Opinión

Nueva revolucion liberal

Tengo que pedirle perdón a Melchor Ocampo, artífice del estado laico y las leyes de Reforma. El tiempo se ha encargado de invalidar la famosa epístola que reflejó la realidad mexicana de siglos pasados, donde la mujer era la “parte débil” declarada en las ceremonias civiles. Ahora, si el espíritu de Juárez quiere, ni siquiera se requeriría de los dos géneros para legitimar a una pareja.

La semana que concluye, se anunció una iniciativa para la Asamblea
Legislativa del Distrito Federal (ALDF) que permitiría en caso de ser
aprobada, las bodas entre personas del mismo sexo. La propuesta contó
el apoyo de más de setenta organizaciones civiles y por supuesto se
prevén reacciones adversas de la Iglesia y de grupos de derecha, aunque
se ha dejado en claro que dicha ley no afectaría los derechos de
terceras personas y tampoco se incluye la posibilidad de adopción de
niños.

Esta acción permitiría a los integrantes de la comunidad lésbico-gay
de la Ciudad de México, la obtención de derechos plenos como el tener
acceso a la seguridad social, aunque podría devenir en amparos ante la
negativa de instituciones federales como el IMSS o el ISSSTE.

Argentina es el otro caso donde están caminando las cosas hacia una
sociedad más igualitaria para todos sus ciudadanos. Una jueza de aquel
país, Gabriela Seijas, autorizó el jueves el matrimonio de un par de
lesbianas, en una medida que genera más presión para que los
legisladores nacionales aprueben un proyecto para permitir las uniones
homosexuales que parece estar detenido en el Congreso.

El fallo de la jueza de Buenos Aires -la primera ciudad
latinoamericana que permitió las uniones civiles homosexuales- puede
ser apelado, pero sienta un antecedente legal inédito en el país. «La
ley debe tratar a cada uno con igual respeto en función de sus
singularidades, sin necesidad de entenderlas o regularlas» declaró
Gabriela Seijas al diario La Nación.

Mención aparte merece el reciente referéndum en el estado
norteamericano de Maine, donde por mayoría del 53%, los electores
acaban de rechazar una ley que legalizaba los casamientos no
heterosexuales. Esto confirma la “regla” que se ha cumplido en Estados
Unidos hasta ahora: cuando se hace una consulta a la población, el
matrimonio gay pierde.

En tan sólo dos años, se había conseguido que se aprobaran este tipo
de bodas en cuatro estados norteamericanos: Connecticut en 2008, más
Iowa, Vermont y New Hampshire este año. El único estado que las había
admitido hasta entonces era Massachusetts (2004), además del breve
periodo en que fueron posibles en California.

Recientemente, un amigo criticó el tema de las políticas afirmativas
en el sentido de que pueden tener un costo muy elevado si se contrapone
con el número de beneficiarios. Ejemplificó el caso de las sociedades
de convivencia, que implicó nuevos gastos administrativos para el
gobierno de la capital con relativamente muy pocos convivientes
inscritos bajo este contrato (menos de mil).

Por supuesto difiero de este argumento, pues de todo corazón y
consciencia creo que los derechos son invaluables, y si al menos
monetariamente significaran una inversión, sería mucho menor que las
problemáticas propiciadas por el sistema oficial que alienta un
apartheid moderno. En el caso de Aguascalientes, seguramente sería más
barato modificar los formatos de actas del Registro Civil que los
millones que se pagaron por el “monumento a la familia” que permanece
sin inaugurar en la avenida Gómez Morín o la fuerte suma presupuestada
para un “patinódromo”.

Edifiquemos mejor un legado acorde a la nueva realidad y dejemos el
puritanismo a un lado. No estoy pidiendo recorrer la alfombra roja de
catedral de la mano de mi novio –que sí me gustaría pero no soy hereje-
y entiendo a quien le desagrade la idea de los hogares “diferentes”,
pero también creo que mientras yo no me meta en la cama de alguien sin
su consentimiento, no tienen por qué juzgarme por lo que haga debajo de
mis sábanas.

Quizás a muchas personas les cueste trabajo entender cómo funciona
una relación de dos iguales. Sólo puedo decirles que no difiere
mayormente de lo que ya conocen. Mi familia alternativa, mis amigos con
“sus maridos” y mis amigas en “unión libre” viven cotidianamente los
mismos asuntos que todo mundo: pagar la renta, las deudas y los
servicios, cuidar a los niños (reales o perrunos), hacer la comida,
trabajar, divertirse, y tener sexo (poco o mucho).

En posibles diferencias se suman el miedo a la discriminación, el
clóset, el sida y las ganas de que un sacerdote te diga “no hay
problema hijo”, que no tendrían razón de ser si tomáramos como norma la
máxima del indígena de Guelatao: “Entre los individuos como entre las
naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. ¡Vuelve Benemérito de
las Américas!


vihdha_marco@yahoo.com.mx

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marcogarc

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