no han leído y no querer pasar ante sus hijos como los “sabelotodo”. Los niños aprecian más la sinceridad en las personas y lo aprenden además como un valor.

Éstos son algunos de los tips que sugirió Mariana Torres, coordinadora del proyecto de salas de lectura en Aguascalientes, para acrecentar el gusto por los libros.



A los niños de ahora les gusta el cine, la televisión, las imágenes, son una generación muy visual por los adelantos tecnológicos en medio de los cuales nacieron. Es parte de su dinámica natural, por lo tanto, resulta contraproducente enfrentar la televisión a la lectura o satanizar a la “caja boba” por enajenar a los infantes, cuando la responsabilidad es de los adultos.

Cuando un niño se acerca por primera vez a un libro, hay una alta probabilidad de que la actividad, por sí misma, parezca no resultarle divertida y si además se le intercambia por la televisión, seguramente terminará por odiar cuanto libro se le ponga frente a sí.

Aunque dijo sentir que era una afirmación atrevida, Mariana manifestó que de nada sirven los esfuerzos que cualquier institución haga en pro de la lectura, si en el hogar no hay un indicio de continuidad de este hábito.

Más allá de las actividades que ellos tengan en la escuela, las bibliotecas o las mismas salas de lectura, la mejor y más efectiva referencia son los padres con un libro en la mano; a través de estas acciones, dijo Mariana, los niños “leen” el mundo que nos rodea. Cuando no hay libros en su entorno, asumen que no hay qué leer.

Cuando a un padre se le pide leerle a su hijo, inmediatamente saltan una lista interminable de justificaciones por las que esto no puede ser: la falta de tiempo, el cansancio, los pendientes del trabajo y otros más; sin embargo, está la hora de la comida y los cinco minutos antes de ir a dormir, que parecen acciones pequeñas pero que en la realidad tienen grandes repercusiones en la relación familiar.

“Es necesario recuperar la oralidad en la casa, algo tan sencillo como estos ejercicios generan cambios de conducta importantes y abren perspectivas que no se imaginaban”.

Mariana Torres acotó que es muy válido si un niño decide no ser lector, pero con conocimiento de causa, no cuando en su vida ha tenido acercamiento con algún libro.

Para los padres, que son los todopoderosos de sus hijos, es muy difícil admitir que no saben o no pueden hacer algo y muchas veces cuando no tienen la respuesta adecuada prefieren evadir a los niños y la relación se vuelve tensa. En este caso, Mariana sugirió lo mejor es asumir la ignorancia frente a los hijos y no citar a El Quijote, sólo porque lo han escuchado miles de veces, pero nunca lo han leído.

Es más sano reconocer que se sabe poco y de ahí tener disposición para conocer todo lo desconocido. Lo mismo hay quien puede empezar desde los clásicos, que elegir una lectura más contemporánea y ligera y después dar el brinco a textos más complejos, lo importante es hablar siempre de lo que se ha leído y no hacer las cosas a medias, porque eso también lo aprenden los niños y lo repiten cuando grandes.

En cuanto a los programas institucionales, como es el caso de las salas de lectura, para la encargada hace falta mayor descentralización, pues existen zonas que no han sido exploradas en Aguascalientes, como el oriente, los municipios y las áreas rurales, que están totalmente ajenas a la actividad cultural.

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