Lo que es preocupante, es la autocomplacencia - LJA Aguascalientes
19/08/2022

Imagen de muestraPor supuesto que me refiero o hago alusión a los integrantes de la OSA, sobre todo por lo ocurrido en el segundo concierto de la llamada Temporada Primavera, y trataré de explicar en las líneas que siguen, el por qué de tal afirmación. De nueva cuenta, la dirección del concierto corre a cargo de Israel Yinon, del cual volvemos a sostener, que conoce plenamente su negocio, y sabe manejar con solvencia las secciones de cuerdas de la orquesta; pero además hizo que los atrilistas se comportaran como músicos de primera línea, aunque ello haya ocurrido solo en la segunda parte del evento.

Danzas de Galanta de Zoltan Kodaly, fue la obra mediante la cual la OSA muestra sus virtudes como conjunto; si bien la composición como tal, es una de las calificadas como “medianas” del autor, no equiparable a su Háry János, su Missa Brevis, su Laudes Organi o su Psalmus Hungaricus, tiene sus propias virtudes y sentido de pertenencia (recordar que es precisamente en Galánta donde nace tal compositor), y en el caso tuvimos en nuestros oídos una versión más que aceptable de los siete cortes que las integran. La orquesta reasume su valor de comportarse como un todo orgánico, cuyas partes integrantes en esta ocasión “no riñeron”, y que nos recuerda algunos de sus mejores momentos en su ya larga estancia en la ciudad, y que nos obliga a exigirles mantengan tal nivel en próximas exposiciones. La misma línea de calidad interpretativa se mantiene con la Suite de Danzas de Béla Bartok, aunque apreciables algunos detalles de no coordinación entre alientos y cuerdas (de nueva cuenta, como en la presentación anterior y explicada en su momento), sobre todo a partir del cuarto corte (Molto tranquilo) y del quinto (Comodo), que a fin de cuenta nos le resultó tan “ídem”. Como sea, el público asistente, ahora en mayor número que en la semana anterior, obligó al director a salir varias veces al escenario a recibir el aplauso que se le brindaba, y repetir un pequeño fragmento de la obra en cuestión, como una especia de “encore y despedida”. No está por demás decir que si hay en el repertorio obras de complicada estructura interpretativa, lo son precisamente las de Béla Bártok, y precisamente por ello destacar los logros de la OSA en tal sentido. Tal resultado nos hace ver a una serie de atrilistas satisfechos con su trabajo (y con el del director), provocando ello el intercambio de aplausos. Bien por ello y por ellos, pero hasta ahí… ¿Por qué?

Porque no crean que todo lo pudieron resolver con solvencia en tal ocasión, porque lo interpretado en la primera parte, no tenía valores específicos, o porque definitivamente tal conjunto aún no tiene los alcances para abordar tales obras, o por ambas cosas. Se inicia el concierto con una llamada “Obertura Festiva Alma Mater”, “compuesta” (tal sería la palabra) por Arturo Valenzuela Remolina (por cierto, físicamente presente en el Teatro Aguascalientes y visible al final de la interpretación), y que de acuerdo a los programas de mano, afirma el “autor” que “…es mi primera obra sinfónica, con la cual rindo un homenaje jubiloso a la máxima casa de estudios de nuestro país…”. Los primeros acordes mostrados, se repiten como “sonsonete” durante todo el desarrollo de la obra, aunque se nos trate de explicar técnicamente que “…La Obertura festiva tiene tres características principales: 1) es una composición tonal, aunque con algunas pinceladas de armonía por cuartas; 2) está regida casi en su totalidad por un motivo rítmico básico, consistente en tres notas cortas y una larga; y 3) su forma puede entenderse, grosso modo, como un rondó, dado que el tema principal reaparece a lo largo de la obra, alternando con secciones contrastantes…”. Se reitera que la misma no aporta nada, ni tampoco muestra cosas interesantes al oído, ya que incluso el “sonsonete” se mal identifica con el leit motiv de la secuela fílmica de Indiana Jones. Y como inevitable resultado de la “mala leche” que me caracteriza, al momento de ser interpretada tal Obertura (que el “autor” se niega a llamarla “Fanfarria Sinfónica”), pasaron por mi mente los temas que integran la obra de Johann Sebastian Mastropiero, Visita a la Universidad de Wildstone, consultable en el DVD MASTROPIERO QUE NUNCA 1979 de Les Luthiers. Mucho más interesante y divertida esta última, si de temas universitarios se trata, pues flaco favor se le hace a la UNAM con aquella propuesta. Por ello, no creo puedan sentirse orgullosos los integrantes de la OSA, quienes en el escenario mostraron esa autocomplacencia que deploro.

 Y si de errores se trata, fue todavía más claro el mostrado con la interpretación del Concierto para Oboe de John Harbison, que entiendo es un reconocido autor estadounidense, entre cuyas principales composiciones, NO se destaca precisamente el tal concierto para oboe, puesto que se le aprecia más por sus óperas (El Gran Gatsby) y obras corales (Abraham, compuesta especialmente para Juan Pablo II). Podríamos decir del citado concierto que es una especie de “pedacería musical”, presentada como  “rompecabezas” y cuyo armado final a cargo de la orquesta, no fue en verdad afortunado; o también lo podríamos definir como “ejercicios de respiración para una oboísta sacrificada, con mal acompañamiento de orquesta”. Esta son precisamente las obras con las cuales la OSA no se acomoda, aunque sus integrantes “sientan” que están haciendo buen trabajo. Mucho todavía por revisar, en relación con el catálogo que sí puede estar a su alcance, para beneficio del público que sigue fiel a sus presentaciones. ¿Y qué decir del encore a cargo de Amari Barash? Pues nada.

Confiamos que la tercera propuesta sea más afortunada en su totalidad, y así lo deseo, sobre todo porque nos espera el Concierto para Oboe de Benedetto Marcello: la dimensión real de tal instrumento. Hasta entonces, pues.


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