¡Rotundo triunfo de Malpaso! el domingo en la San Marcos - LJA Aguascalientes
22/05/2024

  •  Un encierro con dos utreros de arrastre lento

Cuando en un anillo de arena hace presencia el toro bravo y noble, aquel se enciende, quema de emoción e ilumina el espectáculo taurino; honra y recalca su título de “Fiesta Brava”. El juego ancestral de vida y muerte, mítico y místico se eleva al grado de heroicidad con el que fue aportado por el hombre para complemento trascendental de la humanidad.

Ayer en el coso San Marcos, que abrió sus brazos generosos de cemento y viejos materiales de alarifes para recibir en gente algo más de la mitad de su aforo, se destiló la cuarta función, y para la acción y efecto, la empresa tuvo a bien negociar un encierro con el señor Ramiro Alatorre, titular de Malpaso, criadero zacatecano, descendiente de antiguas glorias ganaderas nacionales como fueron San Mateo y Valparaíso.

Y salió a su vera el astado no inflado con granos y sustancias químicas, si no el musculoso; no el sumiso que muchos equivocadamente tasan de artista, si no el generoso de embestidas nobles con clase y largas; el novillo bravo en verdad que emociona a entendidos y neófitos.

Este encierro formidable ha sido además el más cuajado de los que se han lidiado durante la temporada; todos recargaron en los petos al ser llamados para hacerles sangre y tres fueron aplaudidos al ser arrastrados por los equinos (primero, segundo y sexto), mientras que dos, tercero y quinto, ganaron el halago del arrastre lento.

Luego de doblar el quinto, de la contrabarrera de la prensa se promovió con palmas para que el ganadero saliera al ruedo, llevándose al hacerlo una ovación exaltada, la más sonora de la tarde, y dando la vuelta al redondel obligado por los aficionados…

El abreplaza fue un manjar de fijeza y clase, ofrecimientos que malgastó el joven moreliano Alejandro Corona. Tras una insabora brega capotera pasó a armar la sarga, con la que únicamente la tanda inicial se le aprobó de buena; después llegó una exhibición de extravío en las distancias, la colocación y el temple; tenía por eso acreditada una silvatina, sin embargo el noble público en un gesto de tolerancia, se la dispensó muy a pesar del abominable bajonazo con el que mató al excelente bovino.

En la segunda salida ratificó su mal perfil artístico. Con el debido deslinde de las complejas condiciones de la res, sin llegar éstas a entablarse con la mansedumbre, desenvolvió sin inhibiciones su desentonado desplanteamiento, y desesperado, ya en el final del supuesto trasteo, hasta desplantes absurdos realizó, ganado de muchos la reprobación.

Terminó con una estocada de prontos dividendos mortales dada su buena colocación —ejecutada más por suerte que por solvencia—; en agradecimiento intempestivo y espontáneo, por la acción anotada, el multicéfalo le recompensó con una vuelta al ruedo, después de que con una firmeza positiva en pro del resguardo de la categoría del espectáculo, la autoridad no concedió la oreja que de manera desentonada reclamó al doblar el ungulado.

El segundo del encierro acusó el leve defecto de llevar su cornamenta a media altura, pero por otra parte, la positiva, pasaba con clara franqueza. Lo que invadió de tedio el ruedo, realmente fue el chamaco de Guadalajara Cristian Verdín, quien con un corazón hecho de algodón ahogado en viejo cloroformo para anestesia, tuvo la osadía de presentarse en Aguascalientes, que tiene una exigencia y resonancia importante. Seguro este asunto lo ignoró en ese momento.


De su número solamente vale para escribir con la tinta de los recipientes de este diario, una larga postrada en el tercio y dos pares de banderillas.

Afortunadamente terminó el sacrificio del público, cuando concluyó su actuación insulsa, milagrosamente segundos antes de ser castigado con el tercer aviso, ya que con las armas hizo de todo, menos lo correcto, hasta antirreglamentariamente descabellar con el estoque, y no con el acero de cruceta, poniendo en riesgo el bienestar físico de los que estaban cerca de la escena. Obligados fueron los pitos del respetable hacia su persona.

Otra actitud muy contraria a la destapada en su primera intervención fue la que exhibió ante el quinto de la tarde; se fue al centro del anillo y recibió al formidable novillo con un par de largas cambiadas de hinojos; de pie ejecutó verónicas decorosas pero al empuñar los zarzos cometió el fatal error de perder la cara a su adversario después de prender el primer par, y como aquel fue bravo lo empaló y se lo llevó por aproximadamente 20 metros en su percha, como presumiendo el trofeo a su casta; afortunadamente solo una lesión en el tobillo y la deshechurada taleguilla sacó del momento. Se lo llevaron a la enfermería de donde ya no regresó. Para su desgracia, como primer espada, ocupó el espacio el joven Corona, quien pegó pases muchos, contados pocos los muletazos de valía. El cuadrúpedo fue de concurso, sencillamente fenomenal, soñado; su embestida con clase hubiera viajado hasta Roma, si se le hubiese mandado hasta allá; fue ejemplo del equilibrio entre la raza y la nobleza. Esta cualidad la tuvo tanto que hasta una cornada seria le perdonó también al chaval. Desgraciadamente no merecía morir como murió… de dos estocadas golleteras antecedidas de dos pinchazos…

Con un ánimo en alta potencia abrió su capa el ecuatoriano J. Antonio Bustamante, para presentarse como novillero con picadores ante el juicio de los hidrocálidos. Verónicas y chicuelinas llenaron ese espacio; y al enseñar la muleta acusó el natural verdor de su inicio torero, apuntando, sin embargo, cuadros de clase y refinado gusto. Sobresalió un ramo de naturales, extensos, de caricia y refinado gusto. Pero encima de todo eso, estuvo el novillo. Bien puede tomarse como el rumbo que debe retomar el ganado bravo azteca. Su actitud, manera de pararse engallado, con atención total al engaño, clase, bravura y nobleza además, seguro en conjunto es el deseo que todo criador honrado quiere producir en sus pastos.

Con una estocada trasera y tendida y varios descabellos, murió orgullosamente en el ruedo, en tanto que como premio a los detalles finos del ecuatoriano, le brindaron palmas en el tercio.


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