Synkrasis / Inteligencia Ambiental en Servicios de Salud - LJA Aguascalientes
14/06/2024

Producto del proyecto de mi tesis doctoral, he estado leyendo sobre diversos temas tecnológicos y servicios de salud, todos ellos encaminados a pensar en el aprovechamiento que pueda brindar la tecnología para ampliar y mejorar la calidad de los citados servicios. En algún momento he imaginado un servicio hospitalario donde con el apoyo de identificación por radio-frecuencia (RFID, por sus siglas en inglés) sea posible dar seguimiento tanto a la trayectoria de servicio que recorra un paciente en las instalaciones médicas, como el seguimiento a los proveedores de los servicios, en cuanto a los momentos en que estuvieron dotando a los pacientes de su atención. Este esquema aunado a un sistema que administre un expediente electrónico del paciente que permita a los especialistas que deban intervenir en un procedimiento mayor consultar los antecedentes, imágenes radiológicas o de otro tipo, resultados de laboratorio, todo en línea y a través de cómputo móvil, esta integración me hacía pensar en un futuro factible y no muy distante.

Me acabo de enterar que mi imaginación ya tiene nombre, que es un tópico de desarrollo de investigación, y que se llama Inteligencia Ambiental (Ambiental Intelligence, AmI). Como podrán intuir, el concepto abarca más campos de aplicación que los servicios de salud, por lo que me remitiré en este artículo en lo referente al área que conozco más, los servicios de salud.

En primera instancia, AmI es “un nuevo paradigma de la tecnología de información, en el cual se faculta a las personas por medio de un ambiente digital que capta la presencia y el contexto del usuario, y es sensible, adaptable y resolutivo a las necesidades, hábitos, gestos y emociones de las personas”(1). Y en cuanto a su vínculo con los servicios de salud, AmI constituye el medio por el cual se construye una mejor interactividad y se vincula de mejor manera la información con las necesidades individuales. AmI es un proceso, más que una tecnología, que incorpora áreas complementarias: provisión de información de salud, recabar información clínica y administrativa, provisión de terapia y diagnóstico. En concreto, las novedosas tecnologías emergentes suministrarán medios personalizados e inteligentes de asistencia, que promuevan la recuperación de la salud, una independencia sostenible y calidad de vida”(2).

Me gusta la definición, ya que más que expresar el uso indiscriminado de recursos tecnológicos, habla de una actividad intelectual con un objetivo claro: alcanzar y mantener la salud, así como la calidad de vida, con el apoyo sí de tecnología, pero una tecnología adaptada a las necesidades y posibilidades del usuario. No es una perogrullada, tenemos muchos ejemplos a la mano de iniciativas costosas que han acabado en rotundos fracasos, simplemente por no tener claro el objetivo que persigue la adopción tecnológica.

Este proceso es multidisciplinario, requiere de profesionales de la salud, expertos de la informática, ingenieros industriales, entre otros, por lo que también es transdisciplinar. Estos proyectos demandan de la capacidad de los involucrados para dialogar, para adoptar perspectivas diversas, desde ámbitos que no son propios de su dominio técnico, competencia para construir escenarios y explorar resultados posibles, antes de sugerir cualquier inversión.

Es bueno saber que en nuestro país tenemos a expertos en el tema, como el Dr. Jesús Favela, del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, miembro del SIN, quien colabora ya con la Secretaría de Salud en estos temas y se tiene por lo menos identificada ya la necesidad de trabajar en esta dirección.

Con la potencia de cómputo que porta una porción significativa de la población en su teléfono celular, es una oportunidad y un reto el desarrollar las aplicaciones que puedan capturar signos vitales del portador del teléfono, y que por ley exista una transmisión de esos signos, incluida la ubicación geográfica de la persona, cuando  esos signos coincidan con un síndrome que ponga en riesgo de manera permanente la salud de esa persona o incluso su vida, al proveedor más próximo de servicios médicos y que se intervenga de manera oportuna.

No estamos lejos de esos escenarios, el talento de nuestros jóvenes bien puede contribuir a ir configurando las soluciones, desde lo general a lo particular, y considero que resulta evidente que se requiere de la concurrencia de voluntades y esfuerzos para ir haciendo que estas soluciones pasen de la imaginación a la realidad.

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(1) Riva, Giuseppe. “Ambient intelligence in health care”. CyberPsychology & Behavior 6.3 (2003): 295-300.

(2) Ibid.


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