Opinión

Independence day

Parece que todos necesitamos una fecha o suceso de referencia para encontrar identidad, sea de manera personal o social. Un evento que distinga entre el antes y el después, el no ser y el ser, sea el día de parto, el cumpleaños número 18, el bautizo, el día de la adopción, el matrimonio, el día que egresamos de algún chorizo académico, la fecha en que cambiamos de sexo o lo que sea, de tal manera que  alcancemos a ubicar, en el tiempo y en el espacio, un soplo de identidad para autorreconocernos como un ente que nacido, que existe, que se parece a sí mismo y que es diferente a los demás y que tal vez tenga un propósito. Lo mismo los pueblos, buscan o inventan su fecha de fundación, primera respiración, independencia, fusión, separación, pero se tiene que tratar de un desprendimiento a jalones, un parto de montes acompañado de un grito de dolor y liberación.o un país respetuoso de sus leyes, cuidadoso de las arcas, protector del ambiente,  conservador en la utilización de los recursos, sencillo en su reglamentación, tolerante en sus valores y alegre en sus tradiciones. Ojalá no tengan que recordar la flojera de sus antepasados y las traiciones de nuestros diputados ¡Viva México y el mole de guajolote!

A veces el origen de los pueblos y naciones son parte de la historia oficial y entonces adquieren un tono épico y pomposo, como el de México o Estados Unidos; en otros casos ridículo como el del estado de Aguascalientes; otros más sospechoso, como el Estado de Israel. En el caso mexicano no se escogió alguna fecha convencional de la llegada de los primeros hombres a aridoamérica, tampoco alguna fecha del encuentro de dos mundos o de la conquista española, sino una fecha de una mal organizada revuelta con el albazo de Miguel Hidalgo, que pronto dejó ver su ineptitud para las armas.

En la historia oficial los nombres, hechos y datos están envueltos en anécdotas de oro, pólvora, intrigas, tratados, traiciones, sudor y sangre. Aprendimos rápido con el maniqueísmo didáctico de las tres carabelas, la ambición de Cortés, la hermosura étnica de Cuauhtémoc, la bondad libertaria del cura Hidalgo, la valentía de Morelos, la cólera de Calleja, la traición de Picaluga, la astucia del Pípila,  la moderna gallardía de Iturbide, el arrojo de Guerrero,  la discreción de Josefa Ortiz de Domínguez. Las hordas mexicanas exhibían una envidiable capacidad de liderazgo y táctica guerrera junto a nobles y untuosos ideales libertarios; los gachupines eran unos cobardes, crueles y despintados seres blanco de la furia nacionalera. Nos salieron virtudes por doquier y sentimientos nobles a granel, Hidalgo nunca hizo juicios sumarios y  ni siquiera el corrupto Iturbide tenía una raya de duda, todos los héroes eran una calca de sus propias estatuas que rezaban al ínclito, incólume e impoluto héroe de la patria. ¡Mueran los gachupines y viva la virgen de Guadalupe!

Pero el tema de la independencia de México siempre era un asunto obligado de los exámenes que eran un acopio de enorme memoria detallista y deshilvanada que dejaba más dudas que certidumbres ¿Y dónde dio el grito Dolores, si no era Dolores Hidalgo ni está en el estado de Hidalgo? ¿Por qué los ricos se pasaban siempre al bando ganador? ¿Por qué esos Sentimientos de la Nación querían que la religión católica fuera oficial? ¿Pos dónde estaba la independencia de conciencia pues? ¿Por qué siempre los traidores estaban del lado contrario? ¿ Hidalgo no la regó por echarse un albazo? ¿En aquel entonces no había diputados que fusilar? ¿Ya había Sanborns de los azulejos para ir a festejar la entrada del Ejército Trigarante? No obstante, la independencia era un asunto regio, sangriento y enigmático, triste, vengativo, envidioso y fuerte, como hemos querido ser.

El día 15 de septiembre era  y es también un motivo de exhibición de la fuerza bélica y el fervor patrio, desfila la iconografía de la bandera, hidalgos de barrio, caballos gordos y sudorosos, morelos que sólo reconocemos por la banda en la cabeza, rifles oxidados, serpentinas de colores mexicanos, cornetas estridentes y tambores que imitan los agitados latidos de un corazón nervioso y predispuesto a la lucha. Para estudiantes será una pinche asoleada, para los pequeños un monstruo con una cola larguísima de gente y para los adultos la recuperación de la infancia perdida en los veranos de escuela. Quienes realmente aprovechan septiembre y los mitos independentistas será el comercio con cañonazos de descuentos, ofertas mexicanas, celebración de precios liberados, bares 2X1 para emborracharte con la independencia y otras babosadas.

La independencia se ve como un asunto del pasado muy lejano para preocuparse por ella, finalmente ya había sido resuelto y nadie lo ha vivido ni se acuerda de los detalles. No se podía hacer historia sino de atrás para adelante, nunca aprendimos que nuestros propios actos podían decidir y construir el futuro, tampoco nos cuestionamos si dentro de 200 años alguien recordará a nuestra generación con agradecimiento y amor por haberle heredad



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guillermoronelas

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