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{Entrevista} John Gibler, autor de Morir en México

 

Un acompañamiento a periodistas mexicanos en zonas de riesgo, un enfoque a las voces de sobrevivientes y víctimas de la violencia

  • Una de las responsabilidades más importantes del periodismo de investigación es contar una historia para que regrese la humanidad

 

 



Morir en México (Sur+, 2012) libro del periodista norteamericano John Gibler editado a finales del año pasado, en él realiza un acompañamiento a varios periodistas mexicanos que trabajan en las zonas más peligrosas de nuestro país, reporteando, investigando, analizando, contando la historias más desgarradoras que ha dejado como herencia la violencia que consume a nuestro país en los últimos años y que parece no tener final:

John Gibler (JG): Yo estaba en 2006 cubriendo temas de movimientos sociales, como La Otra campaña del EZLN, la represión en Atenco, la movilización de los maestros en Oaxaca, el tema electoral, que era un tema de debate siempre presente y siempre conflictivo, pero por otro lado teníamos a un presidente sumergido en una crisis de legitimidad y lo primero que hace es declarar una supuesta “guerra” en contra del narcotráfico y sale en uniforme militar, entonces yo estaba reporteando todos los conflictos sociales, pero un año después vi, con mucha tristeza, cómo el debate cambiaba de temas de justicia social, de política social, o sea debates serios, políticos, hacia un despliegue del ejército en las calles y la aparición de las imágenes de la violencia, además una violencia teatral, porque los asesinos dejan los rasgos de su violencia en una forma sensacionalista: enlonados, encobijados, etc., y es entonces que nace el libro, porque yo estuve aquí viviendo, reporteando sobre otras cosas cuando desborda esa violencia con su correspondiente impunidad y yo me sentía como que tenía que enfrentar esa realidad como reportero, que es lo que yo hago, pero cómo puedo contribuir, que sea original y útil a la sociedad, porque ya hay extraordinarios reporteros mexicanos que crecieron y nacieron aquí y manejan muchísima más información que la que yo tengo y porque no quiero ser un periodista “paracaidista”, “saqueador”, entonces pensé que yo, con una mirada desde afuera, [podía] hacer perfiles de esos reporteros mexicanos y sobre sus vidas, sus experiencias cotidianas como una entrada a la dinámica de violencia, quería ver la historia desde otro ángulo y decidí acompañar a periodistas mexicanos en zonas de mucho riesgo y así también difundir análisis sobre la situación desde el terreno, análisis que obviamente les pertenecen a ellos y dar un enfoque a las voces de sobrevivientes y de víctimas de la violencia. En esa época aún no había pasado la muerte del hijo de Sicilia y todavía estaba muy fuerte ese mito de que si aparecías muerto era porque en algo malo andabas y el libro saca su título de un cartón de Antonio Helguera que se publicó en La Jornada y que se llama así, Morir en México, que para mí es un análisis devastador de ese mito. Nos cuenta John Gibler, quien ha trabajado para varios medios de comunicación de su país.

Javier Moro Hernández (JMH): En Morir en México mencionas varios defensores de derechos humanos, a varios luchadores sociales que fueron asesinados en los últimos seis años y que justamente en esa lógica de “que todos los muertos eran culpables” impuesta desde el gobierno de Calderón, sus asesinatos se mantienen en la impunidad.

JG: Hay un riesgo de pensar de que toda la violencia que ha sufrido México en los últimos seis años se reduce o se puede reducir a un combate entre grupos criminales, o entre grupos criminales y el gobierno, y no, es muchísimo más complejo. También, esos combates, que sí existen, que sí se dan, dentro de un contexto de impunidad que es verdaderamente impresionante, ha generado un montón de otros actos violentos que no tienen que ver con tráfico de cocaína ni con siembra de marihuana, pero que se esconden y que buscan apagar cualquier rechazo social o respuesta social de asombro ante esos actos violentos enterrándolos entre dos cuerpos más, o sea simplemente descalificar con la lógica terrible de que “si terminas ahí tirado con una balazo en la frente es porque ‘en algo andabas’”. Pero cómo es posible que le echemos la culpa al muerto. Hay un dato que para mí es suficiente para cuestionar todo lo que sale del gobierno, cuando te enteras que el 95 por ciento, según datos del Senado de la República, de los asesinatos relacionados con el crimen organizado, que por este hecho recaen dentro de la responsabilidad federal, no se han investigado. Repito, el 95 por ciento de los homicidios ni siquiera se han investigado. Entonces es una impunidad de altísima calidad, imagínate tú vas a la universidad y exentas el 95 por ciento de las materias, es que sacaste una nota casi perfecta, o sea que el gobierno tiene una nota casi perfecta en impunidad.

JMH: Al principio del libro mencionas los casos sucedidos en Monterrey, de Humberto Márquez Compeán, cuya foto aparece en el periódico Milenio  rodeado por elementos de la Marina y que al día siguiente aparece muerto, asesinado a sólo tres kilómetros del cuartel de la Marina. Hay una acción represora de las fuerzas federales, hay una altísima impunidad, cierto, pero también la acción de la autoridad en muchas ocasiones, no está ajustada a derecho.

