Jorge Izquierdo en LJA / Los políticos en las universidades - LJA Aguascalientes
18/05/2024

Ahora que en los últimos días tanto se ha difundido (claro que no en la televisión y en la radio, que nos siguen tratando con absoluto irrespeto) la visita de algunos de los candidatos presidenciales a universidades del país, en especial las visitas de Andrés Manuel López Obrador a la Universidad Iberoamericana y al Tecnológico de Monterrey, y la de Enrique Peña Nieto a la Iberoamericana, me regresaron a la memoria las visitas que en los años de 1966 y 1967 realizara Carlos Alberto Madrazo Becerra a infinidad de campus universitarios, de las cuales muchos de sus discursos durante esas visitas están contenidos en el libro Madrazo. Voz postrera de la revolución, cuyo autor es L. Darío Vasconcelos.

El sensacionalismo ha prevalecido sobre lo sucedido en esas visitas de los candidatos presidenciales, y al parecer lo que más sobresale de esos hechos son el gran recibimiento que recibió Andrés Manuel López Obrador en ambos campus universitarios y el rechazo casi generalizado que se llevó Enrique Peña Nieto en su visita a la Ibero. Muchas preguntas han surgido en mi mente a raíz de esos hechos, y a algunas de ellas, me quisiera referir a continuación. La primera pregunta que me he hecho es: cuántos de los estudiantes que han recibido con tanto aprecio las visitas del tabasqueño, hacen parte de las familias que hace seis años, permitieron que se les manipulara con el argumento de que López Obrador era “un peligro para México”, y que ahora de manera implícita aceptan que se equivocaron, y quieren resarcir por medio de sus hijos (la mayoría hace seis años no podían votar) su falta de carácter y su gran capacidad para ser manipulados por los mismos poderes fácticos a los que ahora dicen despreciar (porque están con Peña Nieto), y a los que hace seis años les hicieron caso, porque si no mal recuerdo el duopolio televisivo, Gordillo, los empresarios de los spots contra López Obrador, y los restantes miembros de ese grupo minoritario al que hace mención AMLO, cada vez que quiere referirse a quienes le robaron la elección del 2006, y quienes son los dueños del poder en México, si la famosa Mafia del Poder (los 30 hombres más poderosos del país), son los mismos que apoyaron a Calderón para que se ungiera en la Presidencia de la República, como el usurpador al que siempre se ha referido AMLO.

De igual forma me ha surgido otra pregunta: cuántos de estos jóvenes estudiantes que repudiaron la visita de Peña Nieto a la Ibero, son hijos y nietos de hombres y familias que han sido beneficiarios directos del sistema político mexicano, no sólo de los años del PRI gobierno, sino del PAN gobierno, que para AMLO son lo mismo, o qué no son el PRIAN; cuántos de ellos son beneficiarios directos o indirectos de los empleos (de sus padres) que han creado los monopolios en este país, de los monopolios dentro y fuera del gobierno, qué positivo sería que estos jóvenes en verdad hayan tomado conciencia, y de ahora en adelante se manifiesten en contra de todo lo que le hace daño a su país. Porque lo verdaderamente lamentable sería que acabando de manifestarse contra la presencia de Peña Nieto en su alma mater, hayan salido para abordar sus automóviles deportivos, y hayan acordado reunirse por la noche en el antro de moda, para platicar su “hazaña”.

Lo que yo quisiera ver es que a partir de la toma de conciencia de estos jóvenes estudiantes, ellos inicien un movimiento juvenil estudiantil, que tendrá por objetivo reproducir la información fidedigna a la que tienen acceso para combatir todo lo que ha lesionado a nuestro país, si así fuera les prometo que cada semana les daría seguimiento puntual en este espacio que me permite mi casa editorial. Qué sensacional sería que hicieran un llamado a no ver Televisa ni TV Azteca, a que exijan la disolución de los monopolios; que pidan cuentas claras en Pemex y la CFE; que se reúnan con los maestros del SNTE para que les digan lo que ha hecho Elba Esther Gordillo con su sindicato; que pidan que se investigue a los gobernadores que han dejado endeudados a sus estados de una menara extraordinaria; podrían empezar por los ex gobernadores priístas Humberto Moreira, Mario Marín, Fidel Herrera, y seguir con los de otras filiaciones partidistas.

De no ser así lo único que hicieron fue tratar de pagar las culpas de sus padres, y la verdad eso no es asunto de ellos, lo que sí es asunto de ellos es que contribuyan a generar una mayor participación ciudadana, y que realicen una cruzada generacional, para sacar al país del atolladero, de lo cual sus padres posiblemente han sido corresponsables.

Decía yo al inicio de esta colaboración que estas visitas de los candidatos presidenciales me recordaron las propias de Carlos Alberto Madrazo, quien no sólo se reunió con los estudiantes de la Ibero (27 de septiembre de 1966), sino con los estudiantes de la carrera de Derecho de la Universidad de Tamaulipas, la Universidad de Nuevo León (24 de febrero de 1967), Escuela Normal de Tamatán (Tamaulipas, 15 de junio de 1967), los estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Puebla (19 de agosto de 1967), los jóvenes del Pentatlón, y así con jóvenes estudiantes de tecnológicos, normales, universidades, hasta alcanzar el título de Maestro de la Juventud Mexicana.

En esas reuniones, Madrazo Becerra hablaba así: “Desdichado de aquel que pelea con la juventud. Se entierra para siempre, se destruye con arma certera. Porque la historia la escriben los que sobreviven, los que quedan, los que pueden levantan la pluma”. “La juventud tiene un vacío espiritual y hay que llenarlo. Una filosofía política no es ni un poema donde se admire la música de la forma, ni una novela donde el genio, aun siéndolo, sea derrotado por la vida”. Finalmente transcribo un fragmento de su discurso en la Universidad Iberoamericana (27 de septiembre de 1966): “Nada hay que enseñe más en la vida que saber oír la opinión ajena. Se puede concordar o estar en desacuerdo, pero hay que saber oír, repasar el punto de vista propio, afirmarse en él, si uno cree después de la reflexión que es lo correcto; o tomar lo constructivo de la opinión contraria y no caer en el falso concepto de que a todo trance, en todo momento y en todo asunto, sólo uno es poseedor de la verdad. Creo que en esa mezcla de ponderación, de humildad y de buen juicio, radica la madurez”.


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