DE POLITICA, UNA OPINIÓN / Finanzas de gobiernos: ¿aumento de deuda, de impuestos, o reducción de gasto? - LJA Aguascalientes
03/08/2020


 

 

La circunstancia financiera a que ha llegado ahora el gobierno de los Estados Unidos de América nos permite hacer una observación de cómo es la salud financiera en los gobiernos de las naciones y, consecuentemente, en sus economías nacionales; es importante hacer notar que la economía de una nación es diferente de las finanzas propias del gobierno de esa otra, por lo que no deben ser confundidas.

Es claro, no obstante, que a pesar de que son distintos tienen una relación estrecha de funcionalidad; tanto el gasto corriente como el de inversión de los gobiernos se convierten en una derrama financiera para la economía del país, ya que el dinero que gasta el gobierno en sueldos e insumos operativos, así como el dinero que gasta en la construcción de escuelas, hospitales, carreteras, programas sociales y empresariales, etc., caen directamente en los circuitos económicos de la sociedad.



El equilibrio financiero consiste en ejercer un gasto público concordante con la captación de recursos que el gobierno tiene a través de la estructura tributaria; significa que el gobierno tiene que ajustar su gasto público a los ingresos que recibe, de tal manera que la atención de las necesidades de la población y la resolución de sus problemas lo pueda hacer satisfactoriamente con los recursos que maneja.

No obstante, tanto las necesidades como los problemas que se van presentando en el país hacen que frecuentemente el dinero captado como impuestos sea insuficiente para su satisfacción y, de esta forma, el gasto público entre en el llamado déficit; en este caso el gobierno cubre el déficit recurriendo a la contratación de deuda, la cual por norma constitucional debe ser autorizada por el congreso respectivo.

La interrelación que se da entre gasto público y economía no sólo se aprecia en la captación de recursos tributarios que provienen, precisamente, de la actividad económica de la sociedad; también se da en la cualidad y salud del gasto público. Un buen manejo del gasto público tiene consecuencias sanas en la economía del país, así como el manejo irresponsable del gasto público termina por afectar y contaminar a la economía de la sociedad, como observamos que ha sucedido en algunos países.

Los endeudamientos tienen que ser encuadrados en la capacidad de pago del gobierno, capacidad que tiene su base en la salud de la economía de la sociedad; un manejo desequilibrado del gasto público se manifestará en un alto endeudamiento, lo que llevará al gobierno a no poder realizar con normalidad tanto su gasto público –como derrama y estimulación de la economía- como el pago de los abonos de su deuda.

Dejando de lado las crisis económicas derivadas de crisis financieras, como la del año 2008 que fue iniciada en los Estados Unidos de América y que contagió a muchos otros países, la crisis financiera gubernamental que hoy viven países como los mismos EUA, Grecia, Portugal, España, e Irlanda, por mencionar algunos, tiene que ver precisamente con el ordenamiento y equilibrio de sus gastos públicos. Aquí el principio básico es la relación que se da entre el ingreso de recursos y el gasto realizado: las finanzas de un gobierno son similares a las finanzas de una familia como las nuestras.

Si gastamos más de lo que ingresamos, tarde o temprano, llegaremos a una crisis financiera que, consecuentemente, afectará la economía de la familia o del país hasta impactar su nivel de calidad de vida.

El factor deuda se encuadra, consecuentemente, en el manejo de las finanzas. ¿Cuánta deuda podemos manejar? Tanta cuanta podamos abonar mensualmente según los planes pactados. Los gobiernos se manejan de la misma manera: cuando su deuda los lleva a pagos o abonos que comienzan a salir de control y equilibrio de sus finanzas, entonces ese gobierno comienza a tener problemas de pagos.

El déficit presupuestario de los EUA lo ha llevado paulatinamente a elevar el “techo” de su deuda; el fondo del asunto, no obstante la potencialidad y crecimiento de su economía que recientemente pasó a ser la número dos después de China, es que no han podido equilibrar su ingreso con su gasto. El gobierno ha venido gastando más de lo que ingresa por la vía tributaria y de deuda, esquema que ya ha comenzado a mostrar signos de agotamiento, no tanto por el esquema mismo sino por su repetición indefinida.

Es ampliamente conocido el centro del debate entre el presidente Barak Obama y su partido, el demócrata, con los legisladores del partido republicano con relación a la fecha del 2 de agosto próximo, en que llegarían y agotarían el techo de deuda autorizado. El nivel de gasto que llevan ya no le permitiría cubrir los abonos de deuda: de ahí la necesidad de aumentar ese “techo” de deuda para poder captar los recursos que requieren para cubrir el gasto público y el pago de deuda.

El desenlace del debate apunta a varias decisiones que el congreso de EUA y el gobierno están tomando estos días: o aumentar el techo de la deuda, o recortar el gasto público, o aumentar los impuestos, o la combinación de estos elementos.

Lo que queda claro ahora es que ningún gobierno, como ninguna familia, se libra de los desequilibrios entre los ingresos, los gastos y la deuda; lo que fue característica de países en desarrollo y emergentes durante las últimas décadas del siglo XX, hoy es también característica de países desarrollados.

Los países en vías de desarrollo, como México y otros de América Latina, son hoy economías sanas con finanzas gubernamentales igualmente sanas; es, entonces, por el bien de las economías nacionales y la calidad de vida, que los gobiernos deben tener finanzas públicas sanas y equilibradas.

 


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