03/07/2020


Verónica Rosales Álvarez*

En la actualidad cada vez es más común observar cómo las relaciones conyugales se ven afectadas por situaciones diversas, dando lugar al incremento en el número de divorcios y separaciones, lo que lleva a que ambas partes tomen decisiones, en algunos casos a la ligera, sin darle el verdadero valor al matrimonio, lo cual hasta cierto punto es entendible si consideramos que muchas personas no conocen o no llevan a cabo alternativas para llegar a un acuerdo que beneficie a ambas partes, como lo es la mediación familiar.

Dicha problemática ha estado más latente en Aguascalientes durante los últimos 10 años, de acuerdo con los resultados del Censo de Población y Vivienda 2010 dados a conocer el pasado 3 de marzo, en los que se muestra que tanto el divorcio como la separación se han incrementado, ya que durante el 2000 de cada 100 hombres, 40 eran solteros, 56 casados y unidos, 1 separado y divorciado, 1 viudo; mientras que en 2010, 38 estaban solteros, 56 casados y unidos, 3 separados y divorciados, 1 viudo. En el caso de las mujeres, el comportamiento es similar, en el 2000 de cada 100, 37 eran solteras, 53 casadas y unidas, 3 separadas y divorciadas, y 5 viudas; mientras que en 2010, 35 estaban solteras, 53 casadas y unidas, 5 separadas y divorciadas y 5 viudas.

Estas cifras reflejan que tanto la separación como el divorcio, se han triplicado en los últimos 10 años, siendo varios los motivos que han dado origen a dicha situación tales como la falta de comunicación, la poca disposición de alguna de las partes, el desánimo y poca tolerancia, entre otros.

Por lo anterior quiero plantearle al lector un panorama general sobre el significado del matrimonio, con la finalidad de brindar una orientación a aquellas personas que se encuentren ante una situación de separación o divorcio, para que se cuestionen sí realmente vale la pena romper el vínculo del matrimonio, y sepan que existen otras opciones que les pueden ayudar, siendo una de ellas la mediación familiar.

Para comenzar quiero retomar uno de los legados del Papa Juan Pablo II, quien dijo que para un cristiano, el matrimonio es una auténtica vocación, el inseparable contrato que un hombre y una mujer hacen para siempre, ya que es indisoluble, un signo sagrado que santifica, la acción de Jesús que invade el alma de los que se casan y les invita a seguirle.

El matrimonio, es una etapa de enriquecimiento mutuo, de aprendizaje, de amor, de comprensión, de entrega. Es el momento idóneo del ser humano, cuando alcanza su plenitud en todos sentidos, pues ya se es capaz de compartir los triunfos y enfrentar los obstáculos. Se piensa en que no es uno solo, sino que existe esa otra persona que nos fortalece, que nos vigoriza, que nos comprende, nos apoya, nos ama tal cual somos, nos acepta, pero también está ahí para hacernos ver las cosas cuando nuestro comportamiento o decisiones no son los adecuados.

La autora María del Consuelo Sánchez señala en su libro “¿Matrimonio feliz? Descúbrelo a tiempo”, que una vez dentro de este periodo de unión, ya estamos asumiendo con plena conciencia un compromiso, es un lanzarse al futuro con el otro, con todo lo que ello conlleva, es hacer las cosas para mí y para la otra parte.

Considero el matrimonio como un acuerdo en común en el que ambas partes son protagonistas, ninguno puede desentenderse del otro o tomar el papel de espectador para criticar al otro. Si uno de ellos fracasa, ambos pierden, si uno triunfa, el beneficio es para los dos. Es una labor de voluntad, dedicación y mucha comunicación, que requiere de las dos personas para poder avanzar, poner cada una la fortaleza y decisión para impedir que algún obstáculo los afecte.

En contraste con el matrimonio, se encuentra el divorcio, que es la consecuencia de la decisión acordada entre los cónyuges de disolver el vínculo matrimonial por las diferencias irreconocibles que se suscitaron en la pareja. Una vez tocado este punto, cabe aclarar que es indiscutible que existen situaciones especiales en las relaciones conyugales, como pueden ser casos de violencia, falta de respeto, engaños, o situaciones más graves, cuya única vía que no siga perjudicando la relación, es el divorcio, pero aquí lo que pretendo es compartir aspectos que puedan contribuir a evitar en lo posible este tipo de decisiones.

Para estas problemáticas que deterioran la misión real del matrimonio, existen algunas alternativas tales como la mediación familiar, hablar de ella es hablar de un aspecto de trascendencia, ya que contribuye a brindar una solución idónea para los matrimonios que se ven envueltos en adversidades, aunque claro está no existe la “varita mágica” que arregle las cosas, pero sí existe la posibilidad de que cada quien ponga de su parte para aminorar el conflicto.


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Lisa Parkinson en su libro “Mediación familiar, teoría y práctica: principios y estrategias operativas”, la define como un proceso en el que una tercera persona imparcial, ayuda a los involucrados en una ruptura familiar, y en especial a las parejas en vía de separación o divorcio, a comunicarse mejor entre ellos y a llegar a sus propias decisiones conjuntas.

Por su parte el Dr. Ignacio Bolaños Cartujo, en su publicación titulada “Hijos alineados y padres alineados: mediación familiar en ruptura”, habla de una mediación en donde el éxito del proceso no radica en acordar o en comprometerse, sino en la decisión de las partes, clara y con conocimiento de causa, de si quieren o no hacerlo.

Sin lugar a duda es de vital importancia que las personas que actualmente se encuentren en una posible situación de separación o divorcio, tomen en cuenta la mediación familiar y sepan que puede contribuir a brindarles una solución a su problemática, ya que de acuerdo a estudios realizados años atrás, algunas de las razones por las que las personas optan por considerarla son: la necesidad que tienen ambas partes de resolver cuestiones que eran incapaces de tratar por sí solos, el deseo de llegar a acuerdos juntos, en lugar de ir a distintos abogados, hacer lo mejor para sus hijos, efectuar un divorcio amigable y quedar en buenos términos entre ambas partes, la necesidad de que alguien imparcial ayude a discutir sobre temas específicos, evitar en lo posible los costos legales, el deseo de un acuerdo extrajudicial, la intervención de una persona imparcial, objetiva y experta, ayuda práctica y emocional al mismo tiempo, que alguien les diga lo que es justo, y finalmente el deseo de reconciliación entre ambas partes, que en definitiva sería lo ideal.

Ya para concluir quiero señalar que indudablemente se trata de una temática muy amplia, en la que se puede profundizar aún más, incluso cabe destacar que en nuestro estado se cuenta con personal capacitado en este ámbito, que puede dar apoyo a toda persona que así lo requiera.

De mi parte no me queda más que invitaría al lector a reflexionar sobre todo lo que aquí se abordó, en apoyo a las personas que estén enfrentando el dilema de no saber qué hacer, en apostar por el matrimonio, creer en su verdadera misión, en transmitirles una pequeña luz de esperanza de que con actitud y voluntad las diferencias se pueden solucionar, que mediten desde lo interno y se pregunten ¿Realmente no hay otra solución?

*Estudiante de la Maestría en Educación Familiar,

Universidad Panamericana, Campus Bonaterra


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