Opinión

Madrid, 11-M… ¿Hermosillo, 5 de junio?

l 11 de marzo de 2004, cuatro días antes de las elecciones generales de España en que se renovaban las Cortes y se elegía al presidente de Gobierno, Madrid asistió conmocionada al peor atentado terrorista en un país occidental desde el colapso de las Torres Gemelas. Cuatro trenes de cercanías explotaron por atentado con bombas, ocasionando 191 muertos y más de 1800 heridos. Todos los muertos fueron personas comunes e inocentes, ajenas a los conflictos internacionales en los que el derechista gobierno en funciones había metido al país con su desafortunada intervención en la invasión a Irak, dirigida y orquestada por el nefasto George Walker Bush. Posteriormente, la sentencia de la Audiencia Nacional en un juicio histórico e inédito en la historia de España, atribuyó su autoría a miembros de células o grupos terroristas de tipo radical islámico, echando por tierra la autoría de ETA que sostuvo contumazmente y a pesar de toda la evidencia disponible el gobierno en turno.

La historia es ya conocida y ampliamente documentada. Fui testigo -in situ- de la vorágine de acontecimientos posteriores y de las cínicas mentiras del gobierno en tiempo real en mi condición de residente en ese país. Compartí con el resto de la población la rabia, el estupor, la incredulidad y la profunda tristeza ante la magnitud de la tragedia; que sin duda fue de impacto masivo. Y lo que vino después… podríamos sintetizar diciendo que el candidato oficial a la presidencia de gobierno perdió tres días después unas elecciones que a priori parecían un día de campo para su partido, merced a su amplia ventaja en las encuestas, pues ocurrió un espectacular vuelco electoral protagonizado especialmente por los jóvenes; derivado del estupor y la rabia causados por las evidentes mentiras del presidente del gobierno y de sus ministros respecto a la autoría y detalles de tan trágico y doloroso suceso. Ahora sabemos que los españoles lo sabían; y que la mayoría de ellos no se tragó las mentiras y que castigó al gobierno y a su partido por ellas. Un análisis que cuantifica esa influencia directa[2], indicó, entre otros, los siguientes efectos sobre la ciudadanía española: la activación de 1.700.000 votantes movidos por el atentado y el clima provocado en los días posteriores. La decisión de no votar de 300.000 personas por los mismos motivos y la conversión del voto de 1.100.000 ciudadanos con derecho a votar. Así, el número de votantes en esas elecciones fue el más alto de la historia de la democracia española (con 25 millones). Un porcentaje tan elevado que sólo se da en condiciones de lo que los politólogos han llamado vuelco electoral o deseo de cambio.

Por supuesto, hubo antes de este atentado avisos previos de la ciudadanía inconforme con un gobierno irresponsable: la catástrofe ambiental de enormes proporciones en la costa norte de España por el naufragio del petrolero Prestige que el gobierno primero ocultó, luego minimizó y mas tarde gestionó pésimamente; lo que ocasionó una enorme movilización social pocas veces vista antes o las masivas manifestaciones en las principales ciudades españolas rechazando enfáticamente la participación de España en la invasión de Irak al lado de Estados Unidos. Así, el gobierno subestimó y desoyó a la ciudadanía repetidamente, y el colmo, la guinda del pastel, fueron los atentados y luego las mentiras en torno al 11-M.

La historia posterior es bien conocida. Hoy, 5 años después, Zapatero todavía encabeza el gobierno de España, ratificado el año pasado por nuevas elecciones generales. Nadie duda que lo haya hecho mejor que sus rivales y mejor de lo que él mismo hubiese esperado sensatamente, pues su arribo contra todo pronóstico al gobierno oxigenó en muchos sentidos a la sociedad española.

Carmen Aristegui señalaba en CNN que la reciente tragedia de Hermosillo, en la que han muerto ya 47 infantes es la peor de la que se tenga noticia reciente en el país. Su entrevistado, Ricardo García Sainz, ex director del Instituto Mexicano del Seguro Social, señalaba acertadamente que el dolor derivado de este espantoso suceso es indescriptible. Y así es, porque muchísimos mexicanos somos padres de familia, y porque muchos padres y madres dejamos a nuestras hijas e hijos en manos ajenas –que suponemos de buena fe responsables- para salir a ganarnos el pan. Así que no somos pocos los que hemos sentido este espantoso suceso de una manera atroz y muy cercana.

Como podía preverse, derivado de esta enorme tragedia, al día de hoy tres masivas manifestaciones ciudadanas han salido a las calles de Hermosillo para pedir cuentas al gobierno y la renuncia del principal responsable político y administrativo del estado. ¿y qué hemos hecho el resto de los mexicanos?, ¿no estamos dejando solos a los ciudadanos de Hermosillo, especialmente a los padres, madres, abuelos abuelas, hermanos hermanas, primos y tíos de los infantes fallecidos o lisiados de por vida  con su impotencia, su rabia y su dolor?

¿Podemos los ciudadanos rechazar enfáticamente la corrupción, el nepotismo, la irresponsabilidad, la insensibilidad y el cinismo de las autoridades de Hermosillo, de Sonora, del IMSS y del país entero, volcándonos masivamente a las urnas y transformando los resultados electorales del 5 de julio?, ¿seremos capaces socialmente, el 5 de julio o después, de  traducir dolorosas conmociones y traumas sociales como los reseñados, en vuelcos electorales, en catalizadores de una acción política pacífica y firme, que nos saque del marasmo y el empantanamiento social en que nuestra dejadez ciudadana y nuestra corrupta clase política nos tienen más sumidos que nunca? otras sociedades, como se expone arriba, lo han hecho. ¿Nos atreveremos los mexicanos? n

efpasillas@hotmail.com

[2]»Guerra, terrorismo y elecciones: incidencia electoral de los atentados islamistas en Madrid». Narciso Michavila. Documento de Trabajo (DT) 13/2005. 10/3/2005. Real Instituto el Cano de Estudios Internacionales y Estratégicos.



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