LOS SIETE SABIOS O LA GENERACIÓN DE 1915 - LJA Aguascalientes
03/08/2020


 

 

Conocer la historia  de nuestro país no sólo es recordar las fechas y personajes que describen los libros de texto, que por cierto son limitados, donde resaltan a los héroes, no la historia verdadera de México que va mas a entender lo superficial y no profundizar o analizar pasajes que a veces pasan desapercibidos, solo se concretan a resaltar a los héroes que nos dieron patria, en el estudio de la historia a nivel universal y en especial la de nuestro país hay que ahondar, claro para ello se necesita mucha lectura y el análisis de esta y no solo basarse en la oficialista, sino en investigadores que profundizan en cada época con análisis de fondo, de hechos, ideas y los cambios que se van dando a través de los años que son los que determinan lo que actualmente hemos logrado y por qué no, también lo que no se ha logrado, dejando ver con el análisis objetivo una serie de desviaciones y carencias, egoísmos, simplismos, pero sobre todo quienes buscan el poder solo por el poder muy por encima de los intereses de la gran mayoría que vive marginada en la ignorancia, de ahí se gesta la traición a los pueblos que van de generación en generación heredando a los hijos lo mismo: ignorancia, falta de educación, desintegración, injusticia y decadencia social por la falta de una autentica rectoría del estado que se hace mas inmune a la justicia social y económica.

Uno de los pasajes de la historia del México moderno es el auge intelectual durante la revolución y posterior a ella que se fortalece desde la refundación de la Universidad Nacional con Justo Sierra que es donde se gestan las generaciones brillantes que dan lustre a las ideas, a la cultura, a las artes, a la academia, a la investigación, a la técnica, para ello es recordar al Ateneo de la Juventud donde surgieron intelectuales que le dieron nombre a México no solo a nivel nacional, sino que rebasaron las fronteras con sus aportaciones ideológicas como:  Alfonso Reyes, José Vasconcelos,  Antonio Caso, Julio Torri, Pedro Enríquez Ureña y otros muchos como los Siete Sabios o la generación de 1915, mencionando a los ilustres intelectuales como: Vicente Lombardo Toledano, Antonio Castro Leal, Teófilo Olea, Alfonso Caso, Manuel Gómez Morín, Alberto Vásquez del Mercado y Jesús Moreno Baca y otros que sobresalen aunque formados en generaciones anteriores o posteriores como: Narciso Bassols, Daniel Cosío Villegas, Miguel Palacios Macedo, Jaime Torres Bodet, José Gorostiza, Carlos Pellicer, Cosío Villegas es considerado como el último de los miembros de esa generación de 1915 junto con los anteriormente mencionados, vaya generación que son los que han formado el México moderno, pero sobre todo rescatando lo positivo que el país tiene sobre lo negativo que se ha gestado por años y que a la fecha se refleja.



Las grandes obras tanto de Octavio Paz como el “Laberinto de la Paz” y de Samuel Ramos el “Perfil del Hombre y la Cultura en México” entre muchos otros nos trasladan a esa época gloriosa de generaciones brillantes, de intelectuales extraordinarios egresados de la nueva o refundada Universidad Nacional quienes edificaron el México contemporáneo en la educación media y superior, las artes, la cultura, la literatura, los técnicos que edificaron una gran sociedad que lamentablemente la clase política ha detenido esos avances por muchas décadas y lustros desencadenando el México Bárbaro moderno en el que estamos inmersos. Retomando algunos pasajes del maestro Cosío Villegas quien analizo en sus obras una especie de introspección generacional, un balance de los que formaron su generación y que el mismo lograron en cincuenta años de actividad pública, considerando que “la revolución nos creo la ilusión de que los intelectuales debían y podían hacer algo por un México nuevo que comenzó a fraguarse cuando no se podía apagar completamente la mirada de quienes cayeron en la lucha armada y el hacer algo no era solamente escribir o siquiera perorar, sino que era moverse tras sus obras para beneficio colectivo”, ahí está su legado que aportaron una luz a muchos años de obscuridad, pasando de la barbarie y la ignorancia a la época de las luces intelectuales que tanto prestigio le han dado al México moderno.

Una vez cerrado el periodo militar de la revolución, muchos jóvenes intelectuales, que no habían tenido la edad o posibilidad de participar en la lucha armada, empezaron a colaborar con los gobiernos revolucionarios, el intelectual se convirtió en el consejero secreto o público del general analfabeta, del líder campesino o sindical ignorante o del caudillo en el poder, la tarea era inmensa, los poetas estudiaron economía, los juristas sociología, los novelistas derecho internacional, pedagogía  o agronomía, con excepción de los pintores (D. Rivera, D.A. Siqueiros y J.C. Orozco) a los que se protegió de la mejor manera, entregándoles los muros públicos, el resto de la inteligencia fue utilizada para fines concretos e inmediatos para crear: proyectos de leyes, planes de gobierno, tareas educativas, fundación y creación de escuelas, bancos, fortalecer la reforma agraria por medio de créditos, equipos y programas para trabajar la tierra, ahí está un ejemplo de lo que quiso hacer el General Lázaro Cárdenas con el ejido, un orgullo recordar al mejor presidente de México.

La diplomacia, el comercio exterior, la administración pública abrieron sus puertas a la inteligencia que provenía de la clase media y que se estaba formando por los profesionistas de esas generaciones, donde surgen grupos numerosos de técnicos gracias a las nuevas escuelas profesionales y los viajes de estudio al extranjero lógicamente dieron estos frutos, siendo nuestra querida y entrañable Universidad Nacional. Su participación en la gestión gubernamental ha hecho posible la continuidad de sus obras, esta clase media de profesionales e intelectuales han defendido en multitud de ocasiones y actos la herencia revolucionaria, pero nada más difícil que su situación preocupaba para no ceder sus posiciones, desde la materiales hasta las ideológicas que han hecho del compromiso un arte y forma de su vida, ya que sus obras que heredaron han sido admirables, al mismo tiempo algunos perdieron independencia y su crítica resulto diluida a fuerza de prudencia o maquiavelismo: la eficacia, y no la ambición, el deseo de servir y cumplir con una tarea colectiva y hasta cierto sentido ascético de la moral ciudadana entendida como negocio del yo, muy propio de los intelectuales ha llevado a algunos a la perdida más dolorosa: la de la obra personal  y esto es lo que ha caracterizado a los que buscan el poder por el poder, ahí está la perdición y el retroceso social en perjuicio de la gran mayoría de los mexicanos, por eso resaltamos a las generaciones brillantes que dieron vida al México moderno.

 

POR MI RAZA HABLARA EL ESPIRITU

 

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