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Toros en FNSM / Juli, un docto en lides prácticas de tauromaquia

Juli, torero para toreros. Pasó por la Monumental en subrayado estado catedrático taurino. | Foto: Gilberto Barrón

El paso de un diestro que ha aprobado para ser matriculado en los papiros de niveles catedráticos, fue visto y loado por miles que en horas de la tarde hicieron una entrada de más de medio aforo en la Monumental de Aguascalientes. Fue El Juli (dos orejas y oreja), diestro que en superior estado taurómaco buriló dos trasteos maestros.

Sumisión empalagosa la del primero, calibrada con el matiz anímico que antes de la corrida mantenía Fernando Ochoa (silencio tras dos avisos, palmas tras dos avisos y fuerte ovación en el de regalo), quien sin exigencias de su bobo adversario estructuró una faena sobre ambas manos, estética, que valía una oreja que se evitó izar dado el mal uso de las armas.

Todo el colorido, pinturería y variedad mostrada en el ramo capotero –recibió de “ojalás” ligados y llevó al caballo sobre tapatías al cuarto- se destiñó al desdoblar la muleta, despreciando al ejemplar dócil y de buen estilo al que jamás comprendió su son y distancia.



Regaló un séptimo, noble y de excelente estilo al que hizo un trasteo de dos partes: la de belleza y continuidad, y la de las superficialidades disimuladas por la obra musical de Juan S. Garrido, y de la que siempre se lamentará no haberle puesto el corolario de una estocada digna.

Docto como es El Juli, hizo de la brega con el capote un episodio deleitoso, aleccionador y didáctico para profesionales. El avío escarlata se transformó en sus manos y se escurrió como agua cristalina, ajena al pecado, acariciando, más que acompañando cada pasada –que no embestida- del segundo bicorne. Su obra maestra resultó cual el toreo explícito, lento, rítmico, sedoso, deletreado en versos y cuadro a cuadro.

Consumado profesor del toreo El Juli. Tres orejas arrancó a su lote de un encierro dócil y desbravado de Fernando de la Mora. | Foto: Gilberto Barrón

Distinto proyecto planteó cuando tuvo en el ruedo al segundo de su lote; insulsa alimaña descastada e indeseable que sin embargo no se resistió al valor y al poder muletero del madrileño quien, como jabato herido en busca de cartel, y no como figura que es, pisó la arena para jugarse la vida sin trampas y genuinamente para en dos tandas estrujantes, extrayéndole los pases, cortar otro auricular de real valía luego de su formidable volapié.

El queretano Payo (al tercio y oreja) se esfuerza, pero no emociona, se ve correcto, pero no remite sensaciones a los receptores, pega pases, pero no torea, pisa terrenos comprometidos, pero no se la juega; de la esfera siberiana en la que está, sacó una intervención mediocre al manejable tercer torillo.

Más regular se portó en el quehacer delante del sexto, res tarda empero que le admitió pararse sobre sus dominios. Fue entonces más consciente de su título y responsabilidad como espada, dándose enjundioso y cosechando buen partido del oponente al que despachó con espadazo contrario y un descabello.

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Sergio Martín del Campo

Sergio Martín del Campo

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