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Roberto Galán, el triunfador de “Chicahuales”

Fabián barba replicó con una oreja
Gerardo Adame, esfuerzo sin gloria

El madrileño Roberto Galán fue quien se tituló, con el corte de dos orejas, una de cada uno de sus oponentes, como el máximo triunfador de la corrida de la feria de “Los Chicahuales”, desdoblada ayer al media el día en el lienzo charro y plaza de toros “Xonacatique” de la vecina alcaldía de Jesús María.
Ante más de media entrada en los escaños albos, alternaron también los hidrocálidos Fabián Barba, que replicó con una oreja, y Gerardo Adame quien solamente fue reconocido con la aprobación de los aficionados.
Del callejón de los sustos salió un encierro terciado de cuajo llegado de los campos saltillenses de Valle de las Gracias, cuyos ejemplares conformaron un encierro que propuso escaso juego. De los seis, cuatro recargaron en la faena de varas, uno se escupió, el tercero, y otro cumplió apuradamente, el sexto. Su desempeño en las telas y globalizando los hechos, fue malo, sin embargo hubo como destacable el primero por nobleza y clase, pero al que le falló la energía, y el quinto, un burel de buena morfología y de embestidas largas y claras que por otra parte no se le aprovecharon cabalmente.

Con una mezcla de agobios y aciertos calificó su actividad capotera Fabián barba, ya iniciada la corrida. El diestro, al desdoblar la tela púrpura, inició el trayecto de una buena disposición en ganar la faena, pero ella quedó trunca al no poder el ejemplar dimensionar su nobleza y clase por la pequeñez de su fuerza. La estocada caída que dejó el coleta fue efectiva y luego de acabada la obra acogió las palmas del respetable.
Solvente y correcto se le observó en recibiendo a su segundo, cuarto de la función, un toro de bella lámina, bien cortado y bien dotado físicamente sin reservas por la naturaleza, no obstante difícil, de medias embestidas, tras las que se retornaba en corto y ante lo que el espada manifestó y sostuvo su buen nombre, observándose hacendoso y consecuentemente quedando por encima de aquella estrecha situación y superficial juego generado por el bovino. Buscó la muerte de ese mal recordado adversario, encontrándola con un espadazo caído que no evitó se le reconociera con una oreja.
Nítida, extensa y templada resultó la serie capotera del peninsular Roberto Galán, y a lo más clásico: a modo de verónicas y mandiles para en eso sintetizar el recibo de su primero y el quite. Con la legendaria prenda que es la sarga sostuvo el bemol propuesto al inicio del tercio mortal, haciendo de jara e interpretando pases de la muerte, restañando con manoletinas su cierre después de tropezar en su intento de toreo al natural en el que no tuvo la certeza de pararse en el terreno que demandaba el de Valle de las Gracias, al que despachó con media estocada tendida tras lo cual se le ordenó la primera oreja.
Las incorrecciones mostradas con la capa marcaron los muletazos en su segunda oportunidad de lidia. El toro fue para mayor tono estético; cierto es que se le vieron buenos pases –reconocidos estos desde las gradas-, pero la parte mayor del quehacer rondó en la desacertada colocación del madrileño quien no absorbió como debió la clase y extensión de embestidas de la res. No importando ello, posterior a una estocada caída antecedida de un pinchazo, le dieron la segunda oreja que le tituló como máximo triunfador de la corrida.
Una complejidad hecha animal fue el tercero; sus intenciones malas era lo peor de aquella maraña de nudos y embestidas descompuestas y cortas. El joven hidrocálido Gerardo Adame hizo lo suficiente para sacarle algo bueno, lo que logró, que si no en base a la técnica si a la de la vehemencia torera. Como pinchara varias ocasiones antes de que se le viera la buena estocada solo se le premió con aplausos.
Formidable acomodo logró de son, temple y armonía estética por el pitón izquierdo al recibir con verónicas al cierra plaza, y sin desentonar en el valeroso quite por tafalleras, como consciente de su actual responsabilidad de jugársela ante lo que salga, se dio un arrimón apenas armada la muleta, lo que le redituó, además de salvajes volteretas y el terno deshecho, el reconocimiento franco del público, que no la oreja por sus errores al usar las armas. De cualquier modo abandonó el recinto charro-taurino envuelto entre las palmas de los asistentes.



Silveti recorre el anillo de Las Ventas
Las Ventas de Madrid, el coso más importante del mundo dio la cuarta novillada del ciclo de nocturnas, informó a este diario gente de toros. La mejor parte de la función la dio a vistas el mexicano Diego Silveti quien así se despidió de novillero ante la severa gente taurina de la capital española, dando una vuelta al ruedo tras la lidia a su primero. Según boleta, el joven continuista de la dinastía de “Los Silveti”, se impuso ante un novillo que se entableró pero al que sacó los pases mandando y aplomado, a figura erguida. Decorosa actuación pues que le llevará al doctorad lujoso en mejores condiciones. Del resto, aquí la ficha técnica:
Las Ventas. Cuarta novillada del ciclo de nocturnas. Se corrieron cuatro novillos de Guadalest y dos de La Constancia (quinto y sexto) en calidad de sobreros.
Cristián Escribano, silencio y saludos.
Diego Silveti, vuelta y silencio tras aviso.
Mario Alcalde, silencio tras aviso y saludos tras aviso.

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Sergio Martín del Campo

Sergio Martín del Campo

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