Toros / Puyazos - LJA Aguascalientes
18/05/2024

 

Tenemos en primer cuadro una campaña grande 2012-2013 que muy pronta está a dar su exhalación postrera. Durante su trayecto se observó y enjuició de todo, más bajas que altas.

El glorioso coso, gigantesco y añoso, el de mayores dimensiones físicas del orbe conocido, escenario de tal serie metida a la cuartilla, es ahora uno de los de menor seriedad y categoría de cuantos existan por lo menos en el mapa de la República Mexicana aún taurina. Durante 20 años ha estado su timón severo en manos de Rafael Herrerías, personaje siniestro que según hechos ya sellados con la efigie del juicio de gente acreditada para hablar de la fiesta, ha hecho de él una finca de escasa credibilidad, más que todo por el entreguismo y postración hacia las figuras extranjeras, un galo incluido.

De cualquier modo unas de las fechas más esperadas por lo que queda de público son las del aniversario, que esta vez cayeron, indicación hecha por el calendario que rige el planeta, el 3 y 5 de febrero, suerte como consecuencia de que la primera función que inaugurara el edificio fue justo el 5 de febrero de 1946, cuando teniendo una clientela que completó la cantidad extravagante de 50 mil almas, partieron plaza el de la verónica desmayada, Luis Castro Sandoval, El Soldado, el monstruo del toreo y cuarto Califa de Córdoba, Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, Manolete y el personalísimo diestro que estaba en vías de ser importante en aquel año, Luis Procuna Montes, el de San Juan de Letrán y quien mejor ha interpretado, entre los mexicanos, el toreo por alto. Esta aluzada tercia despachó a estoque  un sexteto de toros pastados en los zacatecanos agostaderos de San Mateo.

El 3 de febrero del año que corre se vio un encierro de San José, propiedad de Arturo Jiménez Mangas, decente de trapío, muy bien cortado y fino de hechuras. Lo enfrentaron el Ciclón de Jerez, Juan José Padilla, a quien se le apreció entrega, valentía y honor. Este Pirata del toreo mantiene el gusto y el orgullo por desenvolverse ante las reses de lidia, pese a su muy notada carencia física, dejando paradigma de lo que es la superación y el deseo de solventar el ser ante las adversidades, amén de su enorme capacidad escénica y su presencia novelesca, matizada por elementos que le acaban por hacer como a un personaje con todos los elementos para ser literario. Con variedad y muy completo en los tres tercios de la lidia, logró tocar pelo.

Igualmente se apreció a un joven y gran torero, Fermín Rivera, espigado espada que está entregado a la profesión en la dehesa ojuelense de la Alianza, en la soledad del campo y toreando las vacas que quiere. Diestro serio, cortado a lo clásico, que busca siempre el fondo y la savia en sus quehaceres llenos de temple y buen gusto, jamás el aplauso fácil y menos el quehacer de bisutería. Teniendo el lote menos propicio, dos toros unidos a la corteza, tuvo a bien, acaso sí valedero esta vez, obsequiar un séptimo burel, res bien armada, veleta y con algo de opciones, para desarrollarse lentamente, poco a poco, paulatinamente vamos, hasta lograr dar vida a pases templados, sobrios y elegantes y como justo premio, al finalizar un apéndice auricular. De igual forma ahí quedaron sus tres estoconazos soberbios, deletreados y eficaces. En él hay un esteta que bien podría ser figura si es que no se convierte en víctima de la sólida tauromafia que aqueja a la fiesta mexicana.

Pero por otra parte, también se vio a un Arturo Macías El Cejas desconcertado, fuera de sitio, a la deriva entre la intemperie, sin oficio, incapaz de aprovechar dos toros con cualidades. Nunca logró cuajar tandas cabales por su vicio de quedarse en el terreno de los adversarios y atrasar el engaño, lo que da como indeseable consecuencia, no articular el toreo y sí desunirlo, ganándose con justicia el repudio de la mayoría. Esto ha sido claramente un  fracaso para el joven de Aguascalientes quien en lo que resta de la temporada mexicana tiene una cuesta demasiado a plomo.

Mientras tanto en la Monumental de Jalisco encabezaron el paseíllo Rodolfo Rodríguez El Pana, Morante de la Puebla y Alejandro Talavante que sustituyó a Julián López El Juli. El Pana es un diestro también novelesco, mágico y desconcertante. Tiene “la gracia” de protagonizar los pasajes más ridículos –como aquel clavado que hubo de cuajar hacia el callejón al ser desarmado-, pero también los más profundos. Ahí quedaron varios medios pases dignos del mejor filme y ése su trincherazo arcano con el que le bastó para generar la locura en los tendidos.

Vino luego, nuevamente en la Monumental México, la corrida nocturna del martes 5 y como mal corresponde al cartel que se presentó, llegó nuevamente la res sin trapío, por esa ocasión sobre la cortesía de Barralva, con su encaste mexicano, y San Isidro, divisa que por sus insignificantes reses de compacta mansedumbre ya está entre las preferidas de las abusivas y desvergonzadas figuras. El resultado de la función, ante media entrada, fue de nulos trofeos, gracias en parte a las armas chatas que sacaron los actores.


 


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