03/06/2020


  • Que el poema sea orgánico y los versos tengan capacidad de transformarse /

Sobre el jardín de la Fonoteca Nacional súbita una nube de sonidos electrónicos, beats que se repiten y que parecen dialogar con las plantas, los árboles que nos rodean, palabras que se desplazan a través del espacio, con el aire, que envuelven al caminante, que lo hipnotizan, que lo llevan de la mano a través del viento, palabras que se vuelven aire, polvo, polen, es la voz de Rocío Cerón, es el proyecto interdisciplinario Diorama que se presentó a mediados del 2012 entre los meses de septiembre y octubre del año pasado.

La poesía de Cerón era acompañada por las composiciones hechas ex profeso por la compositora mexicana Alejandra Hernández y el DJ Bishop. Platicamos con ella sobre el libro Diorama (UANL-Tabasco 189 Ediciones, 2012) y sobre el proyecto interdisciplinario del mismo nombre.

Rocío Cerón (RC): Todo empezó desde que inicié con la escritura del libro sabía que iba a estar atravesada por muchas voces, entonces me pregunté cómo hacer que esas voces que estaban múltiples en el libro pudieran “espacializarse”. Pensé, en primer lugar, en una serie de lecturas a seis voces, pero después pensé que lo interesante que las voces chocaran y crearan un espacio arquitectónico sonoro y devolverle a la voz esa potencia que tiene en el espacio. Entonces las primeras versiones del libro se las mandé a Alejandra y a Bishop y así nació, al mismo tiempo que yo estaba terminando el libro ellos estaban produciendo sus piezas sonoras que surgen de la poesía.

Pensé que Diorama fuera como esas construcciones de espacios o de escenarios, que en realidad vamos transformando, van simulando y de pronto esas simulaciones pueden ser medio irónicas, terribles, y de alguna forma lo que hace el libro es oír, es un libro esponja,  un libro oído, en el que todas esas voces que iba oyendo, todos esos ruidos entreverados como el que haces cuando picas cebolla, por ejemplo, o el ruido de los muertos, de la violencia, todo está trasvasando de alguna manera, está afincándose en esos escenarios, pero al mismo tiempo son camuflajes, son desechables, me interesaba mucho poner atención en estas poblaciones, en estas lenguas que ocupan un espacio de marginalidad, como los guaraníes, la amazonia.

Javier Moro Hernández (JMH): Hay una búsqueda sonora desde el libro, la necesidad de todo este ruido, todas estas voces que  nos envuelven, están presentes pero filtrados por la poesía, por la voz poética, ¿cómo fue el trabajo de filtro?

RC: Como una respiración, porque hay todo un trabajo formal, ya formado, de discurso, de pensamiento que ya está entreverado en el proceso escritural en el que me encuentro, yo ya nada más iba oyendo e hilando y eso se nota mucho en poemas como “112” o en poemas en donde hablo del guaraní, y también hay una serie de versos que van apareciendo una y otra vez, pero que van mutando, y me interesaba mucho eso, la posibilidad de lo que habla Brian Gaysin, del poema permutable que va cambiando; todo el mundo habla que el poema debe ser exacto, “la exactitud del verso” y yo decía: sí, exacto pero también orgánico, donde los versos puedan permutarse dentro del mismo poema y tener capacidad de transformarse, hablando de lo mismo, de los camuflajes, de las simulaciones, que era algo que me interesaba muchísimo, pero también estaba la pregunta de para qué sirven estos camuflajes: para sobrevivir. Y de eso también trata el libro, de la sobrevivencia.

JMH: Diorama tiene una relación muy fuerte con la naturaleza, con lo orgánico…

RC: Es un libro que habla de cosas que todos sabemos, que habla del dolor, pero no del dolor martirizado, no del dolor situado geográficamente en México, la violencia no sólo ocurre aquí, ocurre en muchos otros países del continente y eso es escuchar. Yo me dediqué a escuchar el ruido de la calle, a la gente en el metro, las noticias y toda esa escucha está en el libro, encontré que había una suerte de disrupción entre lo cotidiano, lo real y la ficción, pero que se entrecruzaban como en una zona nebulosa, desde donde existía el punto detonante de la obra; me di cuenta que todo lo que estamos haciendo hoy en día, estar todo el tiempo en las redes sociales, en el Twitter, de estar híper informados, en realidad es como estar anulando el oído y lo que quería Diorama es oír.

JMH: Al escritor, en general, se le pide tener una “voz”, el poeta es el cantor, pero nunca el escucha, y en este proceso de Diorama te convertiste en un filtro, en una escucha.