JG: Hay muchísimos casos, por ejemplo, el caso de Jetrho Ramsés , en Morelos, pero son muy pocos los casos que por accidente salen a la luz pública, y digo por accidente entre comillas, o coincidencias, por ejemplo de que haya sido el mismo reportero, Paco Cantú, quien tomara la foto de Humberto Compeán preso, esposado, custodiado por elementos de la marina y que a las 12 horas atendiera el llamado de un muerto en otra parte de la ciudad que resultó ser él mismo, “enlonado”, estilo ejecución, no solamente tiene la responsabilidad el Estado, pero te queda la fuerte sospecha de que no sólo lo asesinaron, sino que además hicieron todo ese teatro de asesinato sensacional para inculpar al muerto y así el muerto pasa a engrosar las cifras, es un muerto más, que desde la óptica, desde el discurso del gobierno, es el responsable de su propia muerte, por paradójico que esto suene.

JMH: Por otro lado, quería preguntarte cómo fue el proceso de trabajo de escribir el libro, que se lee a una velocidad impresionante y que además resume una cantidad de información tremenda, porque son varios años de trabajo resumido en unas cuantas páginas.

JG: El trabajo fue muy intenso, fue escrito a una velocidad muy intensa porque ésa era la intención originalmente, el hacer un texto en que se mezclara análisis, reflexión e historias que atrapen al lector, porque como dijo alguna vez el músico Caetano Veloso, “queremos llegar al cerebro a través de los pies” o sea escribir ritmos que hiciera bailar a la gente pero con letras de análisis social y política muy fuerte, entonces lo que yo quería era hacer era escribir un texto que atrapara al lector, que jugara con técnicas narrativas para generar tensión, pero justamente para llevar a ese lector o lectora a una reflexión seria, ojalá, es la intención, y por otro lado historias que conmueven pero no con una afán sensacionalista, no, sino para tocar el corazón, que yo sé que suena cursi y todo, pero por ahí va, tocar el corazón, conmover para justamente romper ese anonimato.

JMH: ¿Alguno de estos textos fue publicado en otro lado?

JG: No, fue un trabajo explícitamente para el libro, aunque en una ocasión me pidieron un texto sobre lo que estaba pasando para una revista muy chiquita de izquierda en Nueva York y les dije que sí, que estaba escribiendo un libro pero que podía afinar un texto y se los mandé, era un texto de seis o siete cuartillas, muy corto, donde mezclé un poquito de la parte de análisis con la historia de Alma Trinidad, y sí dije que era un trabajo que formaba parte de la historia del libro.

JMH: ¿Cuánto tiempo te llevó escribir Morir en México?

JG: Cuando empieza todo este asunto de la violencia en 2007, abrí un archivo y diario iba recortando los periódicos y sacaba notas de Internet, diario compraba periódicos, entonces de lectura y estar creando un archivo fueron varios años, desde el 2007 al 2010. Pero al final también ya estaba leyendo más libros de historia, de política, para dar un contexto, sobre todo de la responsabilidad del gobierno estadounidense, y empecé a reportear de junio a septiembre de 2010 y después me encerré dos meses y escribí el primer borrador en dos meses, aunque claro que después lo trabajé varias veces. Pero fue un proceso bastante rápido de escritura y no hice otra cosa, me dediqué al 100 por ciento a este proyecto.

JMH: ¿Qué papel juega el periodismo de la investigación en una guerra como la que estamos viviendo, en donde tenemos unas cifras enormes de muertos de los cuales muchas veces nadie sabe absolutamente nada? ¿Qué pendientes crees que quedan?

JG: Por mi parte, yo diría que falta un trabajo profundo y excelente sobre el lavado de dinero en los Estados Unidos, es un trabajo pendiente, pues no podemos olvidar que las organizaciones criminales son, por un lado, empresas multinacionales con un poder económico muy fuerte, también por su naturaleza mantienen empleados dentro del Estado, o sea tienen policías, jueces, militares, abogados, políticos y no solamente en México, también en Estados Unidos, y con todo ese poder tanto político y económico que tienen, se enfoca en esconder todos los rastros de su quehacer económico, por lo que es sumamente difícil, no imposible, pero sí muy difícil a través del periodismo de investigación encontrar los rasgos y profundizar en un tema como el lavado de dinero. También, si hablamos de peligro, ése es un tema, un trabajo muy peligroso, entonces yo creo en muchos de los años recientes, del 2008 a la fecha, no había condiciones de seguridad para que un periodista mexicano realizara un trabajo así, con seguridad, porque si vemos las listas de periodistas asesinados en México en los últimos años, la gran mayoría trabajaba en medios regionales o locales, la gran mayoría, y muchos habían publicado trabajos de investigación sobre corrupción, sobre gobierno, sobre la participación de elementos del estado en el negocio, y ésos son los periodistas que han terminado asesinados. No hay que olvidar que en 2010 México se convirtió en el país más peligroso para ejercer el periodismo, así que sí, quedan muchos pendientes en el periodismo, pero el Estado tiene que garantizar la plena seguridad para ejercer el trabajo periodístico. Aquí en el libro retrato a los periodistas del semanario Río Doce de Sinaloa, que no pararon, que siguen haciendo periodismo de investigación, enfocándolo siempre en la responsabilidad del Estado, pero en ese contexto una de las responsabilidades más importantes del periodismo de investigación es, precisamente, investigar quién era, qué hacía y contar una historia que regrese la humanidad.

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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

1 Comment

  1. MARIANI
    22/03/2015 at 18:24 — Responder

    donde puedo cpnseguir este libro me URGE

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