Esa necedad con las matemáticas / Synkrasis – LJA Aguascalientes
29/09/2020


Se piensa que el logro científico es consecuencia de un momento caprichoso en el que la diosa fortuna opta por favorecer a unos cuantos y despreciar al grueso de la humanidad, en este contexto es casi automática la evocación de Aristóteles corriendo desnudo y gritando “eureka” o de la manzana que sorprendió a un Newton que observaba plácidamente su entorno. Poca mención se hace de todo el trabajo previo que se había realizado antes del hipotético momento gracias al cual estos personajes pudieron capitalizar la circunstancia en un hito del quehacer intelectual.

Si revisamos la vida de los titanes de la ciencia, descubriremos que la mayoría fueron y son personas asociadas a la búsqueda de soluciones a la problemática de su mundo, que han sido atentos observadores de su realidad y han provisto al género humano de explicaciones que han impulsado el desarrollo tecnológico y la mejora de la calidad de vida.

Hay dos habilidades que encuentro en común entre estos genios, independientemente de la disciplina que hayan cultivado: una es la de la lectura, en un sentido amplio: la capacidad de leer de la naturaleza, de las sustancias, de los fenómenos físicos, de los teoremas matemáticos, de las conductas humanas y de las obras de los grandes pensadores para deducir o inferir los principios integradores del universo tecnológico. La otra es la de expresar de manera universal la síntesis de sus pensamientos, de manera que distintos pobladores del orbe, en distintas épocas, han sido consumidores de sus conclusiones.

Hay una discusión que no es nueva, alrededor de la bondad o la inoperancia de obligar a todos los estudiantes universitarios a ser sujetos de una formación matemática mínima. Los que promueven este proceso argumentan que hay un conjunto de competencias profesionales que demandan de esta base para un desempeño adecuado, y en el caso de aquellas profesiones que no aplican de manera directa los conocimientos promovidos por los programas de matemáticas, el desarrollo de capacidades de abstracción como consecuencia de esa formación, paga todo el esfuerzo invertido por formadores y estudiantes. Los detractores(1) de esta iniciativa que ha sobrevivido hasta el día de hoy arguyen que no hay evidencia científica de la contribución de esa formación a las aptitudes de abstracción, que en todo caso sería conveniente adaptar los programas de matemáticas a cursos con vínculos más claros con el quehacer profesional y con ello reducir la deserción escolar conectada a las matemáticas, número significativo.

En buena medida, la universalidad de los logros científicos se ha logrado gracias a las matemáticas. En efecto, la comunidad científica, en términos relativos, representa un segmento pequeño, reducido de la sociedad. Dado el porcentaje de profesionistas que se avocan al desarrollo científico y tecnológico, el argumento a favor de remover las matemáticas de los programas superiores de formación parece tener sustento. Si revisamos la cantidad de lecciones no aprendidas, ya no digamos de fenómenos complejos, sino simplemente de lo que acontece en la vida cotidiana, como en el manejo, el manejo de sustancias peligrosas y otros accidentes que se reproducen casi todos los días, de nuevo encontramos evidencia concreta de que la venerada abstracción no es diseminada en la medida en que se espera y por lo tanto no se obtiene el beneficio deseado pese a la gran inversión ejercida en esa dirección.

Por otra parte, es claro que los profesionistas más exitosos no sólo cultivan su dominio en el tema en el que se especializaron, ya sea en las aulas o en el mundo laboral, lo más frecuente es que estas personas consuman bienes culturales de diversos ámbitos, con lo que sus capacidades de análisis y de síntesis se robustecen y diversifican. No cuento con evidencia objetiva que sustente este dicho, pero hay numerosos ejemplos de ello. Al leer un cuento, al reflexionar sobre un poema, al escuchar una pieza musical, la representación que hace el individuo de un componente del universo se contrasta con otras perspectivas y se integran para construir un concepto más amplio y enriquecido. Cuando se hace la sinapsis entre cerebros, cuando las mentes dialogan, en consecuencia se construyen realidades más amplias.

Si las personas que van a desarrollar la solución a un problema concreto incorporan varios lenguajes durante la fase de análisis, evidentemente tendrán mejores condiciones para capturar la diversidad de factores que intervienen y producir una explicación útil de la situación objeto de estudio. Y al hablar de lenguajes me refiero a diversos diagramas, a enfoques tecnológicos y evidentemente a las matemáticas, a la integración sistémica de instrumentos conceptuales con los que se aborde la problemática de interés. Si en el proceso de diseño de la solución se suman más perspectivas, se construye una estructura conceptual con el apoyo de las matemáticas, la universalidad de la respuesta se cimenta y será factible, dado el momento, transferir la experiencia  a otras circunstancias semejantes.

Es indiscutible que debemos mejorar qué matemáticas enseñamos, cómo las promovemos y de qué manera podemos facultar a las nuevas generaciones para que aprovechen ese legado, lo que me parece que está en esa misma condición es el hecho de que debemos seguir enseñándolas.

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(1) http://www.nytimes.com/2012/07/29/opinion/sunday/is-algebra-necessary.html?_r=2&smid=FB-nytimes&WT.mc_id=OP-E-FB-SM-LIN-ANE-073012-NYT-NA&WT.mc_ev=click

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