Opinión

Dirigir o no dirigir, ese es el dilema

Llegar a pensar que el sólo hecho de saber actuar y plantarse en el escenario ya se puede dar el gran salto hacia una dirección, es una osadía. Quizá el ego de muchos de los actores está el confiarse que ya saben todo y que están preparados para dirigir una puesta en escena. Cuántas veces nos hemos enfrentado a obras que no tienen ni pies ni cabeza, es decir, no estructura dramática, no planeación de actores, no comunicación director-actor, y menos pensar en comunicación con el público, esto es consecuencia de la inexperiencia de muchos en dirigir sin saber hacerlo.

En plática con el maestro Mauricio Jiménez, director, comentó que la carrera de director debe ser aparte a la del actor, o se estudia una o la otra, más no mezclar ambas. No todos son buenos actores y no todos buenos directores. Anteriormente para llegar a ser director se necesitaban muchos años de experiencia y estudio y aquellos primeros actores no se animaban a serlo, eran muy respetuosos con las profesiones. Ahora es todo lo contrario primero “seré director y después ya veremos”.

Según el Glosario de términos teatrales el director debe ser una persona responsable de la puesta en escena de un drama, generalmente sólo desde el punto de vista artístico y técnico. La responsabilidad desde crear un conjunto acerca de su integridad artística, y su expresividad en la  representación en general, Esto se aplica también a la representación de la formación de una representación. Para llegar a ser un buen director se  debe conocer perfectamente su material y hasta cierta forma ser un actor de otro modo no hallará un lenguaje común para hablar con ellos. El trabajo de director y los actores principia con el análisis  y continua con la línea de la acción, después viene la línea general de cada parte, y  ese ímpetu para cada papel, que al derivarse de su personaje  fija su lugar en la acción general de la obra. El maestro Stanislavki comentaba “no introduzcan nada a sus actores sin razón, que nos los induzcan más allá de sus posibilidades, que los entusiasmen. Esto preserva la libertad del artista creativo”.

Todo este tema viene derivado a la pasada muestra de Teatro a cargo de la Universidad La Concordia con motivo de la presentación de trabajos de la materia de dirección y producción del octavo semestre. Por lo regular en este tipo de eventos se analizan las actuaciones, el desempeño de los actores aunque en esta ocasión no fue así, se dirigió la mirada hacia los directores y una sorpresa muy grata fue el desempeño de calidad de algunos de ellos, como ejemplo, el caso de la obra Diálogo del enterrador y un zapatero, a cargo de Paola Rivera, donde se notó la creatividad, manejo de dos planos y  la coordinación de actores de experiencia como fue el caso de Fernando Amman (director y actor).

No se puede decir que la edad es factor de inexperiencia, eso es relativo, depende mucho del  trabajo de sus maestros, como fue el caso de Marcela Morán, egresada de la primera generación de Los Arquitos “Ellos me propusieron textos, se realizó la poética, después el estilo y se fue ligando el proceso. Cabe aclarar que se tiene graves problemas  con los estudiantes por la disposición, el compromiso, la puntualidad, no se si sea generacional”. Lo que si se vislumbra es que  todos estos elementos que ella menciona si no se depuran, se borran, pueden quedar fijos en  futuros profesionistas y los trabajos se van a notar de inmediato en el escenario.

La curricula de esta universidad con licenciatura en artes escénicas y aquella del centro cultural Los Arquitos es muy distinta, una es flexible, la otra es más estricta. En la licenciatura se tiene diversas materias, dos semestres de expresión corporal, en la técnica se realiza durante todo el proceso escolar. La especialidad la escogen los universitarios, ya sea cine, teatro, etcétera. Sin embargo, con 21 futuros egresados solamente tres quieren ser directores, en palabras de Marcela Morán.

Necesitamos directores sí, pero también necesitamos talentos y no divos, la fórmula estudiar, ser perseverantes y esperar que estos futuros directores ya sean licenciados o técnicos superen las expectativas del público con teatro de calidad llenando las salas de la ciudad y mostrar nuevas tendencias y máxima creatividad superando las ya existentes.

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Julieta Orduña

Julieta Orduña

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