Opinión

Radio y Televisión de Aguascalientes (RYTA)

"Gustavo, este es el proyecto más importante de mi gobierno”, habría de decirme el gobernador Miguel Ángel Barberena Vega, refiriéndose a RYTA. Por eso le dedico un artículo independiente a la serie que sobre su mandato escribí.

En la campaña electoral del ingeniero, me encargaba de los asuntos de radio y televisión en el PRI. Un día le sugerí al candidato visitar las instalaciones del antiguo Canal 10, que eran buenas pues contaban con un estudio de televisión, un teatro-estudio, área para oficinas, un pequeño master, inmejorable domicilio, y por contra un equipo obsoleto. Ahí se encontraba también la estación de radio cultural XENM, con instalaciones suficientes aunque pobre equipo, acertadamente dirigida por Pepe Dávila quien al cambiarse el perfil para ser, entre otras cosas, la primera radio oral en el  estado, oralidad impensable antes y tan común hoy, emigró a Radio Universidad. Debo agregar que también existían 17 empleados que sabían operar y reparar equipo de radio y televisión  a los que conocía bien en sus cualidades y defectos pues había sido colaborador del Canal 10, si bien fui cesado de la institución dizque por orden del secretario de Gobierno, Don Joaquín Cruz, junto con el director de El Sol, Martínez Limón, quien hacía  otra colaboración que había molestado al gobernador Landeros por criticársele un aumento al transporte.

Recuerdo después de recorrer las instalaciones, le dije al ingeniero que toda la infraestructura que había le costaría hacerla en su gobierno mucho dinero, y le di una suma exagerada. Barberena, hombre con visión, estaba fascinado con lo que había visto; tanto que, fuera de agenda de campaña, dispuso tomáramos un café en ElectroAB para hablar del tema, ordenándome me avocase a conseguir un transmisor de televisión, que no era la idea, pero el así tomó inicialmente el proyecto, conseguir un transmisor.

Yo no quería dirigir RYTA, propuse la idea por ser buena. Incluso traje a amigos, como Virgilio Caballero, recomendándolo para encabezar el proyecto; pero los presupuestos que presentaron no complacieron al gobernador. Yo quería ser subsecretario de gobierno.

Así las cosas, el 3 de diciembre de 1986, fui invitado a hacerme cargo del proyecto por lo que redacté la iniciativa de ley que creaba RYTA, realicé un cronograma, formulé un presupuesto y el 11 de enero de 1987, promulgada la ley, fui nombrado director general fundador, proponiendo al efecto un equipo de trabajo basado en pilares profesionales en su área. Sólo a Matías Lozano no quería aprobármelo el gobernador como director de noticias pues, se quejaba, le había tirado al ingeniero desde su columna “Cortado por Lozano”. Aceptó porque lo convencí aduciendo que recibía órdenes de su director el señor Bercún.

Todo el equipo que se compró era de precio medio y resultó compatible y útil para el trabajo pesado. Lo destaco porque fue difícil escogerlo ya que 5 proveedores aducían que sus productos eran lo mejor existente en el mercado, pero antes ya había yo comprobado en los otros 11 canales de gobierno existentes, grandes derroches cometidos y torpezas que hacían incompatibles algunos equipos.

Se obtuvo, desde luego, el Canal 6 en forma permisionada por la SCT.

Debo consignar que el proyecto lo iniciamos sin dinero, así como se lee, pero con autorización del ingeniero pedí ayuda a mi hermano Otto, oficial mayor de la Secretaría de Programación y Presupuesto, programación, al que presenté un presupuesto por unos mil quinientos millones de viejos pesos. Un día, me habló el señor Del Villar, director de programación de la Secretaría y me dijo: “tenemos 500 millones, los toma  o los deja?”. Obviamente lo anterior con aprobación del secretario Carlos Salinas.

Con 300 millones  se compró un transmisor Thompson de mil watts, me regalaron otro de repuesto de cien watts y con 200 millones se compró una unidad móvil de televisión bien equipada que hasta la fecha anda en servicio. La bautizamos como “Unidad 1º  de diciembre”, pero a la fecha, los panistas encabezados por Eduardo González, quitaron el nombre a la unidad, cambiaron el eslogan del canal, el domicilio, la ubicación de la antena, aumentó estratosféricamente su inversión en quipo y su presupuesto operativo, etc., lo que sería una nimiedad, siempre y cuando comprobaran hoy al señor gobernador Reynoso, y a nosotros pueblo, que han elevado y superado el rating que Canal 6  tuvo de 1987 a 1992. Nuestros estudios de rating, que a nuestras espaldas hacía con todo derecho Barberena a través de “Pearson” donde labora su hijo Manolo, ahí están.

 Mi primer acto como director, fue visitar al rector Efrén González Cuellar y ofrecerle RYTA para sus estudiantes de medios masivos y al jefe de la carrera, Jorge García Navarro, pedirle sus 10 mejores estudiantes de los que 8 fueron contratados como productores de RYTA.

El propósito siempre fue ser enlace con los aguascalentenses para informar, entretener e interrelacionarlos; para mi eso era cultura.

Producíamos más del 60 por ciento de nuestra programación de 8 horas diarias; transmitimos en vivo de aquí y otras entidades los toros, el Festival Cervantino, béisbol, básquetbol, futbol americano y futbol soccer, la Cumbre Iberoamericana de Guadalajara; produjimos, con unas trece cámaras, la visita del Papa que fue nuestro máximo orgullo.

El primer año estuve a punto de recibir el único regaño de Barberena. Una noche me llamó Varona, su secretario, para decirme que el ingeniero estaba muy molesto porque no habíamos transmitido en el noticiero su discurso en la visita que nos hizo Gustavo Petriccioli, secretario de Hacienda , y que “él se conocía (explotaba), por eso no me llamaba”  que me presentase en palacio a la mañana siguiente, lo que hice, y antes de que el hablara le mostré las estadísticas de notas suyas transmitidas por el canal y terminé entregándole la renuncia de Matías, le aduje además que “se me hacía mas chingón”, haber transmitido el discurso de Petriccioli diciendo “que Barberena era un chingón” y no el del ingeniero elogiando su gobierno. El me dijo: “hombre, Gustavo, no lo tomen así, no es para tanto” y me acompañó a despedir hasta el pasillo de palacio. La realidad fue que se taparon las cabezas de una casetera, motivo por lo cual no se grabó el discurso del ingeniero. No éramos perfectos.

El último año fuimos casi autosuficientes gracias a lo abultado de los patrocinios que recibíamos. Al concluir mi ciclo en RYTA, dejé mil millones de viejos pesos en caja, equivalentes al gasto corriente de seis meses, y de los cuales estaban comprometidos doscientos millones en aguinaldos y sueldos de diciembre. Fue una grata experiencia.

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gustavoagranados

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