Hacernos eco / Jorge Izquierdo en LJA - LJA Aguascalientes
18/05/2024

No debemos ser indiferentes ni aceptar el silencio como consigna o la supresión del diálogo y el juego de valores, ni el culto a la mediocridad y al servilismo – Carlos Alberto Madrazo Becerrra


Pocos por no decir que nadie, de quienes hemos estado al tanto de lo que viene sucediendo en nuestro país a partir del proceso político electoral que tuvo su jornada el pasado 1 de julio, podría decir que las cosas siguen igual. Al margen de lo que se está sucediendo en el debate de los resultados de las elecciones, se aprecia la toma de conciencia de miles de mexicanos de la necesidad de la participación, que tal vez antes de esta coyuntura, no habían percibido la importancia de la misma en los temas nacionales, y que quizás habían postergado ésta, por sentir que no era necesario que se involucraron en asuntos que pensaban nos les correspondían.

Muchos de estos nuevos mexicanos que se han interesado en participar en los asuntos de la agenda nacional, son jóvenes que tienen en el mejor de los argumentos a su favor, el que no se ha generalizado su participación en aras de conseguir canonjías y prebendas y que con ello le dan un sentido virtuoso a su involucramiento en estos temas. Amén de que le han inyectado un sinnúmero de elementos y expresiones a la vida política, que hace mucho le venían haciendo falta, al muchas veces aburrido y soporífero ambiente político partidista en nuestro país.

Al ver a estos jóvenes convertir el escenario político en un espacio de creatividad y de innovación, me hacen recordar aquel viejo reclamo de la primavera de 1968 en París, cuando el reclamo de los jóvenes franceses era “la imaginación al poder”, y en verdad que ya le venía haciendo falta al espectro político partidista de este país, la expresión de las nuevas generaciones, que no se permiten heredar los esquemas de anquilosamiento y poco entusiasmo que caracterizan a quienes participan en los espacios juveniles de los partidos políticos, donde lo que encuentran las nuevas generaciones, es que los jóvenes no pueden articular sus espacios de participación a base de su impulso propio, sino al contrario los cuadros adultos les transmiten su acartonamiento, y les enseñan la “disciplina partidista” que es prima hermana de la castración, y les muestran que no es necesario educarlos políticamente, cuando es más fácil “domesticarlos” políticamente.

Algunos partidos políticos en este país, han tenido la honestidad de aceptar que los jóvenes no son atraídos a sus filas, dado que no encuentran en ello algo atractivo, y que lo único que si  hallan al acercarse a los partidos son poco respeto hacia ellos por parte de los “cuadros” dirigentes, que solo los quieren utilizar como si fueran prestadores de servicio social; que jamás observan la oportunidad de ser respetados como posibles prospectos de convertirse en cuadros del partido, ya que ni siquiera les ofertan la posibilidad de capacitarse filosófica, ideológica y políticamente, hasta alcanzar el conocimiento de alguna de las áreas del instituto político donde ellos puedan ir alcanzando la preparación que les permita en algún momento poder desplegar toda su energía, entusiasmo y experiencia adquirida en el propio partido político.

En infinidad de ocasiones he escuchado de muchos jóvenes que se han acercado a los partidos políticos, que “ya se cansaron de ir al partido, porque no hay nada que hacer”, y que en el mejor de los casos “esperarán la próxima elección, para ganarse una lana en los programas de activismo o electorales”. Con esta idea que los propios partidos políticos forjan sobre sí mismos entre los jóvenes, es que nadie parece estar interesado en militar en ellos, y cuando me atrevo a decir militar en un partido político, me refiero a algo más que tener la credencial de militante.

Los últimos años ha sido cada vez peor la situación de los espacios juveniles de los partidos políticos, ya que parecen convertirse en clubes de amigos, que solo se juntan para apoyar a alguien de sus “cuates”, sin tener la más mínima idea de lo que representa el partido político al que van a apoyar, para que su amigo alcance algún puesto. En algunos casos  los “dirigentes juveniles” ni siquiera militaban verdaderamente en esos partidos políticos, sino que fueron designados por algún amigo de su papá, o porque alguien de su familia conoce al presidente del partido en turno.

A riego de parecer como aquellos viejos que siempre piensan que sus tiempos fueron los mejores, puedo al menos decir que en los tiempos en que yo participé en las juventudes del partido en que milito, la búsqueda de las dirigencias juveniles en verdad que se peleaban con ánimo y decoro, y que era un orgullo ser parte de una dirigencia juvenil, ya fuera ésta: municipal, estatal o nacional. Espero que no me vuelva a suceder lo que algún día tuve que soportar, cuando un grupo de jóvenes que pretendían la dirigencia estatal de la organización juvenil de mi partido, al ser cuestionados por el que esto escribe, aceptaron que ninguno de ellos conocía el lema de la propia organización que aspiraban dirigir, que por cierto es muy emocional   “En defensa de la nación”.


Tal vez sea demasiado tarde para que los partidos políticos traten de volverse atractivos para los jóvenes, pero si en algo cabe el consejo, solo recuerden lo que decía Carlos Alberto Madrazo Becerra “un partido político que no es capaz de sumar a su proyecto a las nuevas generaciones, es un partido destinado al fracaso”.


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