¿Y México por qué no? de Jorge G. Castañeda - LJA Aguascalientes
09/08/2020


Hace unos días estuvo en Tijuana el inefable doctor Jorge Germán Castañeda Gutman, académico, escritor, ex secretario de Relaciones Exteriores de Vicente Fox, y ex precandidato ciudadano –sin éxito- a presidente de la República para presentar su reciente libro ¿Y México por qué no? en coautoría con Manuel Rodríguez Wong, editado por el Fondo de Cultura Económica (2009). Después de leer su “mini ensayo” (Castañeda dixit), yo la verdad me quedo con el Castañeda de antes, el de La Casa por la Ventana  (1993) La vida en rojo (1997) o La Herencia (1999), aunque naturalmente que hay Castañeda para todos los gustos.

En esta ocasión el doctor Castañeda nos ofrece un breve ejercicio de lúcido y parcial cinismo del que ya nos había dado sobradas muestras con anterioridad. Su tesis central en este ensayo es que México no crece porque vive atrapado por sus muchos monopolios de poder económico, político y social. Y qué duda cabe que tiene razón: así lo confirman los estudios que cada año hacen organizaciones como la OCDE, en los que nuestro país ocupa un discretísimo puesto en la lista de las economías emergentes.

Así, es evidente que el país no crece, entre otras razones, por sus truculentos monopolios y oligopolios, que funcionan y prosperan al cobijo del poder y en franca violación al orden constitucional. Pero no sólo por eso. México crece menos que la mayoría de los países iberoamericanos, incluyendo a Ecuador, Venezuela o Bolivia, por ejemplo, lo cual es bastante serio. ¿Razones? el desastre educativo público y privado, la corrupción rampante, la impunidad, o la criminalidad. “falta de competitividad” dicen los economistas. Pero sobre todo porque la mayor parte de los mexicanos de cualquier procedencia y nivel socioeconómico vivimos envueltos en una irresponsable autocomplacencia.

Sin embargo, mientras los mexicanos nos recreamos en nosotros mismos, el mundo cambia. Hasta los países más conservadores de nuestro entorno, para no ir tan lejos. Los estadounidenses, por ejemplo, disfrutan ahora de algo inédito, que parecía descabellado e imposible hasta muy hace poco: un presidente mulato, de padre africano y madre blanca, con una distinguida esposa negra, quienes además ganaron la nominación y después la elección derrotando a la potente maquinaria electoral del lobby de Hillary Clinton y  al aparato republicano de Mc Cain sin ser miembros del “establishment” de Washington. ¿Para cuánto le llegará ese cambio a los Estados Unidos? Sólo el tiempo lo dirá. Ni qué decir de la mayor parte de los países de América del Sur, insertos en un movimiento social y político hacia la izquierda, como se puede ver desde Chile hasta El Salvador, donde un ex guerrillero acaba de ser investido presidente de la república. ¿Este tipo de cambios políticos y sociales son posibles en México?



Parece claro que no. Por lo menos no por ahora. México es diferente. México es especial, solemos pensar colectivamente para consolarnos de nuestras muchas calamidades sociales. Pero… ¿qué  es precisamente eso que nos hace ser tan especiales?

Sin duda, nuestra histórica sumisión, reticencia y resistencia al cambio social y al institucional. Mismas leyes (por ejemplo, el código de comercio acaba de cumplir sólo sus primeros 120 años), mismos políticos, mismos partidos, mismas empresas, mismo futbol, misma televisión, mismos carteles de las drogas, mismos capos, mismas costumbres corruptas perpetuando unos enormes y concéntricos círculos viciosos que se refuerzan unos a otros y que Castañeda ve prácticamente imposibles de romper en el corto y en el mediano plazo. ¿Cómo puede una sociedad tener resultados diferentes hoy haciendo lo mismo de siempre?

Castañeda nos ofrece dos claves para deshacer este verdadero nudo ciego: o bien con la ayuda de unos anclajes externos que ni se puede ni se quiere hacer (básicamente entre Estados Unidos y México), o bien con un profundo cambio social desde adentro, desde las entrañas mismas de la sociedad (que de momento nadie tiene claro).

Así que no es extraño que mientras el mundo cambia –no siempre ni necesariamente para mejor, pero cambia- nuestras clases dirigentes y nuestra oligarquía se empeñen en mantener un status quo muy beneficioso para sus propios intereses, pero altamente dañino para la sociedad de este país; especialmente para los sectores más atrasados. Castañeda nos obsequia también con “perlas” de erudición como las siguientes:

“ …Elba Esther Gordillo, Carlos Salinas de Gortari….” Son mexicanas y mexicanos destacados, pero ese no es el problema…” “…Las personas son honorables….las estructuras son disfuncionales.”

Así sin más nos receta el ínclito doctor Castañeda. Le faltó incluir en esta reseña de mexicanos ilustres y honorables a Vicente Fox y a Martha Sahagún, por ejemplo. Pero sí encuentra espacio en otro párrafo para hablar de su ex jefe y aún elogiarlo, faltaría más: “ Fox le apostó a la alternancia y a la división de poderes como mecanismo para gobernar…”

Evita contarnos Castañeda qué fue exactamente lo que en su día hizo su jefe Fox –o por lo menos que intentó y no logró hacer- como presidente de la República para desmontar uno solo de los monopolios que tan certeramente cuestiona en su ensayo: el sindicalismo charro y oficialista, la televisión, las telecomunicaciones, la banca o la partidocracia, sólo por citar los casos más evidentes. Tampoco nos dice Castañeda por que ya no sirven esos grandes y corruptos monopolios que hasta ayer fueron tan útiles para el presidente Vicente Fox y su camarilla; tal como lo son hoy para el grupo en el poder.

Sin embargo, no todo el ejercicio es del tono reseñado. Muy interesante y altamente ilustrativo para comprender mejor lo que sucede en este país resulta la parte de su ensayo dedicada a la comentocracia y a la meritocracia mexicanas; pues resulta altamente revelador de una de las patas más cojas de la muy larga “transición” mexicana y de las que se suele hablar menos: la inteligentsia nacional, el mundo artístico, académico e intelectual, del que él mismo forma parte destacada, tan influyente en la opinión pública y tan opaco, tan poco transparente en sus usos y costumbres al abrigo, cobijo y complacencia del poder. Reseñarlo con todas sus letras sí que es un ejercicio socialmente útil y evidentemente necesario. En suma, en ¿y México por qué no? leemos un sintético compendio de las muchas luces y sombras del Castañeada más genuino.

[1] Licenciado en Derecho por la UAA. Profesor de Derecho Público.

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