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Toros / Puyazos

 

No es el primer caso, pero si el más fresco, el más perceptible, el más vivo. Drama bárbaro en este mundo supuestamente humanizado. Lejano al salvajismo.

Juan José Padilla, El Ciclón de Jerez, torero macho, valiente y audaz, espada apto para pasarse por el cuerpo miuras, victorinos, cebadas y otros leones, actuaba en el coso de Zaragoza el 7 de octubre del 2011; el cuarto toro había salido al anillo y con claridad manifestaba algunos resabios. El diestro, pundonoroso y responsable, guardando fidelidad a su estilo y costumbre torera, empuñó las banderillas y se fue a colocar para luego hacer el viaje; después de entroncarse con el bicorne y adornarle el morrillo, aquel mandó amenazante una de sus facas y abrió la parte izquierda del rostro del espada que, levantándose, se convirtió en un venero de púrpura sangre que conmocionó a todos los presentes.

Juan José Padilla vio la luz  solar en Jerez de la Frontera, España el 23 de mayo de 1973.  El 7 de agosto de 1989 por primera vez se atavía en el terno de seda y brocados; fue para debutar como becerrista en el escenario redondo de Castilleja. Muy pronto, ese mismo año que se recorría pero el 17 de septiembre en el coso de su tierra, debuta como novillero con picadores. La soleada tarde lució un terno palo de rosa y plata, enfrentando tres añeros de El Torreón junto con Martín Pareja Obregón y Antonio Borrero Chamaco.

La Monumental de Madrid le esperó para su presentación; fue el 13 de julio de 1990 y cubierto con un vestido rosa y oro dio cara a “Garitrillo”, No. 61 del criadero de Los Bayones. Aquella efeméride completaron el cartel Juan Pedro Galán y Vicente  Bejarano.

Luego de cuatro años de recorrer muchas plazas en rango novilleril, asciende al pergamino de los matadores de toros. El escenario fue el coso de Algeciras, que se engalanaba por su XXV Aniversario, en cuyo tercio Pedro Castillo le licencia ante Niño de la Taurina para que lidie y estoquee al primer burel de la función, “Saetero” de nombre, quemado con el No. 38, negro de pelaje y con 498 kilos de romana, procedente de la manada de Benítez Cubero. Para halagar el título, el jerezano corta un apéndice auricular al segundo de su lote.

La primera ocasión que pisa arenas americanas fue en Trujillo, Perú, el 30 de noviembre de 1994. El cartel de aquella corrida lo completaron el azteca Antonio Urrutia y Rafael Gastañeta; del ganado se encargó la dehesa de Campo Nuevo y de honrar el acontecimiento el propio diestro quien da en resguardo a su espuerta tres orejas, una de su primer adversario, “Pajarito”, No. 18 de 458 kilogramos.

Su debut francés lo realiza en Saint-Gilles el 6 de noviembre del mismo año. Vestido de azul y oro se apersona para despachar ejemplares de O. Fernay, alternando con Pareja Obregón y San Guillén. Y vendría la ratificación en el coso de mayores responsabilidades del orbe planetario, el Monumental de Madrid, finca terrible izada en el barrio de las Ventas de la capital ibérica. Ahí, en su escenario pesado el 10 de octubre de 1995 despachó a “Fantástico”, toro No. 30 de 515 kilogramos en el dorso y con la genética del Marqués de Albaserrada, una vez licenciado por Frascuelo ante la persona de Juan Carlos Vera Orea.

La confirmación mexicana se dio el 4 de noviembre ya del 2001; entonces Manolo Mejía ante el testimonio del Zapata, le cedió a “Ciclón”, No 113 de 502 kilos, procedente de los pastos de Rancho Seco. Para halagar la presentación y la ceremonia protocolaria le cortó un apéndice al segundo de su lote.

Su cuerpo ha pagado el precio alto que para su veneración reclama el dios Taurus. Dos cornadas muy severas le estigmatizaron, la señalada en líneas arriba y la que un toro de Miura le dio en el cuello en Pamplona al entrar a matar el 14 de julio del 2001.

Sin embargo en la primera subrayada tuvo el drama de perder un ojo.

Tras semejante, bárbara y grosera tragedia, nadie concebía siquiera que volviera a los redondeles, pero fragmentando algún perfil de la lógica, Padilla, ahora el que parece y pudiese ser personaje de vieja literatura, afirmó radical que retornaría a la profesión grave en la que se había trazado la vida. Y volvió con un parche en el ojo dañado, y cortó las orejas limpiamente y como a un héroe le izaron sobre sus hombros varios de sus compañeros de profesión. Héroe fue, héroe es.

A partir de ese no lejano entonces ha continuado su trayecto en los anillos de fuego, de vida y muerte, de color y luz, de sol y de sombras. Y se convirtió en personaje universal, paradigma de fe, de esperanza, de permanencia y de enjundia para cualquier hombre. Pasó la raya de lo estrictamente taurino y bien se le puede tomar como un ejemplo de entereza, de temple, de actitud positiva ante los embates adversos y secos de la vida. Ahí está Padilla, alegre, entusiasta, agradecido con el toro y el toreo.

Y a muy bien tuvieron los miembros de la peña Seda y Oro de Aguascalientes traerlo a esta capital de las aguas termales a dar una conferencia formidable el jueves 16 de este mes que embiste, en la que dio una lección de vida, una muestra de entrega y amor a lo que se quiere y, cómo no, se llevó, ante un entradón hasta las cornisas en el salón escogido para el evento, ovaciones interminables…

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Sergio Martín del Campo

Sergio Martín del Campo

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