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RC: Siempre el poeta es un filtro, creo, pero aquí yo me dediqué a oír, oír, por ejemplo la idea de la sangre suspendida, que es uno de los temas que más me interesa, la suspensión, ese momento que existe antes de que va a llegar la tormenta, o como el tsunami, cuando se empieza a retraer el mar, que es como un momento suspendido antes de la tragedia, un poema que está dedicado a eso, un poema que habla de lo que yo creo que viene, de que la gente todo el tiempo sabe pero no quiere verlo, no quiere oírlo.

JMH: El tirano lo compartimos todos en América Latina, dijiste hace un momento, y me parece muy importante que puedas hablar de ello, que lo menciones, porque a veces creo que pensamos que lo que pasa en nuestro país es único, diferente y ver que no es así a través de los ojos de la poesía es un diálogo interesante que es necesario entablar con América Latina

RC: Sí, porque cuando digo que “hay una serie de bolsas negras que se deslizan por el Río Bravo” yo veo que de alguna manera todo este problema de la violencia es algo que se escurre, que va fluyendo desde Estados Unidos,  y lo que no vemos a veces desde México es que todo tiene un efecto y que cosas que suceden en México suceden también en América Latina y que todos somos partes de un cuerpo que está relacionado, creo mucho en esa idea, y por eso en el fondo también está una doble moral, de la cual hablo un poco en el poema “Cortical/Subcortical” en el que hablo del almizcle, que estaba prohibido y casi satanizado porque tenía un olor fétido que sin embargo era muy sensual,  se vuelve una cosa artificial como lo es galaxolide que se usa en el detergente para que huela bonito, a mí me alucinó esa idea, o también la idea del “cuerpo vibrátil” que es una idea de Suely Rolnik, que es una crítica de arte brasileña, habla de algo que de pronto estás parado y te da un terror, pero que no pasa por un proceso de referentes, es instantáneo, la respuesta a lo que escuchas, a lo que hueles, sin pasar por ningún estado referencial previo.

JMH: Regresando un poco a lo orgánico, los olores, los sonidos están muy presentes en tu libro, y pensando un poco en esta sociedad en la que vivimos en la que hemos dejado de escuchar, de oler, en la que al final de cuentas se están atrofiando y pienso en ese poema en el que están picando cebolla en el que es casi como una receta de cocina.

RC: También es eso,  el libro tiene una mirada casi microscópica y luego se amplía, y “Cumbres” el poema del que hablas tiene que ver con Monterrey, porque Cumbres Tercer Sector es un barrio residencial, en los márgenes de la ciudad, en donde de pronto me cuentan que en una calle cerrada, aparentemente segura, se agarran a tiros unos narcos, es un poema que habla de esa violencia, no tengo que la poesía tenga que dar esa nota de alarma, hay muchas formas de trabajar la violencia, la miseria, lo residual, desde el poema, la cifra dejémosle en el periodismo, porque la poesía es otra cosa.

JMH: Tienes un constante ir y venir con el cuerpo, está esta visión sobre lo microscópico de lo que hablamos, pero el cuerpo siempre está muy presente.

RC: El cuerpo es con lo que te contactas al mundo exterior. La pleura es el tejido pulmonar, súper delgado que cubre los pulmones, que sin embargo te mantiene vivo, es una cosa delicada que te protege, como si te pusiera yo una sabanita y te dejara así en la calle, es como una sensación de fragilidad y al mismo tiempo de sobrevivencia que está martillando todo el tiempo. Otra parte del poema habla justo de la fiesta patronal, de los cohetes y todos son testigos de lo que está pasando en la otra casa, en algún punto, en las afueras, en los cuerpos sentados sobre cuerpos, pero nadie dice nada. O lo escuchas pero lo ensordeces, que es algo que a mí me parece terrible, porque no deja que el poema tenga otras vías.  Diorama son voces que están todo el tiempo vibrando, esperando al escucha.

JMH: ¿Diorama va a quedarse en la Fonoteca o se va a mover a algún otro lugar?

RC: Se presentó en la Fonoteca hasta el 31 de octubre y estoy buscando un nuevo jardín para presentarla y lo que estoy buscando es ver si es posible llevar la pieza y el jardín a otros lugares, porque es maravilloso tener un jardín como el de la Fonoteca y que te acoja un lugar así, pero estoy trabajando con un amigo arquitecto, para ver si es posible hacer como jardines móviles para trasladar y presentar el proyecto. Sería como una obra-proceso, en el que se monta con la ayuda del público, hay todo un proyecto que estamos trabajando para el 2013.


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