Letra pequeña - LJA Aguascalientes
28/02/2024

 Nada perturba el discurso aprendido de nuestro radical chic, la necesidad de dividir el mundo en buenos y malos, a esa ignorancia que otorga ignorar los matices y pensar sólo en extremos (izquierda y derecha, globalifóbicos y mega corporaciones) no la turban las tres semanas en huelga de hambre y sed del disidente Guillermo Fariñas, mucho menos el acoso del gobierno cubano a las manifestaciones de las Damas de Blanco, para ellos Cuba sigue siendo el paraíso, se niegan a reconocer las enfermedades adquiridas tras décadas de gobierno dictatorial.

Cualquier cuestionamiento sobre la vulnerabilidad de los derechos humanos en la isla obtiene como respuesta la omisión cómplice. Ahí está Ricardo Monreal, quien se sale por la tangente perorando que sus compañeros senadores sólo son capaces de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, que mejor deberían defender a los trabajadores despedidos por la extinción de Luz y Fuerza del Centro o a los presos de Atenco. Reacciones al punto de acuerdo que presentó Rubén Camarillo para que se condene la muerte de Orlando Zapata y solicitar al gobierno cubano abrir un diálogo con los disidentes, así como la liberación de los presos de conciencia encarcelados.
Peor todavía la actitud de la senadora perredista Yeidckol Polevnsky, quien calificó de desinformados a quienes critican a Cuba, rematando con “yo ya quisiera esa democracia”, a la que defendió con el miserable cuento de siempre: nadie se muere de hambre, no hay niños abusados sexualmente y no hay inseguridad o narcotráfico, “lo único que no hay en Cuba es el bipartidismo, pero hay democracia, hay elecciones, las cuales se hacen con una transparencia maravillosa porque hay una participación ejemplar”.
El punto de acuerdo fue enviado a comisiones, su destino será el olvido, quizá algún tibio pronunciamiento amparado bajo el principio de la no injerencia, es decir, un ejercicio más de nuestra democracia, que vive bajo el mismo principio de la democracia por la que la senadora Polevnsky suspira: la simulación.
Una democracia devastada por clausulas de letra pequeña que permite a la clase política fingir lo que no es, sin culpa alguna por mentir, porque de lo que se trata es fingir que sus actos se apegan al ideal democrático, a la que le basta la finta pues con el gesto se logra la justificación para cuando las consecuencias de la omisión nos alcancen.
Un ideal deshecho por esas letras pequeñitas que sirven como puertas de escape ante la responsabilidad o como oportunidades para darle la vuelta a las leyes, en todos los ámbitos, desde la diplomacia hasta el combate al narcotráfico y, por supuesto, en el tema electoral. Clausulas en las que se cobija la clase política para mentir sin vergüenza alguna, como lo hace Lorena Martínez, quien al momento que usted lea estas líneas ya habrá sido ungida como candidata del PRI a la presidencia municipal de Aguascalientes.
En la nota de Reyna Mora publicada en La Jornada Aguascalientes (marzo 18), Lorena Martínez aseguró que la elección interna de candidatos en el PRI Aguascalientes “no es un acto de simulación con el objetivo de que se les permitiera hacer campaña de manera anticipada”. No importa que la reunión de delegados priístas del sábado pasado haya sido un montaje para oficializar la candidatura, la suspirante disfraza ese acto de simulación como una muestra de apertura de su partido y, de paso, evidencia el papel de patiño de su contrincante (Alfredo Enciso) al señalar que lo incluirá en su equipo de campaña.
Hay que tener una cachaza enorme para trastocar la realidad y embellecerla así, de lo que se trata es de buscarle la vuelta a la ley, asegurar que no se viola el código electoral porque hay dos candidatos, aunque sólo sea la imagen de Lorena Martínez la que tiene plagada la ciudad con espectaculares que anuncian una nueva política, eso sí, los anuncios rezan con letra pequeña, muy pequeña: “Publicidad dirigida a los priístas”.
El próximo martes, los senadores tendrían que discutir el punto de acuerdo propuesto por Camarillo, de nuevo, no habrá que esperar mucho, se rasgarán las vestiduras, se fingirá indignación, intercambiarán improperios, por un lado acusaciones de fascistas, contrarrevolucionarios, esclavos del imperialismo, por el otro vendrá la descalificación facilona, la palabra prejuiciosa e ignorante y tan contentos, al final, como sucede siempre, intercambiarán abrazos en una muestra de civilidad que en realidad muestra la astucia de la clase política para simular; el radical chic podrá seguir suspirando por el sueño revolucionario de todos los días un huevo para todos, total, mientras en lo local se les permita seguir jugando a la democracia, ¿para qué preocuparse? 
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Edilberto Aldán
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Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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