12/07/2020


Quién dijo que el conflicto en Medio Oriente nos queda demasiado lejos. Hoy México está inmerso y estancado por problemas similares y complejos como los de Egipto, Libia, Túnez y demás naciones en conflicto. Estamos frente a una incubadora de desánimo y decepción no sólo de millones de jóvenes, sino de una Nación agraviada por sus gobernantes. Jóvenes al igual que en Medio Oriente, impacientes y desesperados por la falta de oportunidades y casi nulas esperanzas de progreso.

Las ciudades completas del norte de África y el Medio Oriente fueron ya tomadas por multitudes de ellos dispuestos a sacrificarse para acabar con las injusticias, coincidentemente aunque con diferente cara, son las mismas que padecemos los mexicanos. Los excesos de aquel régimen las agravaron y aumentaron, el abuso de los que mandan realmente en este país, es el mismo.

Las causas del conflicto mediterráneo recaen en lo insoportable de un sistema tan enfermo y desgastado como el mexicano.

Egipto, la tierra de la biblioteca de Alejandría y de una cultura que ha contribuido a los avances revolucionarios en las matemáticas, en la medicina y en la ciencia, ha quedado muy atrás. Más del 40% de su gente vive con menos de 2 dólares al día.

México, la tierra que conquistó el corazón y la ambición de los invasores europeos por sus riquezas naturales, sigue siendo el país donde reinan las desigualdades sociales, estancado en su economía y lacerado por la delincuencia y crimen organizado. Más de la mitad de sus pobladores viven en extrema pobreza y millones de familias sobreviven con 15 y hasta 27 pesos al día.

La corrupción es la enfermedad maligna que acribilla la ilusión y la esperanza de sus gobernados, no sólo en Egipto y México, sino en muchos países del mundo. Qué importa perder la vida, cuando hace tiempo se le dejó de llamar así.

Con razón dicen que las pirámides mayas y las egipcias las hicieron los extraterrestres, si padecemos del mismo cáncer y nos hermanamos del mismo dolor. Allá se acusan del beneficio desmedido de parientes de los poderosos, de zánganos lujuriosos, ávidos de apoderarse de una riqueza ajena que hacen suya y dilapidan en gastos ostentosos y superfluos, mientras millones de sus compatriotas padecen hambre. Qué ironía, tan distante un país del otro y tan semejantes en sus problemas.

Pero las voces de algunos que evitan ver las cosas como son y pretenden tapar el sol con un dedo dicen que la diferencia aparente estriba en que allá esas familias se perpetuan en los cargos públicos en tanto que en México los funcionarios principales cambian mediante elecciones “democráticas”, pero vayámonos sincerando, el andamiaje central y su cimentación son similares: los dueños de los poderes fácticos son permanentes, qué curioso, también familias; ponen, mueven y quitan a los políticos, deciden o influyen en las elecciones y riñen en público el reparto de bienes de la nación, como si fuera botín, ante el pasmo complaciente del gobierno.

No por nada, Andrés Manuel López Obrador afirma que el faraón de Egipto que acaba de ser derrotado, Hosni Mubarak, “es un niño de pecho comparado con el jefe de la mafia del poder y del dinero en México, Carlos Salinas, quien entregó a sus allegados bienes de la nación y del pueblo, equivalentes a 100 mil millones de dólares, hecho que representó un saqueo”.

Si pareciera que estoy siendo injusto con el sistema político mexicano, en Egipto pelean porque la corrupción y concentración de la riqueza siempre quedan en unas manos; allá no hacen elecciones para elegir a su presidente. En México, en un año como este 2011 que no hay elecciones, se gastarán 10 mil 500 millones entre el organizador de las elecciones y los partidos políticos. Y seguirá gobernando, no el que eligió el pueblo con su voto, sino el que convenga a la mafia en el poder.

Por ello, el ejemplo de coraje y determinación para llevar adelante la lucha que encabezan los jóvenes egipcios, nos sirve de inspiración, cuentan con el respaldo moral de quienes encabezamos luchas similares. Les hacemos llegar nuestro deseo genuino de que encuentren la inspiración y paz anhelada con el ideal de construir verdaderos puentes que superen las barreras de lo diferente.

No creo que sea la violencia, ni mucho menos la toma de las armas lo que habrá de liberarnos. En Túnez, Egipto, Marruecos y Libia los celulares, el internet y hasta el famoso facebook y twitter pudieron más que las balas y tanques de los ejércitos de esos lugares.

Ojalá no sea demasiado tarde cuando veamos que las causas de esta inesperada revolución popular ya no tenga fronteras y como epidemia se extienden a otros países. En México hay 79 millones de celulares, 33 millones de usuarios de internet, la mayoría de jóvenes afectos a las redes sociales y un pueblo que siente, piensa y cada vez más, actúa. Utilicemos estas herramientas para que por la vía pacífica y de diálogo se construya Un Nuevo Rumbo Para la Nación.

Mientras no haya ciudadanos responsables, tampoco habrá buenos gobernantes.

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