04/07/2020


Hace casi tres años pasé el invierno en el estado de Zacatecas, al igual que muchas de las personas que viven en este vecino estado, me enfermé de gripa y acudí a los servicios de salud para población abierta, la gran sorpresa que me llevé fue que además de recibir una rápida y excelente atención, sin haber pasado por los exhaustivos análisis del área de trabajo social, me proporcionaron gratuitamente el medicamento comprimido que requería al igual que el inyectable y su aplicación.

Comento lo grato y sorpresivo que resultó para mí porque años anteriores había colaborado en VIHDHA, AC -organización civil local dedicada al derecho a la salud – y conocía cercanamente un sinfín de historias donde el acceso del derecho a la salud era casi una utopía para la población abierta (población sin derechohabiencia social), como anécdota, ese mismo año sufrí un pequeño incidente aquí en Aguascalientes y requerí de la aplicación de una vacuna contra el tétano, acudí al Hospital Hidalgo al área de Urgencias y hasta que no pagué en cajas y posteriormente recogí en el almacén la jeringa, no me fue aplicada la vacuna, la cual sí fue gratuita.  Hago esta referencia porque tan sólo en uno de los derechos básicos como lo es derecho a la salud podremos escribir hojas y hojas de testimonios como ciudadanos de un mismo país recibimos un trato diferenciado por parte del gobierno, dependiendo de la entidad federativa en la que vivamos, y dependiendo del marco regulatorio y organizativo que para ello haya aprobado el Poder Legislativo de esa entidad –finalmente la Legislatura estatal es quien año tras año aprueba la Ley de Ingresos del estado y quien tiene la facultad de modificar la Ley Estatal de Salud y los Reglamentos que deriven de ésta-, y así como este derecho podremos enumerar uno a uno de los derechos consagrados en nuestra Constitución y que debieran regir para toda persona mexicana.

 

Considero que los estudios comparativos más exhaustivos en los últimos años en cuanto a la calidad de acceso a derechos los tenemos en los temas  como el derecho a la información, a la educación y a la seguridad, pero sin duda alguna sería básico contar con referentes documentados del estado que guardan el resto de las garantías individuales (con comparativos interestatales) y que captaría en muchos casos la parsimonia e indolencia de algunos integrantes de los Poderes del Estado.

Por ello será  importante estar al pendiente del desarrollo, evolución y repercusiones de las recientes modificaciones al Código Civil del Distrito Federal, no solamente porque cristalizan jurídicamente el derecho a la igualdad de toda pareja para contraer matrimonio y adoptar menores, sino porque han generado un halo de entusiasmo y con ello de legitimidad que no generaron las modificaciones al Código Civil de Coahuila con la creación de la figura del Pacto Civil de Solidaridad en 2007 o bien la creación de las Sociedades de Convivencia realizada el mismo año por la Asamblea Legistlativa del Distrito Federal. Es verdad también que el simbolismo del término “matrimonio”, ahora desacralizado, ha generado una andanada de descalificaciones por parte de iglesias, sectores y grupúsculos conservadores, así como de ignorantes al frente de medios masivos de comunicación, resulta paradójico que precisamente sean estas últimas instancias las que día a día dan cuenta de la heterogénea y compleja transformación de la sociedad mexicana y sean sus voces las que descalifiquen, se “desgarren las vestiduras” o se vuelvan parciales ante el avance y reconocimiento de derechos; que en el caso de Aguascalientes no nos extraña dada la doble moral imperante.

Habrá  que estar alertas también del camino a seguir en el reconocimiento en otras entidades diferentes al Distrito Federal de éstos matrimonios y su alcance jurídico. Por el momento, y mientras llega el debate, va una guía rápida para quienes deseemos registrar un matrimonio en el Distrito Federal:
Requisitar solicitud de matrimonio que proporciona el juzgado de manera gratuita.
Copia certificada del acta de nacimiento de los pretendientes.

Requisitar el Convenio sobre el Régimen Patrimonial (bienes mancomunados o separados) a que deberán sujetarse los bienes presentes y los que se adquieran durante el matrimonio, el cual proporciona de manera gratuita el juzgado.

Comprobante de domicilio no mayor de 3 meses en original y fotocopia.

Cuando uno o ambos pretendientes hayan sido casados con anterioridad, exhibirán copia certificada del Acta de Matrimonio con la inscripción del divorcio, o copia certificada del acta respectiva o copia certificada de la parte resolutiva de la sentencia de divorcio o nulidad de matrimonio y del auto que la declare firme. Para el caso de que alguno de los pretendientes sea viudo, deberá presentar copia certificada del Acta de Defunción correspondiente; y cuando se trate de menores de edad (16 a 18 años) deberán presentarse a otorgar su consentimiento el padre o la madre o el tutor, así mismo deberán anexar copia de su identificación oficial a la solicitud.

Los comparecientes deberán presentar identificación oficial en original y fotocopia.

La manifestación por escrito y bajo protesta de decir verdad, en caso de que alguno de los contrayentes haya concluido el proceso para la concordancia sexo-genérica establecido en la ley


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Pago de derechos de conformidad al código financiero del Distrito Federal (de $841.00 para éste 2010).

La ubicación de los juzgados en el Distrito Federal y los teléfonos de éstos los podemos encontrar en: http://www.consejeria.df.gob.mx/directorio/consultaDirectorio.html?id_tipo=7 

Me uno al júbilo y reflexión mediática que ha surgido a partir de esta reforma, y me declaro en alerta para todo aquello que habrá de venir, tan es así que he de confesar públicamente que mi pareja sentimental y un servidor planeamos en el mes de octubre del año pasado pactarnos solidariamente en Coahuila en el transcurso del presente año, sin embargo hemos decidido recientemente recurrir a la figura del matrimonio en el Distrito Federal por considerarla más conveniente -hay que recordar que será hasta marzo cuando entren en vigor las recientes reformas-.

Habrá  muchas voces en contra pero también habrá muchas compañeras y compañeros de ruta, no iremos solos; afortunadamente la sociedad mexicana no es monolítica sino por el contrario, muy diversa; y la moral no es pública sino privada, y la sociedad debemos ser más consecuente en la exigencia de nuestro derecho a la igualdad y en el respeto a nuestra diversidad. 

Wilfrido Isamí  Salazar Rule
w.salazar.rule@gmail.com


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