Opinión

Paidofilia literaria

s mi deseo aportar unas gotas al río de tinta que se ha escrito por los representantes de diversos grupos feministas, políticos y periodísticos con motivo de la novela “Memorias de mis putas tristes” de Gabriel García Márquez y la ahora pospuesta filmación de una película basada en el escrito del colombiano.

Dicen las y los detractores de esta obra que se trata de una apología de la prostitución infantil por tratarse de un anciano que paga por la virginidad de Delgadina, una adolescente de 14 años de la que termina por enamorarse. En 2004, la diputada federal Angélica de la Peña –esposa del actual dirigente nacional del PRD- convocó a boicotear la venta del libro y en semanas pasadas la activista Teresa Ulloa presentó una denuncia penal para impedir que la historia fuera llevada a la pantalla grande con financiamiento del gobierno de Puebla.

 

Lo cierto es que la discusión sube de tono cada vez más, ¿hasta
dónde el arte puede abordar el ejercicio de la sexualidad en los
menores de edad? ¿Será que la actual consciencia de los crímenes contra
la infancia provocó una nueva corriente de puritanismo? ¿Acaso iniciará
una oleada de censura literaria? Por lo pronto, ya se han presentado
casos recientes para impedir la exhibición de fotografías de niños
desnudos, como en la Tate Modern Gallery de Londres, donde Scotland
Yard “sugirió” retirar una imagen de 1975, donde se aprecia la imagen
“inocente” de la actriz Brooke Shields, entonces de 10 años.

Claro que en su momento, obras como Lolita, de Vladimir Nabokov, o
el Tambor de Hojalata de Günter Grass, con sus respectivas adaptaciones
al cine desataron también polémica; pero, ¿quién definirá los límites
entre la “moral pública” y la difusión de creaciones artísticas?

Quiero hacer un mínimo recuento antes de que se enciendan las piras
bibliográficas, en el ánimo estricto de aficionado a la lectura.
Empezaré con el caso de “Muerte en Venecia” de Thomas Mann, que aborda
el simbólico encuentro entre la belleza y la resistencia al natural
declive de la edad, la decadencia, personificadas en la figura de
Gustav von Aschenbach, quien se enamora de un muchacho de 14 años
llamado Tadzio. Alfred Kerr, crítico alemán, se refirió sarcásticamente
a la novela, ya que “Hacía de la pederastia algo disculpable si era
ejercida por las cultivadas clases medias”.

Por otro lado, hay un libro de Mary Renault, segundo de una trilogía
sobre la vida de Alejandro Magno, “El muchacho persa” que cuenta los
últimos años del rey macedonio a través de los ojos de su amante,
Bagoas, quien era hijo de un noble ejecutado por traición, vendido como
esclavo y castrado cuando era niño, que pasó al servicio del rey Darío
III y, tras el asesinato de éste, fue regalado al joven conquistador.
Este personaje andrógino narra con lujo de detalles diversos hechos
históricos relacionados a la vida del discípulo de Aristóteles, a la
par de la trama romántica entre ambos. Por cierto, en el largometraje
de Oliver Stone, apreciamos brevemente a Bagoas en la escena donde el
personaje interpretado por Collin Farell declara tras una confusión de
identidades ante un comité diplomático: “Él también es Alejandro”.

Recuerdo también el caso de “Azteca” de Gary Jennings, extensa
narración de los años previos a la conquista española, donde Mixtli
relata en primera persona sus vivencias por todo el territorio de
Anáhuac. En uno de los capítulos, “Nube Oscura” sucumbe a la tentación
erótica con su esclavo eunuco Cózcatl: “Mi cuerpo calentando el suyo,
hizo volar mi imaginación, pues no era como descansar al lado de otro
hombre, en la forma en que los guerreros se amontonan unos contra otros
para mantenerse calientes y secos como en Texcala. Y tampoco era como
acostarse con una mujer, como yo lo había hecho la última noche en el
banquete de los guerreros… Severamente tuve que recordarme a mí mismo
que aquél era un muchacho y de la mitad de mi edad”. Huelga decir que
esta novela exhaustivamente documentada, recurre a diversos nudos
argumentales de carácter sexual.

Para cerrar, recurriré al copy-paste de una colaboración de Julio
Aguilar para El Universal, quien entrevistó al mexicano Luis González
de Alba sobre el escabroso asunto que nos ocupa:

“Existen, y conozco de cerca varios casos, adolescentes a quienes
les atraen sexualmente los adultos. Es un hecho”, dice el escritor y
sicólogo, pero matiza: “Por el contrario, me parece criminal que un
adulto, para conseguir una relación sexual con un menor, amenace o use
de alguna forma su nivel social superior como adulto…”

Cabe mencionar que González de Alba abordó el tema de la pedofilia
en “El sol de la tarde”, donde expone incluso con mayor crudeza que
“Memoria de mis putas tristes” la atracción sexual hacia los
adolescentes.

vihdha_marco@yahoo.com.mx

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marcogarc

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