02/07/2020


Con la cercanía de las elecciones el ambiente de la ciudad es inevitablemente político. Ante la ausencia o precariedad de los debates la discusión sobre el voto blanco se convirtió en el tema más relevante del murmullo social.

El paisaje es de espectaculares, pendones y repartición de volantes en las principales esquinas de la ciudad. La prensa electrónica y la escrita han dedicado un tiempo considerable al tema porque de eso viven los mercados de la información, sin embargo se observa un apego secreto en el ambiente por la idea de que la gente se manifieste sin partido en las urnas. El tema también se ha colado a los cafés y a la intimidad de los hogares. Incluso los jóvenes que son tradicionalmente los que menos votan han hecho suyo el dilema de moda.

En estas circunstancias y en la suma de todas las actitudes de los que quieren el voto blanco  y de quienes defienden el voto efectivo por alguno de los partidos, percibo como denominador común un ambiente de poca esperanza en el sentido de que el recambio de personas en el congreso no representa la posibilidad de un cambio relevante, sino la llegada de otros candidatos con las mismas actitudes, con los mismos patrones.

Este pesimismo no es exclusivo de Aguascalientes. En realidad es un reflejo del estado de ánimo del país. La situación de la república es normal porque hay razones claras para justificar la existencia de esta inquietud. Es normal porque hay cifras negativas de desempleo. Es normal porque la emergencia sanitaria aún no termina y, pese a los esfuerzos tan anunciados por la autoridades, el crimen organizado no para. Mientras tanto los  políticos juegan  a la simulación y los ciudadanos aún no entendemos el valor de la organización para moderar los excesos  de la autoridad.

Es normal entonces que nuestro pesimismo exista porque existen razones cotidianas y tangibles que lo justifican. Pero aunque los problemas y el pesimismo suelen viajar de la mano, me temo que la situación es más compleja. El punto es que no siempre los problemas conducen al pesimismo. De hecho todas las sociedades del mundo tienen dificultades diversas, incluso las más fuertes y las más optimistas.

Creo finalmente que el pesimismo de la ciudad y de sus habitantes radica no en los problemas reales que nos aquejan, sino en que no vemos la manera de cómo resolverlos. Parece claro que no tenemos un plan de salida, bueno o malo, de la crisis al que todos le pongamos empeño. No tenemos un plan creíble que nos anime a luchar por una solución general. No tenemos claridad colectiva de qué hacer. Justamente esta incertidumbre es la que a mi juicio nos tiene al borde del diván.   

El optimismo social no se refiere a una sociedad tenga todos sus problemas resueltos. De lo que se trata es de reconocer los problemas existentes y tener una idea de cómo resolverlos y, más que eso, se trata de que una mayoría crea que las propuestas de solución son válidas y creíbles. El optimismo es la propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable, es la actitud humana que se encuentra en la búsqueda de la mayor perfección posible.

¿Qué han hecho otras sociedades que han llegado a este punto de declive?  Los países que han enfrentado los problemas antes descritos han creado instituciones del Estado fuertes e independientes, empezando por el Poder Judicial. Han impulsado la existencia no sólo de jefaturas políticas sino de liderazgos creíbles para todos incluso para quienes son sus adversarios.

Las sociedades y las ciudades exitosas del mundo tienen muchos problemas que van más allá de la existencia de un proceso electoral y han definido la existencia de modelos económicos en los que hay apoyos decididos a la educación, la cultura y la ciencia.

Las sociedades que menos resienten las oleadas de pesimismo han construido sistemas democráticos con políticas de respeto a los derechos humanos, la transparencia y rendición de cuentas y, sobre todo, han hecho de este sistema una antesala de  resultados positivos y tangibles que ayudan al desarrollo. Votar por los partidos, o elegir el voto blanco es algo secundario si nos vamos a lo esencial. Esta reflexión no es una alegoría del optimismo fácil de siempre sonríe y la fuerza estará contigo. Es simplemente que siempre será mejor un pesimismo entusiasta y con sentido, que el optimismo frugal.


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