Opinión

Panorama de los resultados electorales 2009: la democracia sí funciona

Conocemos ya los resultados de la elección 2009 tanto a nivel federal como a nivel de las entidades que realizaron sus elecciones locales; con la observación preliminar de estos resultados considero que podemos concluir que la democracia en nuestro país sí funciona.

Antes de continuar con la reflexión es obligado anticipar que, efectivamente y muchos tienen razón, la democracia mexicana todavía no es perfecta, tiene muchos defectos y deficiencias, requiere de muchas correcciones y transformaciones; es cierto, es una democracia imperfecta, apreciación que ha sido señalada abundantemente y en muchísimas ocasiones, por unos y por otros.

Sin embargo, la queja y las acusaciones que “habitualmente” hemos hecho durante muchos años, hasta hoy no han resuelto el problema, y, en ocasiones, sí lo han ampliado ya que la sola queja tiene un pernicioso efecto de propiciar confrontaciones y desuniones; unos al defenderse y otros al acusar, frecuentemente con razón justificada en ambos lados.



La democracia imperfecta siempre será mejor que la antidemocracia, motivo que nos anima a seguir adelante en el trabajo de mejorarla, pasando de la pasiva e inútil queja a la acción de propuesta y acuerdo para el cambio.

Los resultados de las elecciones del 5 de julio son alentadores en el marco del desarrollo de nuestra democracia; como es habitual, las líneas de estudio de los resultados son abundantemente diversas, siendo necesario escoger algunas de ellas para reflexionar un poco sobre dicho avance democrático.

Un punto que considero fundamental en el funcionamiento de la democracia es que el ciudadano-elector use su libertad para decidir su voto; la responsabilidad-irresponsabilidad de los gobernantes tanto en los niveles legislativos como ejecutivos repercute en la respuesta electoral de los ciudadanos. Los tiempos políticos en que los gobernantes podían hacer y deshacer a su arbitrio y, encima de eso, volver a ganar las elecciones, son parte del pasado.

Hoy observamos que ningún partido queda librado del juicio de los electores: el PRI lo ha vivido desde los pasados años noventas, y fue desplazado de muchos puestos de gobierno; el PAN lo ha comenzado a vivir desde hace algunas elecciones con las gubernaturas de Chihuahua y Nuevo León hace algunos años y ahora Querétaro y San Luis Potosí, por no abundar en presidencias municipales como el área metropolitana de Guadalajara; el PRD tiene su primera sorpresa de rechazo de los electores, particularmente en la zona metropolitana de la Ciudad de México y de marginalidad en el resto del país.

Queda claro que las desuniones y confrontaciones partidistas e interpartidistas son repugnadas por los ciudadanos; que los desplantes de desdén de los gobernantes hacia los ciudadanos que los cuestionan y les reclaman los excesos y errores, son una importante señal para la calificación de su trabajo; que las obsesivas declaraciones por justificar que todo está bien, que los problemas “están bajo control” y que se están tomando las “medidas necesarias”, son inútiles y no engañan ya a los ciudadanos cuando en la cotidianeidad social viven una realidad determinada, etc., etc. Queda claro que los ciudadanos comprendemos que gobernar no es fácil y que lograr la unión con una sociedad plural para satisfacer sus necesidades y resolver sus problemas, requiere de mucha voluntad y esfuerzo; por lo que los ciudadanos convenimos en que el gobernante se explique por su forma de actuar y lo aceptamos cuando lo hace con modestia y sinceridad, mostrando evolución en hacer cada día mejor su gobierno. Pero cuando la soberbia le gana y se muestra indolente, lo que salta a la vista es su gran inseguridad personal en el gobierno por la falta de “idea” de lo que debe hacer, razón por la que su mejor recurso es la exaltación del “poder” político.

Los motivos por los que los ciudadanos-electores efectuaron, ya como resultado final, un cambio en el espectro político federal y en las entidades que realizaron elecciones locales son varios; la diversidad observada nos lleva a considerar algunos de ellos que es necesario estudiar con más acercamiento: qué tanto todavía está presente la “compra de voto”, no obstante su negación por los partidos políticos; qué tanto todavía ganan los candidatos que gastan más dinero, no obstante que los mismos partidos políticos denuncian y cuestionan estas prácticas (un candidato gris puede ganar con dinero); cuánto pesa (de peso específico) el partido político y cuánto la persona del candidato; qué importancia tiene el que el candidato ofrezca resolver problemas de contenedores de basura, de agua potable, de ingreso a la primaria, de empleo en determinado gobierno, etc., y deje de lado la función e importancia de las leyes para resolver los problemas.

En Aguascalientes volveremos a tener elecciones el próximo año para la renovación de la gubernatura, de las presidencias municipales y del congreso del estado; si la democracia funciona, los partidos políticos deben ser sensibles a las penas y expresiones de los ciudadanos, tomar en cuenta sus “decires” así como los puedan expresar. Por ejemplo, una idea planteada al inicio de la administración estatal actual fue la de hacer un gobierno de compasión con los ciudadanos, idea que los electores podrán evaluar y calificar para las próximas elecciones

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Abelardo Reyes Sahagún

Abelardo Reyes Sahagún

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