"Nativos y migrantes digitales" - LJA Aguascalientes
09/12/2022

Claudia Herrera Beltrán
Periódico La Jornada

A Judith Villarreal le daba pánico usar la computadora. Ni su hijo Guillermo Pérez Bolde, vicepresidente de la Asociación Mexicana de Internet, lograba quitarle ese sentimiento. Después de intentarlo por décadas, esta profesora jubilada se animó a tomar clases, y a sus 72 años juega Angry Birds con sus nietos, chatea desde Facebook y se entiende mejor con los más jóvenes de la familia.

Como ella, casi 2 millones de mexicanos con cinco o más décadas de vida han logrado migrar a la web, el Facebook o el Twitter, aunque siguen siendo catalogados como una élite entre los 52 millones de internautas cuantificados en el país por el World Internet Project-México y el Tec de Monterrey en su estudio más reciente.

Para estos adultos, muchos de clase media, el mérito es mayor frente a los 30 millones de mexicanos nativos digitales, llamados así porque nacieron hace 25 años o menos, cuando la computadora ya era de uso común.



 

En México, cuya población tiene cada vez mayor esperanza de vida (75.7 años), pocos han pensado en brindar herramientas a personas mayores que podrían –y no pocas veces están obligadas– a hacer sus pagos en la banca electrónica, comunicarse mejor o simplemente integrarse a una sociedad más tecnologizada. Faltan políticas de alfabetización digital para este nicho, que es el más desatendido, explica Pérez Bolde.

Y no les falta interés. Una encuesta de la empresa Psyma Latina mostró que los mexicanos mayores de 60 años están más animados a aprender que sus pares de naciones desarrolladas, como Alemania. Somos familias muégano y nos importa mucho mantener el contacto, explica Javier Cervantes, autor del estudio, para ilustrar una razón que mueve a las personas mayores a aprender nuevas tecnologías.

De hecho, el análisis destaca que 81 por ciento de los mayores de 61 años ve internet como una forma de aprendizaje, 75 por ciento para hacer amistades, 69 para actividades de ocio, 56 como una forma de ayuda –por ejemplo para hacer compras– y un 25 por ciento como opción para buscar pareja.

A unos click de Estados Unidos

Acercarse a los suyos fue el motivo principal que llevó a Victoria Palacios, conocida en Twitter como @VickyPalacios, a inscribirse a los cursos para papás que imparten estudiantes del Tec de Monterrey. Teníamos computadora en la casa, pero sólo los hijos y el marido la usaban.

–¿Y por qué sentía miedo? –se le pregunta. “Cuando ayudaba a mi esposo a hacer los escritos él me decía: ‘no vayas a mover nada más que lo que diga el papel’. Luego mis hijos hablaban y no entendía qué era software, hardware, un programa o un archivo”.


Ahora, quienes fueron sus maestros –unos jóvenes de menos de 25 años– la invitan a dar conferencias para demostrar que es posible brincar la brecha generacional. Pero lo que más alegra a la señora Palacios es poder hacer videoconferencias con su familia hasta Houston, Texas, de donde salió hace 43 años para casarse.

Está orgullosa porque ya tiene su propia laptop y no necesita viajar a Estados Unidos para participar en las celebraciones familiares. Un día de las madres se van a comer, alguien lleva una computadora y los saludo por Skype.

Como aprendió a digitalizar imágenes, hizo un video sobre la historia de su padre. Lo trabajé en Movie Maker y dos días antes de su fallecimiento lo terminé, con música y todo. Se presentó en la funeraria y todos me felicitaron.

No me gusta el Facebook

La casa de María de los Ángeles Ramos, en la colonia Satélite, se convierte cada semana en escuela. Una veintena de amigas acuden para aprender lo mismo tejido que clases de Internet o de desarrollo humano.

Cuando Mary –como la llaman sus alumnas– se jubiló de un banco, hace más de 30 años, descubrió la computación gracias a dos hermanos menores. Primero tuvo una HP y hoy no suelta su Mac y su Ipad.

A sus 82 años, le sorprende lo que puede hacer con la tecnología. Cuando asesoraba al director del banco añoraba poder tener los perfiles de los gerentes en una computadora de mi despacho, y no ir al departamento de personal a pedirlos. Me inventé un panel de acrílico (que ocupaba una pared) donde metía fotografías y datos para tenerlos a la mano.

Para facilitar esa tarea buscó un buen fotógrafo y lo envió a todas las sucursales de los bancos para que retratara a los gerentes. Hoy eso es un recuerdo, porque ni en sus operaciones personales va a los bancos, casi todo lo hace por Internet.

Usa la web con mucha soltura: juega Angry Birds, compra libros y tiene un repertorio de Frank Sinatra y de sus cantantes predilectos en iTunes; también hace albumes con sus fotos. Pero no está convencida de usar las redes sociales.

No he entrado y no las conozco. Puro chisme. Dos de mis sobrinas se pelearon a muerte por lo que dijo una de la otra en Facebook. Si me quieren encontrar que me busquen por correo electrónico, teléfono o en mi casa.

Aprendí por mi nieto

Hace tres décadas, doña Judith Villarreal le compró su primera computadora a Guillermo Pérez Bolde. Era una Aquarius, de Mattel, una rareza en esos tiempos, y por eso tuvo que adquirirla en Tepito. Desde entonces vio cómo su hijo se aficionó hasta convertirse en una autoridad en el tema, pero ella no lograba superar su temor. Hasta al microondas le tenía miedo, comenta.

Un día su nieto cambió todo. “Me dijo: ‘a ver abuelita, préndele; vamos a ver la película en la computadora’. Lo vi y pregunté: ‘de dónde le prendo’. Él la encendió y empezó taca-taca-taca con las teclas y se metió a Discovey Kids. En una de esas me pide: ‘súbele al volumen’, y como no pude me apené y decidí aprender.

“En esos momentos se me vino toda la tecnología encima y me sentí retrógrada y pensé: ‘de qué sirvió todo lo que te has preparado si no te adaptas a lo nuevo”.

Fue así como se animó a estudiar en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, campus sur, donde un grupo de jóvenes enseña a adultos mayores las claves de la computación y de las redes sociales.

“Empezamos con palitos y bolitas, y eso me dio mucho gusto, porque había gente que estaba igual que yo. Me enseñaron toda la paquetería de Office, como Excel y Power point; también a editar y escanear”.

Después de un año de asistir, incluso en muletas, porque en esos días la operaron de la rodilla, ya chatea en Facebook con una sobrina que vive en Londres; envía mensajes desde el WhatsApp en el iPhone que le heredó su hijo, y se divierte en el iPad con los juegos interactivos.

Aunque el perfil de la señora Villarreal corresponde al de una minoría en México, que puede seguir preparándose, cuenta con recursos económicos y el apoyo de su familia para hacerlo. Porque como señala el propio Pérez Bolde: falta elaborar un estudio de los hábitos de Internet de los mayores de 60 años para diseñar y aplicar políticas públicas entre el gobierno, la academia y el sector privado para que sean efectivas.

Podrían dar clases de computación en las delegaciones o en los municipios, comenta Villarreal; cree que los de su generación sólo necesitan cierto apoyo para superar esta barrera. La gente piensa que cuando eres mayor eres de teflón, todo se te rebota. No es cierto. La intención y el deseo mueven montañas. No importa la edad que tengas, explica mientras dice que su siguiente escala será tener un iPad.


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