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Absurdas orejas para Frausto

  • Rosales desoreja al de regalo

Tras la suma de cuatro orejas se bajó el telón al cuarto festejo de feria. Mientras los escaños de la “Gigante de Expo-Plaza” se cubrían en su mitad, el redondel recibió la salida de un encierro salteado en tipo quemado con el distintivo de José Julián Llaguno; de presencia correcta todos, en juego se subrayaron el tercero y cuarto, éste aplaudido al presumir de salida su estampa bella y la bien armada testa, y el resto adoleció de casta y sobre todo energía para sostenerse de pie en el foro.
La empresa propuso para estoquear estas reses zacatecanas a tres aspirantes a las glorias taurinas, al ibero Manuel Fernández (silencio y palmas), y a un par de locales, Efrén Rosales (al tercio tras aviso, al tercio y dos orejas en el de obsequio) y Ricardo Frausto (oreja protestada y oreja tras bajonazo).
La armonía, temple y estética de los lances del primer espada, superados, si cabe, por una media irreprochable y de brazos caídos, fue su buena credencial de identificación. En paralelo a esas virtudes hizo la faena muletera llena de limpieza y refinado gusto, pero poco emocionó, dada la debilidad del noble tres añero. El cordobés se ha de seguir lamentando el no haber comprendido el son, clase y nobleza del cuarto bicorne. La belleza y plasticidad, solas, no son determinantes en el trayecto y éxito de un diestro. Siempre gélido, de más a mucho menos, quedándose en la órbita del oponente, ahogó a éste y en el fin de la intervención estuvo menos que regular.

La desunión resultó dominar el primer quehacer de Efrén Rosales, quien por las postrimerías del mismo ofreció lo que emocionó más a los presentes con su inamovilidad y aguante. Atrás quedaron los destanteos con capa y muleta, no observando los lineamientos técnicos de la lidia, evitando así que rompieran mejor  las cualidades del manejable novillo castaño. De cualquier modo habría obtenido la oreja, pero la posibilidad fue obscurecida por el mal empleo de las espadas. Un ramo espinoso de sosería presentó el quinto. Entendido de ello, el espigado aguascalentense no tuvo más que retratarse afanoso. Vino en modos de epílogo de la tarde su faena tasada con dos auriculares ante el primer reserva, un bovino de Real de Saltillo noble, claro y de clase diáfana en sus embestidas. Paulatinamente se fue centrando con él, y más que su sabroso estilo y la plataforma técnica que hubiese podido emplear, fue el entusiasmo y la entrega la que motivaron la algarabía de la clientela y el ordenamiento de los trofeos.

El tercero, melocotón de capa, irrumpió en la arena; Frausto abrió el capote y lo recibió variadamente, provocando respuesta en el público, ánimo que no sostuvo en la faena de muleta, al no lograr que rompiera el buen utrero usando la concentración y fondo de la lidia como es la ligazón y el mando. Exhibir pasajes de valía, plausibles y de riesgo, no es torear propiamente. Atizó una estocada delantera y tendida antes de certero descabello y acogió el trofeo dicho. El sexto, por débil y soso, casi sofocó cualquier intención de triunfo cabal. El deseo que manifestó de asegundar le obligó a extender en tiempo la faena; obstinadamente unas ocasiones, ocioso otras en la cara del inofensivo cuadrúpedo, transcurrió entre altibajos el trasteo que marcadamente adoleció de estructura, de un plan bien concreto y que acabó de un bajonazo muy claro, pese a lo cual ordenaron del balcón de la autoridad se le entregara la oreja.

Entusiasmo ardiente se vertió del joven Efrén Rosales. Dispuesto, con propósitos de generarse el triunfo, y ante la imposibilidad de hacerlo con los de su lote, obsequió un buen tres añero de Real de Saltillo al que cortó las orejas. 

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Sergio Martín del Campo

Sergio Martín del Campo

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