Jorge Izquierdo en LJA / 2 de julio de 2012 - LJA Aguascalientes
18/05/2024

“El ideal no muere nunca. Un hombre que entiende la dinámica de esta época debe actuar siempre”.

Carlos Alberto Madrazo Becerra


En el momento en que esta colaboración semanal ya se encuentre en sus manos, habrán pasado algunas horas de que la autoridad electoral haya dado a conocer el nombre de quien será el próximo presidente de la República, y contrario a lo que podrían pensar quienes me conocen y saben que milito en un partido político desde hace 37 años, sólo espero que el triunfador de este proceso electoral haya sido el pueblo mexicano y su democracia, si esa que parece a nadie satisfacer porque está llena de asignaturas pendientes, y la que en ausencia de resultados de quienes la han utilizado para gobernar este país, nos ha llevado a que existan millones de mexicanos en pobreza multidimensional, esto es: un ínfimo ingreso corriente per cápita, rezago educativo promedio en el hogar, sin acceso a los servicios de salud, sin calidad, espacios y acceso a los servicios básicos en su vivienda, sin acceso a la alimentación y con un precario grado de cohesión social; o los otros millones de mexicanos que, arriesgando su vida, han decidido buscar una oportunidad en los Estados Unidos de América.

Sí, solo espero que de verdad el pueblo mexicano se encuentre tranquilo después de la jornada electoral del día de ayer y que la civilidad sea la característica que asuman tanto el candidato ganador como los competidores restantes. Que no tengamos que volver a avergonzarnos de las actitudes de nuestra clase política, que extraviada y sin haber podido comunicar algo sustancial durante los tres meses de campaña, no piensen que pueden secuestrar nuestra endeble tranquilidad. Todavía hace unos días alcancé a ver un destello pequeño pero al fin un destello de urbanidad democrática, cuando los cuatro candidatos a la Presidencia de la República firmaron el pacto de civilidad, frente a los presidentes de sus partidos políticos, y teniendo como testigos a los consejeros ciudadanos del Consejo General del IFE, y a algunos ciudadanos que también acompañaron ese evento. Cómo anhelo que esa conducta fuera algo cotidiano, y que los mexicanos pudiéramos acostumbrarnos a que nuestros políticos privilegien el interés nacional sobre sus intereses particulares, de grupo o de partido.

Con mucho optimismo quiero pensar que todas y todos los mexicanos, nos daremos una nueva oportunidad para armonizar nuestros esfuerzos en aras de sacar adelante este país, que trataremos de revisar nuestras heridas de estos últimos años, que conste que no dije sanar, porque las heridas que sufrieron madres, padres, esposas, esposos, hijas, hijos, hermanas, hermanos, familiares y amigos de los más de 65,000 muertos de la guerra de Calderón, tardarán mucho en sanar. Nunca más debemos permitir que ningún gobernante nos lleve a aventuras estúpidas con tal de legitimar con acciones de gobierno, cuando no obtuvo esa legitimidad en las urnas.

Aspiro no sin entender que tal vez no soy idealista, sino más bien ingenuo, que a estas horas quienes no hayan sido favorecidos por la voluntad popular, hayan reconocido a los que sí fueron favorecidos por ella, quiero seguir pensando que si podemos seguir madurando como sociedad, y que así como confié en los millones de mexicanos que participaron como funcionarios de casilla, observadores, representantes de partidos políticos y los millones que acudieron a votar, también puedo confiar en los candidatos a todos los cargos de elección popular que estuvieron en juego, tanto a nivel federal como a nivel estatal, y que ellos sabrán respetar precisamente el sentido del voto del pueblo.

La democracia no puede seguir siendo una aspiración lejana de los ciudadanos de este país, debemos dar pasos fuertes para que ella no se estacione solamente en lo electoral, sino que en su expresión más clara permita construir una sociedad de oportunidades, equitativa, igualitaria, y que nos ayude a situarnos en niveles satisfactorios de desarrollo y crecimiento.

Quiero terminar esta colaboración con el deseo enorme de que las y los mexicanos que ya decidimos nuestra opción para los próximos años, pudiéramos hacer eco de lo que algún día escribió Carlos Alberto Madrazo en agosto de 1968, (Partidario de la Unidad, pero no de la unidad de manada). “El mexicano no confunde la libertad – que es actitud y es mensaje – con la ignominia del no pensar; la meditación, con el silencio que nace del sometimiento; ni la conformidad que es aquiescencia, con el conformismo que es resignación.


“Yerran quienes creen que el pueblo está acobardado. Tal cosa no es exacta. A lo largo de un amplio recorrido por la patria, dialogando con la juventud estudiosa y con sus maestros, platicando con el hombre de campo, escuchando esperanzas o quejas amargas en todos los lugares, en todos los niveles, se palpa la decisión irrevocable de intervenir en la vida cívica. El deseo de abandonar la indiferencia, para actuar recia y valerosamente. Pero no en un sitio, ni en dos, sino en todas partes. Al mismo tiempo. En un esfuerzo simultáneo que resulte victorioso por lo incontenible”.

 

 


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