Opinión

5 de julio… en el nombre del IFE

Uno de los más singulares rasgos de nuestro Estado Fallido es sin lugar a dudas su fallida REFORMA ELECTORAL aplaudida por la PARTIDOCRACIA  y  controvertida por las grandes televisoras, quienes  a final de cuentas “ganaron perdiendo”. La prohibición a los partidos políticos para contratar  o adquirir, por sí o terceras personas, tiempos en radio y televisión, no evitó que las grandes televisoras y radiodifusoras dejaran de percibir dinero público. Si antes de la reforma los partidos políticos desembolsaban grandes sumas de dinero, ahora la vía es el gobierno federal con el consabido buen trato al partido gobernante y el clásico maltrato televisivo a los partidos opositores. Sumado a ello, los consejeros del IFE, los árbitros de la contienda, recibirán “por disposición de ley” un salario igual que el de los ministros de la Suprema Corte de la Nación. Es de resaltar que en el manual de percepciones para estos servidores públicos se establece que “el consejero presidente y los consejeros electorales no podrán tener otro empleo, cargo o comisión, con excepción de aquellos en que actúen en representación del Consejo General y de los que desempeñen en asociaciones docentes, científicas, culturales, de investigación o de beneficencia, no remunerados”. Esta disposición es lo que menos importa frente a la tibieza y complacencia del órgano electoral encargado de organizar y vigilar las elecciones, incapaz de hacer algo relevante en el ejercicio de su función pública. Cerrar los ojos ante la delincuencia electoral sin sancionar las insultantes intromisiones de gobernadores, presidentes municipales, funcionarios públicos, empresarios y sacerdotes en los comicios que habrán de celebrarse el próximo domingo, asoma una preocupante actitud que no debe pasar desapercibida para gobernantes ni gobernados. La guerra declarativa y la lluvia de denuncias entre el PRI y el PAN se han caracterizado por la vaga respuesta que ha dado el IFE a todas las quejas, que fieles a su naturaleza, se convierten en llamados a misa, en halago de los tontos útiles  promotores del voto blanco y de la furia abstencionista, hoy por hoy imprescindible, en la contención de la protesta generalizada contra el gobierno usurpador y sus adláteres. Las ridículas sanciones a las televisoras “por conductas atípicas”, a los espots del PVEM, a los actos anticipados de campaña de algunos candidatos del PRI, PAN y PRD y la nula vigilancia al dispendio electoral del PANAL, son meras cortinas de humo para esconder las “manotas” que los tres niveles de gobierno tienen metidas en el proceso electoral. El Instituto Federal Electoral es un organismo público y autónomo, que a lo largo de su historia ha tenido que institucionalizar los reclamos sociales en el diseño de las reglas y procesos que hoy permiten la participación, supervisión y vigilancia de la ciudadanía para acceder al poder por la vía de las elecciones. Sin embargo, la democracia electoral tiene como ingrediente básico la incertidumbre de los resultados y la permanente necesidad de pactar en lo fundamental  compromisos políticos que no deben tener otra razón más que el cumplimiento irrestricto de la ley. La junta local del IFE en Aguascalientes se ha hecho de la vista gorda ante la desvergonzada actitud de los prianistas, ansiosos por disputarse el escándalo del día y hacer públicas sus fechorías Quién puede negar que el Instituto Federal Electoral no ha podido sanar de los golpes dejados por sus recientes descalabros democráticos que le siguen restando credibilidad electoral. Lo cierto es que nada hizo, nada hace y nada hará a unos días de la celebración de los comicios por cumplir y hacer cumplir las leyes.

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Nora Ruvalcaba

Nora Ruvalcaba

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