Opinión

Danos hoy la tortilla nuestra de cada día

No repuestos aún del golpe que significó para las expectativas de producción y empleo la caída del 8.2% del PIB en el primer trimestre del año, cuando el Indicador Global de la Actividad Económica publicado por el INEGI muestra una caída de 12.2% el mes de abril. Se evidencia que la crisis no sólo tiene causas externas, algo que los tapa-ojos y tapa-mentes que acompañaron al tapabocas no nos permitieron percibir.

Insiste el gobierno mexicano en no cambiar el rumbo, esperando la mágica recuperación de mercados que ya no existen y confiando en que por la inmensa bondad que caracteriza al sistema financiero bancario éste derrame enormes cantidades de dinero –que sólo ellos emiten y controlan- para financiar actividades que no tienen la rentabilidad que alcance para pagar los réditos.

El paradigma económico preponderante llevó a la economía mexicana, desde los años 80, a una transformación sin precedentes, misma que se mantuvo a pesar del cambio político del 2000. Se privilegió el fomento a las actividades económicas proveedoras de la industria trasnacional, a los servicios monopólicos de comunicación y a la desnacionalización de la producción alimentaria.

El poder adquisitivo en general ha mostrado una contracción continua durante 28 años que no es posible revertir de golpe a pesar de las exigencias del sector sindical. Aún si se pudiese, no sólo sería inequitativo con los trabajadores por cuenta propia, sino que aniquilaría al 90% de las empresas del país, que son micro y pequeñas.

Visto de una manera sintética, tenemos un país donde la política económica neoliberal  ha rediseñado la economía para proveer a otros, no para satisfacer sus propias necesidades. Nuestra economía ya no produce riqueza, se le acondicionó para producir dólares, y estos no se comen.

De cada $100 de la producción total en el año 2003, correspondieron $7.28 a la producción sector agropecuario, silvicultura y pesca. En cambio, de cada $100 de valor producido en 2008, apenas poco más de la mitad, $3.92, correspondió a esta actividad primaria. Así también, el valor de producción de la industria alimentaria entre 2003 y 2008, se redujo 9%.

Por el contrario la mayor parte del dinero de la producción mexicana proviene de actividades que no producen bienes reales. De cada $100 del valor producido en el país en 2008, $63.72 correspondieron al sector terciario. Los servicios bancarios y las telecomunicaciones (sectores concentrados en muy pocas manos) propiciaron en gran medida el incremento de la cantidad de dinero de la economía en dicho sector.

Lo anterior significa que cada vez producimos menos productos reales, como comida, vestido, medicinas, maquinaria (o cada vez se paga menos por esos productos mexicanos en el mercado nacional e internacional). Teóricamente con la prestación de servicios captamos los dólares que nos permiten importar los productos reales fundamentales. Pero esos recursos se quedan en pocas manos, no se reparte igual entre todos los habitantes. Por tanto, tenemos una economía desequilibrada cuya competitividad internacional se basa en bajos sueldos y reducción de plantilla laboral.

Así, en promedio, 2 de cada 3 personas que se han quedado sin empleo están buscando re-contratarse en zonas urbanas para hacer lo que saben: prestar servicios. Pero dado que el sector económico en donde lo buscan no se está recuperando, se genera un grave problema: la cantidad de bocas que alimentar crece continuamente sin tener una actividad primaria lo suficientemente sólida para satisfacer el hambre.

La única solución viable y a la vez urgente es lograr un aumento sustancial en la producción de alimentos. No bastará la inyección de recursos al campo. Éste en gran medida ya está rediseñado para surtir productos genéticamente modificados para los mercados internacionales, mismos que nos regresan el producto procesado con marca extranjera y alto precio. El caso es que sin maíz, no hay país. Mientras no se recupere la capacidad de producción alimentaria con nuestras propias especies y semillas, nos acercamos a un severo problema de índole sociopolítica. (Recomendable ver  www.greenpeace.org/mexico/news/alerta ogm)  

Adquiere pues vigencia y urgencia provocar una mutación económica y cultural. Los habitantes de las áreas urbanas del país deberán sumarse a la producción de alimentos. De allí la importancia de promover proyectos  -desde la sociedad civil en tanto los gobiernos no comprendan la urgencia-, que se encaminen a la producción para autoconsumo y así como a la creación de redes para intercambiar los excedentes.

Ya no podrá ser sólo moda contar con huertos de traspatio, huertos verticales, azoteas verdes o cualquier otro esquema de producción biointensiva. Será una urgente necesidad. El momento exige una re-evolución. Esto implica la evolución hacia nuevos esquemas de cooperación en grupos de trabajo para producción, apoyo técnico y comercialización y a la vez una revolución de la conciencia; corazones y mente unidos en la comprensión y reflexión para compartir el pensar y sentir grupal, creando células de una humanidad sana y creativa.



The Author

José Luis Gutiérrez Lozano

José Luis Gutiérrez Lozano

No Comment

¡Participa!