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Toros / Tercera de Feria

Eulalio López El Zotoluco, el diestro azcapotzalqueño denuncia abatimiento y lo disimula usando sus recias ventajas mal intencionadas, en alas de culpar a sus oponentes en el caso, un astifino reclamador de mando, al que no quiso apostarle mucho y así no centrarla en los engaños.

El cuarto, un torito astihumilde, manso por mejor señas, sirvió para rematar un oscuro paso del veterano coleta por la feria. El supuesto empeño no alcanzó el blanco buscado, desviándose más bien al vanalismo y al ocio.

Foto: Gilberto Barrón

El alicantino José María Manzanares entregó en finos y exóticos marfiles imaginerías de su delicada, exquisita, educada y académica tauromáquica. Manejó como sedas los engaños acariciando y sosteniendo de pie a un toro noble y débil del que sacó excelente provecho donde parecía no haberlo, y al que mató de certero descabello luego de medio espadazo delantero y tendencioso.
Elegantemente y con el convencimiento de su razón técnica sometió al quinto a aquel torito enrazado, al que aplicó la rotación del toreo. Nunca descompuesto, siempre en la norma clásica trazó en alba hoja el toreo canal, fino, dándole solución.
Arturo Macías El Cejas a compás del torito bien cebado, es decir, adormecidamente le hizo su toreo. Desenterrada la inventiva lanceó, quitó atinadamente por tafalleras, y con la muleta igualmente abrió buena gama de pases; todo en estado relajado, entonándose con la mansedumbre del animal que en un momento amagó con buscar la tela –no es figurado- en vez de hacerla pedazos. Serie de pinchos y adiós oreja.




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Sergio Martín del Campo

Sergio Martín del Campo

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