Sólo cinco de los astados cumplieron al ser requeridos por las puyas – LJA Aguascalientes
15/08/2020


 Eso fue la octava función dada ayer en el coso de la “Ciudad de los Deportes” en la que se jugó un encierro terciado quemado con la efigie ganadera de San Marcos, dehesa que desembarcó tres astados humildes de testa pero de notoria musculatura, los primeros; y tres con mejor lámina y excelentes perchas, de los cuales cinco cumplieron en mayor o menor medida al ser requeridos por las puyas y uno, el sexto, se escupió. En las telas, estrecho vértice dejaron para el lucimiento. 

Ruiz Manuel: solvente pero sin gracia. Guillermo Martínez: intrascendente. Aldo Orozco: voluntarioso, premiado con benévola oreja. 

Ruiz Manuel se apersonó; la media verónica acaso valedera, las chicuelinas andantes, la belmontina, sus mandiles y el bien improvisado farol de firma, lo mejor de su intervención capotera. Ya en la muleta el espada de Almería se manifestó tan pulcro como mecánico; con sitio, sí, pero sin la gracia del arte bien dimensionado pese a varios detalles. Arriba, las bondades del bovino de estocada caída posterior a un par de pinchazos. Salida al tercio el premio. 

Parca brega le ofreció a su segundo, un toro que ante la muleta daba medios arreones al final de los cuales remitía un testerazo maldito. El diestro en su parte resolvió con decoro aunque sin jugársela abiertamente como lo ha hecho en múltiples arenas de su madre patria. Silencio soportó luego del pinchazo hondo caído con el que se deshizo de la res. 



Correcta pero intrascendente fue la serie por verónicas de Guillermo Martínez, no así su vistoso quite por faroles tapatíos. Pero su realidad reventó en el tercio de muerte; pegando pases, insolvente, sin el estigma del oficio y muleteando con la punta jamás se clavará en peñas de importancia. El rumiante reclamó distintos procedimientos y mejor suerte dada la cierta casta y las embestidas enteras pese a llevar la testa a media altura. Del temple, ni hablar. Mató Guillermo de Media estocada después de un pinchazo. Se tapó entre el elocuente silencio. 

Verónicas de requisito resultaron las que le dio al quinto. Luego llegaron caleserinas en algo atrabancadas pero de mejor manufactura. Menos mal que con su primero se le observó al usar la muleta. Este quinto fue un toro sin clase empero sin peligro, bonachón y permitiendo estar en sus terrenos al diestro que dio otra muestra de su vida taurina, es decir, intrascendente. Mató de estocada tendida y en algo caída. División fue el saldo. 

Aldo Orozco sufrió para darle cara con la tela rosa al tercero de la función, pese a ello hubo un par de detalles. Animoso y cabal se le vio luego ante la operación trigonométrica en la que se transformó el toro que tiraba cuchilladas y se revolvía sobre las delanteras ya en el tercio de muerte. Como honrado torero hay que tasarle al jalisciense; no así en su forma de estoquear de un bajonazo. Palmas le bañaron al ir al callejón. 

Solamente amagos de un trasteo otorgó al cierra plaza, burel pasador pero sin buen estilo. Quede intacta la voluntad palpable del coletudo. Su estocada, en algo tendida, animó una leve petición de oreja que le fue concedida.

Gerardo Adame, oreja y tercia de avisos el sábado en Cali

Cali (Colombia) gente de toros, sábado 25 de diciembre 1ª de Feria. Más de media plaza.

Se corrieron utreros de Puerta de Hierro, bien presentados aunque deslucidos, salvo el priomero que fue premiado con la vuelta al ruedo.

Juan Alzate, palmas y silencio.

Gerardo Adame, oreja y silencio tras tres avisos.

Cristian Escribano, silencio y dos orejas.

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