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Sebastián Castella alborota a la Monumental en la tarde que Mario Aguilar cortó su primera oreja com

Seguimos padeciendo de malas ligas en los empadres del campo bravo de nuestro país, mejor dicho, en ciertas dehesas, como es el caso de Bernaldo de Quirós, que de nueva cuenta envía a Aguascalientes toros, con buena presencia y poco juego. De no ser por la actitud, entrega y quehacer de los matadores quién sabe qué estaríamos comentando. 

 

La tarde de ayer domingo, en la segunda de Calaveras, tuvo momentos por demás destacados, de entrada la alternativa del joven de la tierra, Mario Aguilar, quien después de haber vivido una buena temporada en la península ibérica volvió a casa para doctorarse en este difícil oficio y no le falló a nadie. Con el primer toro de su vida como matador, que llevó por nombre Cafetero lanceó a la verónica con cante y con la muleta se acomodó de inicio por el lado diestro, pero con la zurda mostró buenas maneras, toreando con suavidad y en los remates se vio variado y detallista, metió la espada al primer viaje y obtuvo su primera oreja, la cual dedicó a sus padres, a quienes había brindado el burel. 

Con el que cerró plaza en la lidia ordinaria, Mario de nueva cuenta manifestó del porqué de su alternativa, ya está para esta liga, por la derecha muleteó con largueza y profundidad, hasta que se le acabó el gas al toro, para su mala fortuna la espada fue su enemiga, ocho pinchazos, un aviso y con la espada de descabello cuatro golpes para finiquitar al último de Bernaldo. 

El galo Castella de inicio daba la impresión de que seguía con la corrida del sábado, solamente cumpliendo, sí con maestría, pero con un cierto acento de sólo cumplir, toreo con la derecha, la derecha y ya; media estocada trasera y un descabello para pasaportar al burel. Pero las cosas cambiaron, para bien, con el que se corrió en cuarto sitio, con el que inició su trasteo muleteril con ayuda por lo alto de gran manufactura, rematados con un desdén pinturero, sacó las especias y el sabor torero y brilló en el ruedo de la Monumental, se gustó a sí mismo y lo transmitió y alborotó a los tendidos, pegó derechazos de antología y varió la faena estructurandola de tal manera que no dejó a dudas por qué ocupa el lugar en el que está, colocó tres cuartas partes de acero en mal sitio y recibió dos orejas como premio. 

Por su parte Joselito Adame, sigue siendo aquel chaval con ganas de ser, lo sigue demostrando y se sigue poniendo en el sitio que hay que estar para llegar lejos en esta dura carrera, con su primer astado jugó los brazos sabrosamente para lancear a la verónica y rematar con torera revolera, realizó un quite por gaoneras ciñéndose a la faja los pitones del toro, el brindis se lo particularizó al matador José Luis Bote y con la muleta tuvo que hacer todo él solo, ya que el torete estuvo quedado y solamente daba arriones, pero a pesar de la férrea voluntad poca colaboración tuvo enfrente, arrancó los muletazos que al final fueron valorados, tras la estocada, con una salida al tercio. 

Con el quinto de la tarde, Joselito, siguió mostrando empeño y voluntad, sacando pases de gran valía y de nueva cuenta demostró su empaque, recibió un achuchón tremendo cuando mejor estaba, que afortunadamente no tuvo consecuencias, un pinchazo y estocada entera para salir de nueva cuenta al tercio. 

Terminó la lidia ordinaria de los seis anunciados en el cartel, pero vinieron dos de regalo, Castella y Joselito se aventaron a obsequiar uno cada quien, aunque para estos obsequios, mejor una cafetera a mamá el diez de mayo, y a fuerza de ser sinceros un tanto cuanto inútiles, sobre todo el de Castella que era el triunfador del festejo. 

En primera instancia Sebastián lidió un ejemplar de Teófilo Gómez que poco transmitió y colaboró con la decisión que manifestaba el torero francés, buscaba por un lado y otro, se arrimaba, pero nada, pinchazo hondo y descabello en resumen, la actuación que fue agradecida con salida al tercio. 

Adame que no quería irse en blanco de su tierra regaló uno de El Junco al que lanceo bien con la capa, realizó un quite por zapopinas que fue bien recibido en las alturas, luego agarró los palitroques, que le habían sido solicitados por la afición en los de la lidia ordinaria y trató de agradar a los presentes en este de cortesía, ya con la muleta corrió la mano por ambos lados y entregado, sabiendo que podía tener más, se vio en un par de ocasiones en apuros llevándose otro achuchón, pinchó en el primer viaje con la toledana y dejó una estocada casi entera que le valió el reconocimiento de los presentes con una gran ovación. 

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