Opinión

El diputadito que llevamos dentro

 e dijo que no importaba, que en todo caso tuviera a la mano un costal de argumentos para contestar rápido y a la primera-  Eso fue lo último que escuché antes de dormir mientras el peluquero pasaba su navaja por debajo de mi mentón. Seguramente siguió hablando, pero yo ya no escuchaba, acurrucado en mi curul abollonado y trazando algunas imágenes sin ton ni son en mi cerebro de grasa y agua.

Me soñé diputado de la legislatura de Aguascalientes y recordé que a unos pasos de concluir el sexenio de la gubernatura estatal nadie daba seguimiento a los programas sectoriales y especiales para la entidad y ya qué, ni modo que ahorita moviera el dedo, ya ni caso tenía. Me iba a ver muy mamila si a estas alturas del partido pusiera al Congreso a pensar en qué pasó con los programas que iban a orientar el trabajo gubernamental y social para el desarrollo, que ni siquiera traen metas cuantificables ni mucho menos alguna forma para evaluar cómo diablos se iban a cumplir. A final de cuentas, ya no importa mucho lo que pasó, lo que se hizo, lo que se pudo o quiso hacer, lo que importa es quién va a ser el próximo.

Miré a mi alrededor y medio mundo estaba distraído. Algunos estaban
diputados estaban absortos en documentos, seguro que eran pendientes de
oficina que no habían tenido tiempo de revisar y venían aquí a terminar
la tarea. Otros más estaban hablando por celular, algo así tan serio
como las cosas que se platican por teléfono y dan un sentido misterioso
a quienes lo usan y los convierten en apóstatas de la comunicación cara
a cara, tal vez le están indicando a la esposa que el dinero para el
abono del VMW está debajo del folder que se quedó en la mesa del
recibidor, ahí donde está la estatua de yeso pintado de Santo Tomás
Moro y la figura metálica de la Santa Muerte; otro más creo que le daba
instrucciones a su chofer con cargo de apoyo jurídico para que pasara
por los perros que se quedaron con Lalo, el amigo de borracheras y
tapadera de sus deslices. Seguramente la diputada estaba sin estar,
pues tenía una compulsión por hacer una lista de defectos de su
contrincante político y acérrimo enemigo; gastaría sus fuerzas y, si
fuera necesario, también algo de su dinero con tal de chingarse a ese
próspero político que además de arribista ya había hecho unos buenos
negocios, tenía numerosas simpatías como para animarse para la
gubernatura próxima y pue´que sí, sabe. Ultimadamente la política no es
cosa de unos años, es una costumbre que se queda para las relaciones
posteriores; juntar familias; hacer negocios; pedir y dar favores;
gastar dinero; disfrutar la vida; dar lecciones; elaborar máximas,
sentencias y jaculatorias; dar conferencias sobre el éxito; aprender a
comer a diez cubiertos; distinguir lo que le conviene al país o al
estado una vez que no esté en el gobierno; sentirse experto catador de
vinos; distinguir un buen puro es cubano y mearse en los pantalones en
una borrachera y  que nadie comente nada al siguiente día.

Reconozco que no era tiempo para ponerse melindroso y ácidamente
crítico, finalmente todos tenemos un diputadito adentro y la falsa
modestia y las condiciones no lo dejan salir. Ni modo que el peluquero
se dé cuenta de mis pensamientos y me haga burla, él está pensando en
cuánto pagará de  la televisión a Elektra después de 64 abonos
chiquitos, parece que cuatro veces su valor común. Pero si el mundo no
es justo ni injusto, sino simplemente es y no tiene categoría moral, el
asunto es que cada quien tiene que ver por sí mismo, nosotros no
estuviéramos aquí sin la lujuria de Adán y Eva, sin la codicia de
Hernán Cortés o sin las excrecencias de Iturbide, ni siquiera las
gorditas de chicharrón rojo con frijoles existirían sin la gula. No son
las virtudes lo que nos mueven hacia el crecimiento y el florecimiento
de los pueblos, sino los pecados que son un verdadero motor para vencer
los obstáculos y empeñarse en las cosas. ¿Qué sería del empleo, de las
ganancias y del comercio si no existieran los productos y servicios de
lujo como los perfumes, los autos devoradores de recursos, la ropa
cara, los ipods, la feria de San Marcos o la Navidad,  la industria del
escándalo o los conciertos de Shakira o Magneto? Es el ocio y la
lujuria, el consumismo y el hedonismo lo que mantiene la creación de
tantísimos empleos.

Ser diputado debe ser más sencillo, yo sólo quería arrullarme un
rato mientras sentía que otro vigilaba mi sueño; esa sensación entre la
hueva, la seguridad, la vulnerabilidad y la homosexualidad de los
guerreros. Ocho por ocho, sesenta y cuatro, la vida es más sencilla de
lo que uno imagina nada más que nos gusta complejizarla para justificar
nuestras vidas y a nuestros gobernantes, todos tenemos derecho a no ser
molestados y dormir una siesta aunque la modorra nos dure toda la vida.



The Author

guillermoronelas

guillermoronelas

No Comment

¡Participa!