Opinión

Secuestrados/UAA

ulio Scherer García, fundador de la revista Proceso ha vuelto a escribir. Después de “La Reina del Pacífico” que otro día comentaré, ahora ha publicado “Secuestrados” bajo el sello editorial Grijalbo. Es un libro que nos pone en contacto con la tragedia, el dolor, la ignominia y desesperanza que sufren los secuestrados y sus familias, y la ambición, maldad, bajeza, sadismo e infinito desprecio del ser humano, de los secuestradores.

En 175 páginas y dos capítulos, Scherer cuenta su secuestro y el de
su hijo, el de José de Lima, Miguel Bonasso y Juan Gelman, y relata el
modus operandi de la banda del Mochaorejas, de Andrés Caletri, de los
Montante, de los Colines, de Chamapa, del Coronel, de Cesarín, entre
otros, y describe la impunidad en Tijuana.

Del secuestro de su hijo, ocurrido un sábado de julio de 1998,
relata que le pidieron 300 mil pesos para “el amanecer”, siendo que en
ese momento apenas contaba con 4 mil pesos. Luego entonces, a recurrir
a lo amigos; Paco Rojas director de PEMEX aportó 20 mil, Juan Sánchez
Navarro envió centenarios y un reloj de oro regalo de sus hijos en sus
bodas al cumplir 50 años de casado, informa que Carlos Castillo Peraza
llevó 10 mil pesos y resalta su relación personal con el político de
muchos años y en la que sobrevivió a una “discusión iracunda” pues
mientras Castillo Peraza tenía al aborto como un asesinato vil, el
autor lo califica de “legítima liberación”. Castillo lo llamó
“soberbio” y Scherer “fanático” y enseguida debatieron: “-No eres
hombre de fe, pobre de ti. Te pierdes lo mejor de la vida. –Mi fe está
aquí, no en las nubes algodonosas. –Te falta Dios. – A mí me falta,
pero a ti te estorba.  –No hables así.- Hablo como se me hinchan.”



A continuación, Scherer desvela: “A su propia torpeza y a Calderón
Hinojosa, “inescrupuloso, mezquino, desleal a principios y personas”
atribuyó Castillo Peraza una de las decisiones drásticas de su vida :
la renuncia al PAN.” “ Castillo Peraza cuidó el porvenir de Calderón
Hinojosa y Calderón Hinojosa se desentendió de Castillo Peraza cuando
éste más lo necesitaba” , estalló la amistad.

Scherer califica a Calderón; considera su  paso por la Libre de
Derecho de “anodino”, su Maestría en Harvard tampoco dejó marca, dice,
y fue estudiante “mediocre” en la carrera de economía y remata:” Hombre
de pocos libros, sus discursos y artículos carecían del tono superior
que sólo da la cultura.”

Carlos Slim, sobre las cuatro de la mañana, ayudó a completar el
dinero del rescate. Previa a su liberación, el hijo de Scherer sentía:
“veo la muerte, la muerte se ve, la he ido viendo este tiempo…”

El secuestro en México, como ya relatamos en un artículo anterior,
llegó con Andrés Caletri en 1981, y para 2000 apareció el secuestro
exprés.

Al referirse a Daniel Arizmendi, Scherer señala que “La vesanía del
Mochaorejas sacudió a la sociedad”, en su caso, el pago de los rescates
no aseguraba la integridad ni vida de las víctimas.

Scherer reproduce una declaración del Mochaorejas respecto de un
secuestrado: “ Le cortamos la oreja con una tijera de pollero de 30
centímetros. Previamente lo acostamos boca arriba, amarradas las
piernas y las manos. Un tal José del estado de Morelos, se sentó en su
pecho y lo ahogaba. Para evitarle la hemorragia por la oreja, la
izquierda, le pusimos estopa quemada.”

De la banda de los Montante consigna el dolor de una madre por su
hija secuestrada: ” Al amanecer, en un taxi, llegó mi hija a la casa.
Lloré al escucharla. Gualberto Iván Berdejo Flon, uno de sus captores,
la golpeaba con los puños y animaba a los demás para que también le
pegaran. Un día le quemó la cadera izquierda con un objeto ardiente.
Por la cicatriz que le dejó el fuego, sabría que le había plantado una
plancha al rojo vivo. El propio Berdejo Flon la obligó a desnudarse
para humillarla. Por horas y horas no la tocaba y luego se lanzaba
contra ella. Se burlaba de su víctima y la obligaba a inflar los
cachetes. Hinchados, le tronaba las mejillas.”

Cuando Caletri cayó preso, el autor relata las expresiones del
secuestrador ante los fotógrafos de prensa: “Vayan a tomarle fotos a su
pinche madre, cabrones. Órale …ráyense ahorita que pueden…pinches
periodistas. Nos vemos en el infierno, culeros”.

CAJA REGISTRADORA.- UAA. Mucha tinta se ha gastado ya en este
periódico para defender a capa y espada que la Universidad Autónoma de
Aguascalientes perciba los ingresos públicos  que la ley manda. Jamás
se imaginó el rector Urzúa la batalla, encabezada por nuestro director,
que se ha dado, y sigue dando, en estas páginas, en las cuales en un
sumo elogio de la UAA, se llegó a escribir que sin ella, La Jornada
Aguascalientes no existiría. Disiento en la afirmación, pero asiento en
la gran calidad profesional y humana de sus integrantes. Creo que ahora
el rector Urzúa confiará en el periódico del que alguna vez descreyó y
se inconformó con él.

Sin embargo el tema no es lo anterior, sino (porque alguien tiene
que decirlo) poner el punto en las íes en una vertiente del
funcionamiento de la Universidad que es un tema añejo y que, por ahora,
no ha salido a relucir en lo escrito ni en la polémica dada. Y ese
asunto se llama transparencia. Los que pagamos el subsidio público,
federal y estatal a la UAA queremos saber en qué gasta cada peso la
Alma Mater. Queremos un auditor externo cuyos dictámenes puedan ser del
conocimiento público. No queremos debates en los medios, como ocurrió
recientemente al descubrirse pillerías en la posta zootécnica; queremos
información oficial. Y si ya existiese ese auditor, pues el paso a dar
es muy corto: que se conozca el resultado de su trabajo por medios
modernos.

Cuando lo anterior se dé, la calidad moral de la UAA crecerá
inconmensurablemente, se acotará la escatimación de recursos que ahora
se están negando, y los contribuyentes estaremos satisfechos de qué
parte de nuestras aportaciones se gaste ahí, con honestidad y
eficiencia, por igual.

¿Podría pronunciarse al respecto, señor rector Urzúa? n

notaria39@yahoo.com.mx

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gustavoagranados

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